Más que en Cristo, la fe en el IRPF

Hay quien se ha sorprendido y hasta indignado por la oferta de empleo seguro que la Iglesia de Roma acaba de ofrecer a la mitad de la población española, dado que las mujeres no cuentan en el desempeño de la labor sacerdotal. Si había crisis de vocaciones y los seminarios estaban despoblados, ¿alguien puede extrañarse de que la jerarquía eclesiástica -sirviéndose de la desesperación de tantísimos jóvenes desempleados- promueva esa llamada para ingresar en una de las profesiones más duraderas y estables que han existido y existen en nuestro país?

Se trata, en efecto, de un trabajo subvencionado, puesto que cuenta anualmente con esos 250 millones de euros que la Iglesia recibe gracias al celo recaudatorio del Estado a cuenta de la casilla del IRPF. Con esa cantidad está asegurado el empleo de los curas, si bien nuestros impuestos también sirven para retribuir, además, a los profesores de Religión, cuya misión no es otra que la de hacer perdurables los privilegios de que goza la institución católica, apostólica y romana en España.

Muy posiblemente, a la mayoría de los 1.278 seminaristas que ahora mismo se preparan para el sacerdocio en los centros pertinentes, esa oferta de empleo -de la que ahora hace publicidad muy terrenal la empresa a la que pertenecen- no les haya extrañado. Es probable que la razón de su vocación en muchos de ellos se haya basado precisamente en la seguridad de su horizonte profesional, ajeno a los vaivenes de todas las crisis económicas que pueda padecer el resto de sus conciudadanos, pues estos seguirán en todo caso pagándoles sus sueldos.

Ante tan halagüeño porvenir, ¿a quién importa la fe en el mensaje de Cristo, razón explícita antaño de la vocación que decían profesar los jóvenes seminaristas, si hace mucho que ese principio ha dejado de inspirar a la institución vaticana, por más que se siga rezando a Dios, en la liturgia de la misa, aquello de no mires nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia? ¿De qué carácter puede ser esa fe que se sustenta en la expectativa de un sueldo seguro, religiosamente retribuido por el Estado a costa de las estrecheces de la mayoría de la población?

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