«Me han discriminado, es imposible medir el nivel de cristianismo de alguien»

El profesor que ha sido despedido por «no sentir la llamada de Cristo» pide a la UGR que se posicione y denuncia que se «están cometiendo irregularidades»

Josué González no está dando clases este año en la Escuela Universitaria La Inmaculada, centro adscrito a la Universidad de Granada (UGR), porque su nivel de «compromiso cristiano no es suficiente» y en el centro quieren «gente capaz de evangelizar y llevar la llamada de Cristo». Tras dos años en el centro universitario en el que impartía clases en la diplomatura de Magisterio de Educación Física ha sido despedido de una manera «discriminatoria», según denuncia. Ha interpuesto una demanda contra la Archidiócesis de Granada, de quien depende el centro, por despido nulo y espera a que el día seis de noviembre el Juzgado de lo Social se pronuncie. Espera molesto porque a pesar de reconocerle en el centro su valía profesional le despidan por «no sentir la llamada de Cristo». En el centro desde que pasó a manos de la Archidiócesis se están «cometiendo muchas irregularidades». Aclara que no hace esto contra la Escuela ni la iglesia. «No es tampoco una cruzada contra la iglesia sino contra un movimiento más radical y sobre todo contra una forma de actuar injusta, que duele».

Este periódico se pudo ayer en contacto con la Escuela La Inmaculada y un miembro del equipo de dirección dijo que no iban a hacer declaraciones y que el asunto se vería en el juzgado. Por su parte, la Archidiócesis tampoco hizo declaraciones. El comité de empresa sí emitió un comunicado en apoyo del profesor despedido. Josué González está recibiendo el apoyo de sus compañeros, aunque dijo que «algunos tienen miedo».

-¿Cómo le comunicaron que estaba despedido?

-Con una carta certificada. Me enteré a la vuelta de un viaje porque mis padres tampoco me había querido decir nada. Al día siguiente como había tardado unos días en comunicarme me llamaron por teléfono por si quería una aclaración o hablar con alguien del centro. Todo esto ocurrió en vacaciones -julio-, cuando la gente se había ido, sin comunicarle nada al comité de empresa y sin que yo pudiera reclamar. Bastante premeditado todo. Como es lógico me sorprendo mucho porque mi trayectoria en estos dos años en el centro entiendo que había sido buena y ellos también me lo reconocen. Se me había nombrado jefe de departamento, que tampoco me dejaron ser.

-¿Que en el siglo XXI le digan que le despiden por no sentir la llamada de Cristo, cómo lo asimila?

-Es muy chocante y sobre todo porque ellos me reconocieron que no tenían quejas sobre mí como profesional. Me dijeron que como persona era encantadora, palabras textuales, pero que el perfil y nivel de compromiso cristiano que ellos veían en mi no era suficiente y querían gente capaz de evangelizar y llevar la llamada de Cristo.

-Usted les preguntó qué cómo se mide eso de evangelizar y sentir la llamada de Cristo ¿Qué le contestaron?

No me lo saben responder. Además, considero que es imposible medir el nivel de cristianismo de alguien.

-¿Le expusieron más motivos?

-La conversación que tuve se alargó mucho y se dijeron muchas cosas, no puedo recordarlas todas. Pero lo cierto es que hay muchas cosas que no están funcionando bien y quiero recalcar que no es contra la Escuela. Es más, he sido alumno de esa Escuela, he sido profesor, los que son ahora profesores han sido profesores míos, tengo una relación excelente con el 90% del personal de esa Escuela. No es tampoco una cruzada contra la iglesia sino contra un movimiento más radical y sobre todo contra una forma de actuar injusta, que duele y, además, que estoy harto de ver no sólo en la Universidad sino en otros trabajadores. Entonces llega un momento que me canso.

-Ha sido alumno y ha pasado mucho tiempo en esa Escuela ¿Se esperaba esto?

-Esa Escuela tenía antes un carácter mucho más abierto del que tiene ahora. Se cambió el nombre, la titularidad, que se le dio al arzobispo, y el arzobispo -Martínez- introduce una serie de cambios en la dirección y realiza una serie de despidos que también han sido declarados como improcedentes.

-¿Usted es cristiano practicante? ¿Se lo han preguntado eso en la Escuela?

-Creo que es una cosa que pertenece a mi foro interno y más después de lo que me está ocurriendo me parece mucho más indignante tener que en pleno siglo XXI contestar y manifestarme. En su día yo pasé una entrevista, me llamo Josué, que es nombre bíblico; he sido monaguillo; he estudiado de pre-escolares hasta toda primaria en una escuela del Ave María; después fui a la Salle y después estudié en esta misma Escuela que he sido profesor, pero aunque no lo fuera, aunque no fuera cristiano me parece indignante. Es como decir que me echan porque soy negro o porque no les gusta mi preferencia sexual. No es una cuestión que yo tenga que responder. La gente tiene que ver como es una persona por los valores que tiene, por las relaciones, si es capaz de transmitir esos valores, si es profesional y entonces me parece indignante y es anticonstitucional. Bueno eso ya se verá en juicio y está reflejado.

-¿Sus compañeros le apoyan?

-Sí, pero con miedo. Ahora se están animando un poco más y el comité de empresa ha sacado un comunicado. Individualmente me apoya mucha gente, pero tienen miedo a actuar y hablar porque saben que pueden ser ellos mañana o pasado. Temen represiones.

-¿Actitudes como esta perjudican a la iglesia?

-Sí, se han ido a un extremo para defender unos valores que se han convertido en el otro extremo, es decir, se está discriminando, actuando con soberbia, con prepotencia… A mí, por ejemplo, para que cobrara quinientos euros menos al mes. También se está dando trato de preferencia a gente según ideología. Son cosas graves que espero que la Universidad de Granada (UGR), si bien sólo tiene un contrato de centro adscrito que vela por la calidad, creo que tiene la responsabilidad de que esa calidad se lleve a cabo. El título es expedido por la UGR y espero que se posicione sobre esto. Tiene una reputación y tiene el deber de posicionarse y actuar sobre si se va a permitir que en un centro que está adscrito se discrimine y si se va a controlar por ejemplo la calidad docente de la gente que se selecciona o no.

-¿Qué miedos tienen para que le despidan por estas cosas?

-No es miedo, es simplemente… Yo puedo hablar de lo que me ocurre a mí y es una situación discriminatorio. A parte también veo muchas irregularidades que espero que se solucionen porque tengo un gran aprecio a esa Escuela y espero que sea lo que era.

-¿Le han dicho hoy -por ayer- algo o se han puesto en contacto con usted desde la Escuela o el Archidiócesis?

-No nada, se remiten a juicio y ya está. Nos veremos en juicio. Yo no tengo nada que ocultar.

-¿Cuándo puso la denuncia?

-Días después de que me sorprendieran con el despido en el mes de julio. Hay muchas irregularidades porque en julio mis asignaturas ya están dadas a otro profesor que también cumplía contrato, no tenía mi nombre ya en el casillero, ni en extensiones telefónicas, es decir, yo todavía con dos meses de trabajo por delante se me habían quitado aspectos básicos para ejercer mi profesión y las asignaturas ya estaban dadas. Después para encubrir se volvió a llamar a un proceso de selección, pero…

-¿Sus alumnos le han apoyado?

-Los que he visto en la calle me han animado, mis compañeros también, como he dicho antes. No creo que puedan decir nada malo mío.

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