Mercosur religioso

El presidente de la República, ex obispo católico Fernando Lugo, en su carácter de presidente pro témpore del Mercosur, planteó algo insólito para los tiempos que corren: La apertura del “Mercosur religioso”. Se trata de algo insólito, porque dos asociados plenos son Repúblicas declaradamente laicas: Uruguay y Paraguay.

Lugo eligió lanzar la idea sobre la base de la Teología de la Liberación, invitando al lanzamiento a Leonardo Boff y a Fray Betto, dos exponentes de esa corriente que, para los creyentes católicos, está condenada, aún cuando eso sea irrelevante para un estado laico.

Hay razones para ver en esta idea la intención de lanzar el socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez, bajo el disfraz de la Teología de la Liberación. El mismo Chávez, en un discurso delirante, se había manifestado, no hace mucho, como el nuevo hijo de Dios.

La República del Paraguay es constitucionalmente laica y no admite orientación religiosa alguna, por lo que Fernando Lugo desconoció el mandato constitucional que incluso, bien interpretado, no admite la sanción de ninguna ley que afecte a los credos religiosos. La redacción del Art. 24 no deja margen para la duda. Por otro lado, no se puede admitir el desconocimiento del presidente pro témpore del Mercosur acerca del laicismo uruguayo, que ha llegado al extremo de no reconocer ni la Navidad ni la Semana Santa. La idea de Lugo nació muerta si es que se refiere a una cuestión religiosa, pero es sumamente peligrosa si lleva el germen de la imposición de un socialismo disfrazado en la Teología de la Liberación.

La iniciativa presidencial, pues, no se trata desde luego de un debate religioso que implique una discusión sobre la existencia de Dios, o la forma de hacerlo; no se trata de imponer una confesión religiosa o convertir al Mercosur en un espacio teocrático. Es mucho peor, es pretender introducir una ideología con un envase religioso, con un disfraz religioso.

En efecto, la discusión tampoco tiene que ver con la discusión acerca de la Teología de la Liberación en cuanto tal, o si es aceptable dentro del catolicismo o no, porque la confesión no está en discusión, está simplemente separada del Estado, de manera completa y definitiva. Para discutir los valores de la Teología de la Liberación hace falta ser católico y el Estado paraguayo no lo es.

Algunos analistas creen que la idea del “Mercosur religioso” no es sino un episodio más de la táctica oficialista de desviar la atención de los graves problemas que enfrenta y enfrentará el Paraguay a corto plazo. Se trata de una fórmula ya aplicada varias veces, que ya no sorprende a nadie.

De todos modos, el “Mercosur religioso” es una idea sin futuro, puesto que dentro del espacio de la integración existen corrientes muy mayoritarias que no aceptarán ni estados confesionales ni leyes de cultos. Se trata de una pérdida de tiempo lamentable en momentos en que la economía y los niveles de vida en crisis requieren una atención extremadamente concentrada.

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