MHUEL denuncia la identificación de los miembros del grupo Adeban por cantar una coplilla antimonárquica

1) MHUEL ha tenido conocimiento de los hechos acaecidos este domingo 14 de julio en la tradicional jornada de carácter reivindicativa, lúdica y festiva por la apertura de la vía férrea de Canfranc dirección a Francia.

2) Los organizadores del acto contrataron al grupo musical aragonés ADEBAN para amenizar la jornada con sus canciones compuestas en su mayoría en los años 70 del siglo pasado.

3) Adeban a petición popular entonó una coplilla con “sorna y retranca aragonesa antimonárquica” que han interpretado en multitud de ocasiones en diferentes espacios públicos debidamente autorizados.

4) Al cierre del concierto, la guardia civil les pidió ser identificados para proceder a un posible expediente administrativo por presunto “ataque a la democracia o a la monarquía”.

5) MHUEL expresa su malestar y preocupación por este episodio de exceso de celo e incluso de abuso de autoridad, conculcando los derechos fundamentales constitucionales actuales de libertad de expresión recogidos en la actual carta magna.

6) MHUEL quiere recordar de manera ácida pero veraz que el pueblo de Madrid a mediados de los años 20 del siglo pasado, componían coplillas de este carácter ante el muy nefasto reinado de SM Alfonso XIII debido a sus amoríos extraconyugales, cuchipandas, escapadas, francachelas y resopones de su excelsa majestad sin que la autoridad gubernativa reprimiese dichas expresiones populares ante la evidencia de los hechos.

7) Esta asociación apoya sin fisuras al grupo ADEBAN (los Jesuses) y su derecho a la libre expresión y creemos inauditas las diligencias de la Guardia Civil ante tamaña actuación.

8) MHUEL a través de las redes sociales ya ha retuiteado el vídeo que ha ocasionado el expediente administrativo y por lo tanto nos ponemos a total disposición de la guardia civil, fiscalía o juzgado de instrucción para que nos impute, acuse o multe por el apoyo expreso al grupo ADEBAN.

9) Por último MHUEL expresa que en el siglo XXI, este tipo de actuaciones no hace más que socavar los mínimos de una democracia al uso, salvo que la nuestra ya esté absolutamente enferma y acabada.

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