Más de 22.000 valencianos participan en ritos satánicos

Un experto cataloga 45 grupos demoníacos en la C. Valenciana de los que seis acaban de instalarse Hasta cinco de estas sectas son también neonazis

COMENTARIO: Para poner en entredicho lo expuesto en esta noticia recomendamos la lectura del siguiente artículo de Luis Alfonos Gámez

Un experto en autobombo llena España de violentos y peligrosos adoradores del Diablo


Sexo, sangre y drogas. Es el triángulo vicioso, además del plato fuerte, con el que funcionan los 45 grupos de corte satánico activos en la Comunitat Valenciana, incluyendo los últimos seis, que se han instalado recientemente y que suponen un gran peligro para la sociedad, según cuenta a Levante-EMV el experto en el tema Antonio Toscano.
En la C. Valenciana hay unas 22.000 personas adeptas a alguna de estas sectas que, directa o indirectamente, participan de forma continuada en las actividades de dichos grupos. Cada vez hay más seguidores que se incorporan de forma gradual e imparable a actos que rozan la ilegalidad, pues en éstas prácticas es habitual el consumo de drogas, y el sometimiento forzoso de los participantes a prácticas sexuales bajo la mezcla explosiva de alcohol y drogas alucinógenas, a las que se están incorporando las de nuevo diseño.

Profanación de tumbas
Todas las sectas tienen un denominador común: veneran a Satanás, Lucifer o alguna deidad demoníaca. Esto lleva a sus integrantes a un éxtasis frenético y encolerizado que, según explica Antonio Toscano, les hace creer todo lo que el líder les dice. Como consecuencia, los actos vandálicos y la profanación de tumbas e iglesias, que se han duplicado alarmantemente en los últimos años, están a la orden del día en entornos muy cercanos a Cataluña, Castelló y Valencia.
Las Hijas del Fuego es uno de los grupos que ha entrado con más fuerza en Valencia. Pertenece a la Organización Internacional Luciferina, que cuenta con más de 27 sedes de distintos subgrupos en la C. Valenciana.
Se necesita un duro proceso para entrar a formar parte de Las Hijas del Fuego, tras el cual, los integrantes se tatúan el 666 en su cuerpo y realizan sacrificios de animales de forma regular para demostrar su fidelidad.
Sin embargo, añade Toscano, el peligro reside en otros grupos que tienen como maestro y guía la figura de Hitler. La Fraternidad de Bälder, la Orden de los Nueve Ángulos, la Orden Verde, la Orden Aria y la Corte de Satán son sectas de alto riesgo para la sociedad por su ideología neonazi, de extrema derecha.
La ya conocida Iglesia de Satán defiende el racismo y la violencia como única manera de exterminar a los seres inferiores, es decir, aquellos que no comparten su ideología. La Orden de los Nueve Ángulos (ONA) se implantó en Cataluña en 2007 y en los años siguientes "ha ido penetrando en Valencia de manera preocupante", afirma Toscano. Se rige por fuertes ideas neonazis y reivindica a Hitler como su líder y precursor del Anticristo. La Corte de Satán, que llegó a Valencia en 2003, tiene una clara línea xenófoba: su objetivo es crear una misma raza de personas de un color de piel único.
La secta más reciente en Valencia es la de Testigos de Lucifer, que apenas lleva activa unos meses en la capital y que actúa bajo el lema "el color sí distingue la verdadera raza de Lucifer". Tiene varias sedes, según ha informado Antonio Toscano, situadas en poblaciones valencianas como La Safor, La Ribera, o en Valencia capital.
Muchos de estos grupos activos en la Comunitat Valenciana están estrechamente relacionados con organizaciones que operan en Francia y sus anuncios aparecen en páginas web y en foros que utilizan para captar miembros, cuyo perfil estándar es el de jóvenes y mujeres de mentalidad débil, necesitados de cariño, que sufren soledad o que tienen un desequilibrio emocional fuerte. Antonio Toscano hace un llamamiento a la inteligencia y a la razón para frenar, en la medida de lo posible, el avance de estos colectivos pseudorreligiosos que causan verdaderos quebraderos de cabeza a muchas familias y a la sociedad actual.

La ley frente a las sectas
La ambigüedad del término "secta" hace que sea imposible una definición legal del fenómeno. El Estado defiende la libertad de religión en la Constitución, por ello no puede penalizar la adhesión a una de ellas.
Pero la Carta Magna también reconoce el derecho a la dignidad de cada persona y al libre desarrollo de su personalidad. Por tanto, estas prácticas satánicas se pueden condenar, al menos, por delitos de lesiones, delitos contra la integridad moral y por proselitismo ilícito.
 

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