Más allá del velo

En la actualidad, las mujeres turcas se quitan en las aulas universitarias el velo con el que el Islam las obliga a cubrirse ante hombres que no sean su marido o sus hijos.

Fue Mustafá Kemal Atatürk quien, en los años 30, las liberó del férreo control al que la religión las sometía y fue él quien alentó su emancipación, abolió la poligamia, les dio derecho al voto, cambió "sharías" y "madrazas" por libros de texto, códigos civiles y sólidos cimientos de cultura. Él fue quien deseó que los otomanos de ambos sexos compartieran con Europa historia, civilización y valores.

Estos días pasados, sin embargo, el Parlamento de Ankara (con mayoría de diputados islámicos y nacionalistas) acaba de aprobar una enmienda a la constitución que permita de nuevo el acceso a los campus universitarios de esa prenda en la que muchos ven un signo que atenta contra la dignidad de la mujer. El tema es muy delicado y, más allá del velo, lo que está en juego es la fractura o no del laicismo en el solo país musulmán que lo tiene garantizado oficialmente. Se trata de un nuevo embate en ese eterno pulso que libran desde siempre los que anhelan que Dios impere sobre la sociedad entera y los que prefieren que Dios alcance la categoría de opción madura, íntima y personal.

En nombre de la libertad religiosa, pueden abrirse portones al fanatismo por parte de aquellos que entienden la religión como el mejor medio para acabar con todas las libertades. Invocando el derecho a la educación superior para las mujeres que deseen cubrir su rostro en las aulas, quizá lo que se obtenga sea que muchas otras mujeres (las que aspiran a pertenecerse a sí mismas) acaben pronto sometidas a presiones y obscurantismos. El Islam no es el único credo que se sabe imponer pacientemente ni es el único que se siente brazo ejecutor de alguna divinidad. No es el único que aborrece a los que cometen la osadía de pensar al margen de dogmas o de libros santos ni la única fe en la que podamos denunciar signos de intransigencia, pero Turquía sí es el único país que se le escapó al Islam camino de una laicidad y de unos valores que hoy se debilitan a marchas forzadas en la república fundada por Atatürk. Y si, valiéndose de velos o de otras disculpas, no faltan aguerridos oponentes a esa laicidad y a esos valores en escenarios como el Reino Unido, Francia, Bélgica o España, ¿se iba a permitir que Turquía siguiera decenios y decenios por sendas de "impiedad"? El integrismo (no importa el color con el que se vista) salta fronteras y nunca ceja en sus combates. Nunca da por perdidas las batallas y nunca se cansa de atraer sobre nuestros pecadores ojos la cegadora iluminación con la que pretende salvarnos a todos.

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