Mateo Martí Miquel “Ateo Martí”, un activista anticlerical en la Segunda República (1931-1936), fundador de la Liga Laica de Mallorca

RESUMEN

El periodista, pequeño empresario y activista social Mateo Martí Miquel “Ateo Martí” (1889-1936) es una de las figuras más significativas del movimiento anticlerical en la España de los años treinta. Nacido en Mallorca, era masón y militó en el republicanismo, el PSOE, y el PCE, formación por la que fue candidato en las elecciones a Cortes de noviembre de 1933. Fundador de la Liga Laica de Mallorca (1930), dirigió la revista La Sotana Roja (1931) y promovió la Liga Atea (1932-33). Durante la Segunda República, protagonizó numerosas polémicas con los poderosos sectores conservadores y clericales de la
isla. Su trágico final, tras el golpe de Estado de julio de 1936, es sumamente representativo de la suerte corrida por un gran número de librepensadores españoles del primer tercio del siglo XX.

INTRODUCCIÓN

Mateo Martí Miquel –más conocido por Ateo Martí– fue uno de los personajes más controvertidos de la Mallorca de la década de los treinta. Aunque militó en distintas fuerzas políticas de izquierdas, mantuvo siempre un cierto perfil independiente, marcado por su personalidad iconoclasta. En una isla de fuerte tradición conservadora, protagonizó varios episodios sonados que lo enfrentaron con los sectores clericales; desde proclamar públicamente su rechazo a la fe católica y adoptar el nombre de Ateo en pleno éxtasis religioso por la canonización de la mallorquina Santa Catalina Thomàs, hasta practicar el nudismo en franca transgresión con las convenciones sociales de la época, amén de fundar y dirigir distintas publicaciones y entidades anticlericales, o ser el primer viajero local a la Rusia soviética. No parece casual que, tras el golpe de Estado de julio de 1936, fuera uno de los primeros detenidos-desaparecidos en Mallorca y que, a los pocos meses de su asesinato, un libro de propaganda franquista le atribuyera el liderazgo de un supuesto grupo de agentes infiltrados en la isla con el objeto de sembrar el terror si triunfaba la fantasmal revolución soviética prevista para el mes de agosto.

A pesar de la significación que Ateo Martí alcanzó en su época, distintas circunstancias personales y políticas han determinado que su trayectoria política y social y extensa obra periodística hayan pasado sumamente desapercibidas. Las siguientes páginas pretenden ofrecer un breve perfil biográfico de Mateo Martí, centrado fundamentalmente en su dimensión como activista anticlerical durante la Segunda República. En primer lugar, se describirán brevemente sus orígenes y actuaciones en los ámbitos político, social y económico hasta 1930. A continuación, se analizarán sus principales iniciativas laicistas en los inicios del Bienio Reformista, en particular la fundación de la Liga Laica de Mallorca y la edición del semanario La Sotana Roja. En tercer lugar, se tratará de sus actuaciones en el período comprendido entre 1932 y 1934, en el que radicaliza sus planteamientos, inscribiéndose en la Liga Atea y editando algunos opúsculos antirreligiosos, al tiempo que padece una primera detención a raíz del movimiento revolucionario de Octubre de 1934. Finalmente, se abordará su actuación en el tramo final de la experiencia republicana, así como su detención y asesinato al inicio de la Guerra Civil.

DE LOS ORÍGENES A LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA

Mateo Martí Miquel nació en Palma (Mallorca) el 16 de octubre de 1889. Aunque su primer apellido podría sugerir que su rama paterna pertenecía al colectivo chueta – descendientes de judíos conversos condenados por la Inquisición que fueron objeto de exclusión social en la isla hasta bien entrado el siglo XX– este dato parece bastante incierto. En cualquier caso, sus orígenes sociales eran modestos, si bien a principios del siglo XX su familia alcanzó una muy relativa prosperidad al frente de un pequeño comercio. Nos consta que siguió estudios hasta los 20 años, aunque no alcanzó ningún título universitario.

Sabemos que, desde su adolescencia, Martí fue un hombre de izquierdas, librepensador, y difícilmente clasificable. En todo caso, los inicios de su compromiso político se vinculan más con propuestas republicanas y laicistas que con el obrerismo marxista o libertario. En 1905, con apenas 15 años, se afilió a la Unión Republicana, formación que agrupaba a todos los sectores republicanos de la isla. En abril de 1910 era secretario de la Juventud Republicana Radical de Mallorca y colaboraba con la revista El Ideal. Poco después ingresó como voluntario en el ejército, donde permaneció hasta 1913, alcanzando el grado de sargento. Algunos escritos muy posteriores, en los que manifiesta un rechazo hacia la casta castrense, nos indican que la experiencia no le debió resultar particularmente grata. Nada extraño, dada la estricta disciplina y penosas condiciones de vida de la tropa que caracterizaban al ejército español de la época.

