Más de 300 curas, acusados de abusar sexualmente de un millar de niños en Pensilvania (Estados Unidos)

El cardenal Donald Wuerl, acusado de tapar los abusos (Susan Walsh / AP)

Tanto los altos funcionarios de la iglesia de Pensilvania como del Vaticano los encubrieron para que los casos no salieran a la luz

La Corte Suprema del estado de Pensilvania ha hecho público este martes un informe que documenta la existencia de hasta 300 presuntos “sacerdotes depredadores” sexuales en seis de sus diócesis, tras investigar las denuncias por abusos de menores.

El jurado explica en el documento que la mayor parte de las víctimas fueron varones, aunque también hay chicas, y entre ellos adolescentes y muchos preadolescentes. “Algunos fueron manipulados con alcohol o pornografía. A algunos les hicieron masturbar a sus agresores, o fueron manoseados por ellos. Algunos fueron violados oralmente, algunos vaginalmente, algunos analmente”, denuncia el texto.

En total, los acusados habrían abusado de más de 1.000 niños mientras que los altos funcionarios de la iglesia de Pensilvania como del Vaticano los encubrieron para que los casos no salieran a la luz, según apunta del informe del jurado, que señala que el número real de víctimas sería de “miles” de personas.

El encubrimiento fue sofisticado. Y todo el tiempo, sorprendentemente, el liderazgo de la iglesia mantuvo registros del abuso y encubrimiento. Estos documentos, de los archivos secretos de la propia diócesis, forman la columna vertebral de esta investigación”, asegura el fiscal general de Pensilvania, Josh Shapiro.

El informe acusa al cardenal Donald Wuerl, exobispo de Pittsburgh que ahora lidera la archidiócesis de Washington, de ocultar los casos. Sin embargo, este ha respondido con una nota en la que explica que siempre ha “actuado con diligencia, preocupado por las víctimas y para prevenir futuros actos de abuso”.

El jurado ha examinado las acusaciones de abusos en la diócesis de Pensilvania, que administra a más de la mitad de los 3,2 millones de católicos de todo el estado. El informe alude a investigaciones anteriores de la iglesia sobre casos de abusos generalizados por parte del clero en todo Estados Unidos.

Entre las conclusiones del informe figuran que los líderes católicos y otros líderes diocesanos trataron de proteger a la iglesia ante la mala publicidad y la responsabilidad financiera que podría desatar el escándalo.

El documento concluye que los líderes religiosos, que estaban al tanto de la sórdida situación, decidieron proteger a la iglesia y a los abusadores, antes que a las víctimas: «Lo principal no era ayudar a los niños, sino evitar el escándalo».

Sin embargo, hasta el momento solo han sido acusados dos clérigos por estos abusos, ya que, aunque la mayoría de sacerdotes han sido identificados, muchos han fallecido ya o es probable que eviten la cárcel porque sus presuntos crímenes son demasiado viejos para ser procesados según la ley estatal.

Como consecuencia del encubrimiento, casi todos los casos son demasiado antiguos como para ser juzgados, ya que la mayoría son anteriores al año 2000, aunque el jurado subraya que ha emitido acusaciones contra un sacerdote de la diócesis de Greensburg y otro de la de Erie, que presuntamente han estado abusando de menores en la última década.

Durante más de 70 años, la Iglesia Católica ha ocultado estos casos, trasladando a los agresores de una a otra diócesis y tratando de silenciar a las víctimas o de convencerlas para que no denunciaran los casos ante la Policía. El gran jurado reconoce en la introducción del informe que muchos de los casos que describen no pueden ser procesados por vía judicial porque son «demasiado viejos» por culpa del «encubrimiento» de la iglesia. «Pero esto no quiere decir que hayan dejado de ser unos depredadores».

«Nos sentimos asqueados por todos los crímenes que quedarán impunes y sin compensación», destacan en el informe los miembros del jurado. En su trabajo, describen los abusos de los sacerdotes, sus nombres y sus destinos. Una información que han conseguido recurriendo a la información que guardaban las propias diócesis. «Esperamos que esto signifique que la iglesia esté, al fin, cambiando».

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