Más de 150 alumnos del colegio católico Divino Maestro desfilan en la primera procesión de la Semana Santa de Palencia

El acto estuvo organizado por el colegio católico concertado Divino Maestro

La Semana Santa de Palencia remonta su origen al siglo XV. 600 años de tradición en el seno de los palentinos que han servido para que la pasión, muerte y resurrección de Jesús sea reconocida a nivel internacional. Tallas, procesiones y sentimientos han servido para que la Semana Santa de Palencia tenga su propio sello de identidad, ese que imprimen cofradías y cofrades por las calles de la ciudad, ese gran templo del que hablaba el pregonero de este año Miguel de Santiago.

En ese gran templo que desgranaba el sacerdote y periodista palentino se inauguró con la primera procesión. No tiene años de historia, ni abarrota todas las calles de la capital palentina, pero sí que posee el sentimiento semanasantero de los actos palentinos, además de la nobleza y simpleza de los más pequeños. Y es que por sexto año consecutivo, los alumnos del Divino Maestro han procesionado ayer en lo que se ha convertido ya en el primer acto de estos días. «Tenemos que dar las gracias a las cofradías, porque siempre están dispuestas. Nos llaman siempre para que la hagamos», apuntaba la directora del centro, Carlota Prieto, antes de que el olor a incienso inundara Valentín Calderón.

Desde la cofradía del Santo Sepulcro, ordenados y con el nerviosismo de la novedad, empezaban a desfilar los pequeños ‘cofrades’ del Divino Maestro. Escoltados por dos minipolicías en sus motos de juguete arrancó la procesión. Durante todo el trayecto, los dos niños velaron por la seguridad de los ciudadanos y guiaron a sus compañeros del colegio por el centro de la ciudad, donde centenares de curiosos y alumnos de otros centros de la capital arroparon a los 150 cofrades del Divino Maestro.

No faltaba ningún tipo de detalle. Tras los policías, la banda de música llevaba el ritmo de la procesión. La precisión de la organización obligaba a que los despistes no tuvieran cabida en el acto. Hasta una profesora tenía que retirar un par de pinzas del bajo de un pantalón de un miembro de la banda. A partir de ahí, los más pequeños retomaron el protagonismo. Su capirote naranja jugaba algún pequeño estrago y lo niños estaban más pendientes de colocárselo correctamente para que no bailara en su sien y que los agujeros del mismo coincidieran con los ojos. Y es que el capirote de cartulina se movía en muchas ocasiones al ritmo de los pasos que transportaban los más mayores del centro.

Hasta tres tallas salieron a hombros de los alumnos del Divino Maestro. Precisamente en una de estas llegó la gran novedad de este año, pues la virgen portaba un riguroso luto del siglo XVIII. «Una obra de arte de los niños», apuntó orgullosa la directora. Sus cofrades con capirote, policía, tallas, hasta una decenas de manolas representaron el sentimiento cofrade por las calles de Palencia. «Queremos que no se pierda ese sentimiento y rigurosidad tan representativos de la Semana Santa de Palencia. Es la clave de nuestra procesión», recalcó la directora del centro.

Una vez arrancado el desfile, el alcalde de Palencia, Alfonso Polanco, también se quiso unir al acto en la Calle Mayor de la capital, cerrando la procesión.

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