Mauricio Macri y su relación con la Iglesia: ¿a la izquierda de los Kirchner?

El vínculo del Gobierno está signado por un Papa argentino que no viene a su país, la despenalización del aborto o la revelación de los sueldos de los obispos.

“Mauricio Macri faltó gravemente a su deber de gobernante y custodio de la ley”, lanzó furioso Jorge Bergoglio contra el líder del PRO. Esa frase bien podría corresponder a una definición actual del Papa Francisco ante algunos episodios promovidos por el Gobierno como haber impulsado el debate sobre la despenalización del aborto o revelar los sueldos de los obispos que le cuestan al Estado $130 millones por año y que obligó a la Iglesia la semana pasada a renunciar a ese aporte económico del Estado. Pero aquélla expresión remite en verdad al 2009, cuando el entonces arzobispo porteño recibió al alcalde de la Ciudad y lo retó por no haber apelado un fallo que permitía el casamiento de dos personas del mismo sexo.

Esa vez, Macri había desafiado a Bergoglio argumentando que era su “convicción personal” sobre las “libertades individuales”. Un año después, a instancias del gobierno de Cristina Kirchner se convertía en ley el casamiento entre personas del mismo sexo. Pero a ella el Sumo Pontífice nunca se lo reprochó.

Nueve años después del cruce, la relación entre Bergoglio y Macri sigue tan tensa como aquél entonces. Incluso, podría afirmarse que el vínculo del Gobierno actual con el Vaticano es histórico, por una particular razón: el jefe de la Iglesia Mundial, el Papa Francisco, es argentino. Sin embargo, no oculta su enojo con Macri en su decisión de no visitar la Argentina, al menos hasta que el líder de Cambiemos termine su mandato. ¿Y si es reelecto?

Si bien el gobierno de Néstor Kirchner estuvo marcado por la confrontación con la Comisión Episcopal Argentina (CEA), que presidía Bergoglio, no tuvo la misma beligerancia con el entonces papa Benedicto XVI. De hecho, el santacruceño viajó para la asunción del pontífice alemán y, años después, el nexo se distendió con la designación como embajador en Roma de Juan Pablo Cafiero que derivó en una audiencia de Cristina Kirchner con Su Santidad.

Yendo hacia atrás, las gestiones de Raúl Alfonsin, Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde, mantuvieron bajo distintas circunstancias roces con la cúpula eclesiástica, pero ninguno de ellos con la intensidad de los alcanzados por Néstor Kirchner y Mauricio Macri ni con el Papa de turno.

En la categoría “relación con la Iglesia vernácula y con el Vaticano”, ¿Macri quedó a la izquierda de los Kirchner? De alguna manera, lo admite Eduardo Valdes, ex embajador K ante el Vaticano, en una reciente entrevista con El Intransigente. “Creo que la relación de Macri con la Iglesia es la que el Presidente quiere tener”. Para el kirchnerista, la decisión del Gobierno de “poner en agenda parlamentaria el tema de la discusión del aborto”, sumado a la revelación de cuánto estaban “cobrando los obispos” son “elementos de una decisión política de parte de la cúpula del poder”.

No es casual la reacción política que ha tenido la Iglesia con un Gobierno con el que no comulga. Entre misas y reuniones se ha mostrado junto a Hugo y Pablo Moyano, enemigos acérrimos del oficialismo; y en público ha destratado a una de las principales cartas de Cambiemos, la gobernadora María Eugenia Vidal.

Durante el gobierno de Raúl Alfonsin, la disputa Iglesia-Estado se actualizó con una fuerte reacción de los sectores conservadores a partir del debate sobre el divorcio vincular -aprobado en 1987-, y con la convocatoria a un Congreso Pedagógico para discutir sobre la educación argentina. Monseñor Emilio Ogñenovich, de estrechos lazos con la dictadura, organizó una marcha contra el divorcio.

La presidencia de Carlos Menem marcó uno de los periodos de mayor acercamiento con el pontificio. Al nivel que Menem llegó a ser galardonado con el premio Sendero por la Paz del Vaticano, por su oposición al aborto, en la que el embajador ante la Santa Sede, Esteban Caselli, y el ministro de Justicia, Rodolfo Barra, tuvieron un protagonismo clave.

Menem remarcó las coincidencias con el Vaticano en los foros internacionales para aceitar la relación, en temas como el control de la natalidad, los derechos reproductivos, las cuestiones de género o la moral sexual y familiar. Las “diferencias” con la curia fueron por la situación económica. El aumento de la pobreza provocó la reacción de sectores como Cáritas.

La economía en crisis ocupó el núcleo central de la relación del gobierno de Fernando de la Rúa con la Iglesia. Luego de una audiencia con Juan Pablo II, éste le expresó al mandatario argentino que urgían “medidas orientadas a crear un clima de equidad social, para favorecer una mayor justicia distributiva y una mejor participación en los recursos del país”. No obstante, el radical mantuvo el compromiso de la Argentina con las posiciones del Vaticano, como en la “defensa de la vida”.

En tanto Eduardo Duhalde tuvo una estrecha relación con la cúpula eclesiástica aunque la única premisa era apagar el incendio originado por la crisis del 2001. Duhalde creó la Mesa del Diálogo Argentino con la Iglesia como protagonista central.

Néstor Kirchner marcó uno de los puntos de mayor tirantez con la Iglesia. Llegó a calificar a Bergoglio de “jefe espiritual de la oposición política”.

Los dichos en febrero del 2005 del obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, no ayudaron en nada a acercar posiciones. Baseotto acusó al entonces ministro de Salud, Ginés González García, de apología del delito, por su propuesta de despenalizar el aborto, pero eligió la peor figura que podría esgrimirse en la Argentina post dictadura: dijo que el funcionario merecería que “le cuelguen una piedra de molino al cuello y lo tiren al mar” por repartir preservativos entre los jóvenes.

Tras la muerte de Kirchner, y la asunción de Bergoglio como Papa, vendría la reconciliación con Cristina, en detrimento del vínculo con Macri.

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