MHUEL y el delito de blasfemia

Cagarse en dios y en la virgen es práctica habitual en este país.  Para comprobarlo, basta con ir a un bar mientras juegan a cartas nuestros pensionistas. No es tan habitual verlo escrito, pero el vehículo de transmisión del juramento, de viva voz o por escrito, no debería modificar la gravedad del mismo. No entendemos que se lleve al juzgado un juramento de un tipo y no de otro.

El problema de fondo es la admisión a trámite de este tipo de denuncias, y el problema más de fondo todavía es la existencia del delito de blasfemia, eufemísticamente denominado de «ofensa al sentimiento religioso». A este respecto, la Corte Europea de los Derechos Humanos establece que «la libertad de expresión es uno de los fundamentos de la sociedad democrática. Es aplicable no solo para las ideas e informaciones que son recibidas favorablemente como inofensivas, sino aquellas que pueden ofender, o disturbar al Estado o a cualquier sector de la población». Curiosamente, los demandantes nunca se sienten ofendidos cuando la Iglesia Católica Apostólica y Romana (ICAR) oculta a sus pederastas,  llama asesinas a las mujeres que abortan o llama enfermos a los homosexuales.

Desde MHUEL todo nuestro apoyo a Willy Toledo. Lo que ha escrito puede resultar ofensivo para algunas personas, y seguro que es pecado, pero no debería ser delito en un Estado aconfesional como el nuestro. Ese tipo de delito debe desaparecer del Código Penal.

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