¿Merece la pena este secuestro de la calle?

Ya estamos. Desde hoy, el centro de Jerez se convierte en una suerte de plató cinematográfico con sus montadores y operarios de grúa, sus estructuras y andamios, hierros por aquí, tablas por allá, zonas acordonadas, áreas de carga y descarga fuera de control y sin señalizar, camiones… Y las confluencias de calle Larga y Alameda Cristina, nuestro particular “kilómetro cero”.

El “potaje” que supone el poco optimizado planteamiento del centro de nuestra ciudad con respecto al tráfico o a la accesibilidad, recibe estos días su ingrediente estrella, el montaje de los palcos de nuestra particular “semana grande”; porque ¿hay algo más grande que una semana de once días?. Un potaje que en Jerez se cocina a la vieja usanza, a fuego lento. Tan lento que le llevará casi el mes y medio que resta hasta el Domingo de Ramos para que esté listo. Así que, querido vecino, querida vecina, armémonos de paciencia, ¡qué son 41 días comparados con la eternidad! Y si tienen la suerte de no verse obligados a sortear parte del atrezo o retener su vehículo más de lo normal en sus quehaceres diarios, no bajen la guardia y vayan con mil ojos, puede que a la vuelta de la esquina se encuentren con el ensayo de alguna cofradía ocupando la totalidad de la calzada y sin señalizar. ¿Chalecos reflectantes?, ¿ordenación del tráfico? No, de eso no hemos dicho nada.

¿De verdad merece la pena este secuestro de la calle, esta privatización del espacio público? Esperemos que este año podamos acceder al convenio firmado entre el Ayuntamiento y la Unión de Hermandades para, al menos, conocer cómo se regula, sobre quién recae la responsabilidad, cuánto nos cuesta a la ciudad y, si es el caso, cuán grande es el beneficio para que verdaderamente merezca la pena. Veremos.

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