Meapilismo institucional: «El caso del Ayuntamiento de Zaragoza, con Belloch, da miedo»

El escritor y profesor de Filosofía Víctor Moreno Bayona desgrana sus opiniones sobre la Iglesia como empresa, el laicismo, la actitud de los distintos gobiernos en España y la deplorable conciencia democrática de la sociedad. Como ejemplo de fanatismo religioso pone al alcalde de Zaragoza, el socialista Juan Alberto Belloch, que este jueves volverá a lucir su bastón en la procesión de San Valero. Este es un extracto de sus declaraciones.

«El laicismo no se ha estrenado todavía en España. Es un concepto virgen. La defensa del laicismo no da votos. En la mentalidad social, el laicismo se confunde con ateísmo, con anticlericalismo, y con una especie de ‘comecuras’ al estilo decimonónico. No se ha hecho pedagogía política de lo que supone el laicismo.

Lo que sucede con la enseñanza de la religión en la escuela pública es, ni más ni menos, la dejación del poder político ante las exigencias de la Iglesia. Si los padres quieren que sus hijos sigan embotándose la racionalidad con la religión, allá ellos y sus conceptos de respeto y libertad. Pero, si lo hacen, háganlo en el templo, en la iglesia, no en las instituciones públicas.

La gente se deja llevar por la inercia de lo que llaman tradición y por el aforismo universal de que ‘siempre se ha hecho así’. Muchos padres no ven el alcance nocivo que tiene encharcar la conciencia de un niño con nociones y dogmas que no hay por dónde cogerlos, y, en especial, la noción de pecado.

Parece hasta mentira que individuos con cerebros perfectamente amueblados se arrodillen a continuación ante un crucifijo y juren esto y lo otro. Esto pertenece a una España negra, oscurantista, encharcada en un nacionalcatolicismo propio, no ya de los obispos de la santa Cruzada del 36, sino de tiempos de Recaredo y su santa madre. ¡Es pura superstición! Lo mismo daría jurar ante una calabaza.

En mi opinión, toda España participa al mismo nivel de este “meapilismo” institucional. Lo peor está cuando hay ciudades que pretenden ser más nacionalcatólicas que otras. El caso de Zaragoza durante las fiestas del Pilar da miedo en este sentido.

Belloch es un caso aparte. Su defensa de la presencia del crucifijo en el salón de plenos del Ayuntamiento pertenece a la más alta representación de la comedia bufa. Defender a capa y espada el nombramiento de una calle de Zaragoza, dedicada al fundador del Opus Dei, diría que es un insulto a su inteligencia, pero hace tiempo que la perdió. Esta gente o añora el tiempo de las cavernas o ha perdido el norte de la elegancia política, es decir, del respeto al pluralismo de la gente a la que supuestamente representa.

Lo de la Iglesia y el dinero es un cuento macabro. No es de extrañar. La religión tal como la concibe la jerarquía es puro capitalismo. Si las empresas de la electricidad explotan la luz obteniendo millones de ganancias, la iglesia lo hace con el miedo y la irracionalidad de la gente. La iglesia en materia económica se comporta como una puta, como la gran puta de Babilonia, que decía el escritor Fernando Vallejo.

Con los socialistas, el nacionalcatolicismo siguió tan fresco como una lechuga de Groenlandia
Más que de resaca, diría que seguimos con la misma borrachera. El estado nacionalcatólico se cebó con saña en negar todo avance laico debido a la II República.

En este campo, no hemos avanzando un ápice. Ni siquiera se consiguió dar un paso al frente con los gobiernos socialistas. Estos siguieron cagándose por los pantalones ante el poder omnímodo de la Iglesia.

El cambio de mentalidad social suele venir a veces, y muy lentamente desde luego, por un cambio de legislación. Pero mucho me temo que, estando de por medio la religión, intrínsecamente totalitaria, la Iglesia se conforme con dejar al resto del mundo en paz. Es capaz de inventarse una nueva cruzada. La religión es beligerante y fanática per se. Quiere que todo el mundo asista a su templo, que es lo que en griego significa fanum, y de aquí fanático.

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