Mezquitas

La Iglesia inventó la culpa y el modo para no tenerla nunca. Se inventó a sí misma y va por el mundo dando lecciones éticas y morales de todo tipo, cuando es una mentira, un cuento

Alzan los brazos al cielo las fan -léase fanáticas- de Jesucristo, el melenudo en gallumbos. Al parecer en casa se aburren y una mezquita les basta para armar la de dios es cristo. No hay derecho, dicen, con mi dinero no.

De los musulmanes no les gustan ni los andares, pero lo que menos les gustan son sus creencias; creen que no son verdaderas como sí lo son las suyas, las de toda la vida. Además, argumentan, estos moros son los que hacen esas cosas tan horribles con sus mujeres, que ya sabéis que cuanto más oscuro es de piel el ser humano, más propenso es a hacer el mal.

Son eternas las cruzadas, parece que no terminen nunca. Un velo es una excusa de igual modo que lo es un burka; es miedo a lo desconocido, otra variante más de la locura. Y parece no tener cura.

Mientras ellos, apostólicos y romanos, se apoderan de iglesias, ermitas y todo tipo de edificios históricos -los únicos que tienen valor hoy en día-, se echan a la calle ante la posibilidad de que alguna institución ceda un local que sirva como mezquita a los que practican la religión que Mahoma les regaló. Tanto que nos indignamos con la negación de derechos a las mujeres en el mundo musulmán, ¿y les vamos a prohibir que lleven a cabo ceremonias religiosas? ¡Dios mío!

Ya me parecía a mí que tanta obcecación con quitarles el burka solo se podía deber a que el objetivo final sea ponerlas en cueros vendiendo ropa o anunciando coches.

El mundo que llamamos occidental se rige hoy, a diferencia de en tiempos nada lejanos, en base al nuevo dios, el dinero, pero es la Iglesia quien se encarga de la gerencia del asunto, ya sea envenenándonos el alma o prohibiéndonos nuestros propios pensamientos. El patético estado de ánimo que mayoritariamente presenta la población se fundamenta en nada más y nada menos que la basura con la que nos han llenado el cerebro entre curas, Copes y Opus Deis. Si todos y todas llevamos un fascista dentro, es por que ellos nos lo metieron. Somos xenófobos por que ellos así lo han querido, somos homófobos por lo mismo y, sin duda, si somos tan idiotas, en ellos ha de radicar la culpa de esto también.

La Iglesia inventó la culpa y el modo para no tenerla nunca. Se inventó a sí misma y va por el mundo dando lecciones éticas y morales de todo tipo, cuando es una mentira, un cuento.

No me parece que creer en seres invisibles capaces de nacer de la nada sea algo que se le pueda tomar muy en serio a nadie pero, desde luego, si los católicos pueden celebrar sus eucaristías y sus cosicas en las iglesias, ya está la Diputación de Gipuzkoa construyendo mezquitas en todos los pueblos, que en su derecho están.

Además, hace unos años, en Chaouen, Marruecos, los lugareños no pusieron ninguna pega a crear un gaztetxe, de nombre Gaztetxe, en pleno centro de la ciudad. Seguro que nos iría mejor si nos hubieran conquistado los moros en vez de estos malditos cristianos.

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