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DE LA LIGA LAICA A LA SOTANA ROJA (1930-31)

Con la caída de Primo de Rivera (enero de 1930) y el inicio de la dictablanda del general Dámaso Berenguer se asistió a una progresiva liberalización política. Los partidos y sindicatos obreros salieron a la superficie, a la vez que desde los sectores de la sociedad civil identificados con los planteamientos antimonárquicos se difundieron distintas iniciativas encaminadas a diseñar aspectos concretos del futuro régimen republicano. Uno de los ámbitos centrales fue el de la laicización del Estado. En el seno del republicanismo español había una casi unanimidad en la defensa de la necesidad de una separación entre Iglesia y Estado. Sin embargo, los planes de secularización eran muy variados, en un abanico que abarcaba desde la evolución gradual hasta la aplicación de las propuestas anticlericales más inflamadas.

En este contexto, en marzo de 1930 el escritor y diplomático socialista Luis Araquistáin Quevedo (1886-1959) impulsó la creación de la Liga Nacional Laica. Se trataba de una propuesta que hermanaba las tradiciones anticlericales de republicanos y socialistas, las cuales ya habían generado en las décadas anteriores iniciativas como la Federación Anticlerical Española (1906) y la Liga Anticlerical Española (1911). Además, muchos de sus impulsores eran masones adscritos al Gran Oriente Español. El impulso definitivo llegó de la Agrupación Socialista Madrileña. En mayo de 1930, se constituyó la directiva de la entidad. Ante las perspectivas de un proceso constituyente, la Liga propugnaba la construcción de un Estado verdaderamente laico. En este sentido, se proponía que la Administración adoptase de inmediato distintas medidas secularizadoras, como la supresión de los juramentos con invocaciones religiosas; la libertad de asistencia a actos de culto en cuarteles, cárceles, asilos y hospitales; la neutralidad en materia religiosa de la enseñanza pública; o el reconocimiento del derecho individual a la inscripción estrictamente civil de los ritos de paso de la vida cotidiana. La Liga proclamaba su respeto a las distintas creencias y rechazaba fomentar la persecución contra los creyentes católicos, pero propugnaba abiertamente el sometimiento de la Iglesia a la autoridad del Estado.

La Liga Nacional Laica se difundió rápidamente por distintas zonas de España. En octubre, Mateo Martí anunció la creación de una sección mallorquina. Como parte del proceso preparatorio, publicó un artículo en El Obrero Balear en el que proclamaba, además de su renuncia a la fe católica, que prescindía de la M inicial de su nombre pasando a llamarse Ateo. Se trataba de un gesto audaz y provocador en una isla de absoluto predominio clerical, que además vivía unos meses de singular fervor religioso a raíz de la canonización de Santa Catalina Thomàs:

Declaro públicamente mi renuncia a la Fé que me impusieron mis padres con el bautismo, renegando avergonzado de haber pertenecido a la religión y con seguridad de no pertenecer nunca más a ninguna que no se base en principios comprensibles a la razón prometiendo combatirlas a todas por inútiles. Atendiendo a que el nombre bautismal que hasta ahora ha servido para distinguirme de entre los otros representa la zarpa de la religión, prescindo de él para adoptar desde hoy el de ATEO, el único al que responderé cuando se me llame.

El 17 de noviembre se celebró en la Casa del Pueblo de Palma una sesión constitutiva de la Liga Laica de Mallorca. La Junta Directiva quedó presidida por el mismo Ateo Martí, mientras que la presidencia honoraria recayó en el escritor y diplomático Gabriel Alomar Villalonga. Aurora Picornell, con apenas 18 años, fue elegida vocal. Entre las primeras iniciativas de la Liga Laica mallorquina, destacan el intento de constitución de delegaciones locales en los pueblos de la isla y la propuesta de erigir un monumento en homenaje a Catalina Tarongí, una de las principales víctimas de los actos de fe contra los judíos conversos mallorquines de 1691. Como ya se ha comentado, en aquella época persistía en Mallorca la exclusión social contra los llamados chuetas, descendientes de los hebreos conversos condenados por la Inquisición. Martí tenía un apellido considerado en ocasiones chueta y muchos dirigentes del republicanismo, el laicismo y la masonería isleñas pertenecían a este colectivo; entre otros, estrechos colaboradores de Ateo como el poeta Marian Aguiló. Para estos sectores progresistas, la discriminación contra los chuetas simbolizaba el fanatismo del clericalismo mallorquín.

La ola laicista también llegó a Menorca, aunque no nos consta que Ateo Martí tuviera una intervención directa. En el verano de 1930 se iniciaron las gestiones para constituir la Liga Laica en la isla más septentrional del archipiélago. El 24 de agosto, a iniciativa de la Unión Socialista de Menorca, se llevó a cabo una reunión constituyente en la Casa del Pueblo de Mahón, con la asistencia de representantes de numerosas entidades. En septiembre, fue elegida una Junta Directiva, presidida por el veterano republicano Pedro Pons Sitges. Frente a la captación de personalidades aisladas efectuada en la Balear mayor, en Menorca partidos y sindicatos se implicaron de manera más directa. Así, la Federación Obrera de Menorca se incorporó como afiliada protectora. Además, la Liga contó con el apoyo decidido del diario La Voz de Menorca.

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David Ginard Ferón

Revista Hispania Nova, 18 – 2020

Cómo citar este artículo/Citation: Ramiro FEIJOO, “Ateo Martí, un activista anticlerical en la Segunda República (1931-1936)”, Hispania Nova, 18 (2020), págs. 147-172.

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