Manuel Pizarro convierte el homenaje a los misioneros en una furibunda crítica al «laicismo imperante» en Europa

Era el día grande de los misioneros. El "Pregón del Domund", en la catedral de La Almudena, el homenaje a los 13.000 hombres y mujeres de nuestro país que se dejan la piel, que lo dejan todo, por vivir con los más pobres de entre los pobres… Y el pregonero no fue otro que Manuel Pizarro, ex presidente de Endesa, ex número dos de Mariano Rajoy, y actual adjunto a la Presidencia de El Corte Inglés. Cuanto menos curioso que Pizarro fuera "la voz" de los misioneros españoles.

El pregón de Pizarro fue el último de una serie de actos que Obras Misionales Pontificias organizó antes de la celebración, este domingo, del día del Domund. Varias semanas de encuentros, mesas redondas y exposiciones que mostraron, tal vez como nunca en los últimos años, la belleza de la misión, en un momento especialmente duro tras la muerte de Miguel Pajares y Manuel García Viejo víctimas del ébola.

El acto de esta noche, excesivamente cargado de boato -y culminado con un panegírico del pregonero a la figura del cardenal Antonio María Rouco-, deslució un tanto una organización hasta ese momento modélica. Aunque nada podrá oscurecer la inmensa labor de nuestros misioneros, la auténtica "marca España", muy alejada de las empresas del ibex-35.

Arrancó Pizarro su extensa alocución autodefiniéndose como "un cristiano que intenta ser consecuente con su fe, que ha guiado mi vida y la de mi familia", y rindiendo merecido homenaje al hecho de que España sea "el país que más misioneros envía: 13.000 españoles, pertenecientes a 440 instituciones religiosas diferentes (congregaciones, movimientos, diócesis…) están ayudando a quienes más lo necesitan, en territorios generalmente pobres y complejos, de 130 países".

Una labor que se engrandece tras conocer la muerte de los hermanos de San Juan de Dios "allí donde el ébola hace estragos". Uno en Liberia; otro en Sierra Leona. "Dos lugares a los que llegaron guiados por su vocación misionera, para estar al lado de los más pobres, hasta el punto de morir como tantos otros de su nueva familia".
1.600 misioneros españoles están en África, "al pie del cañón", subrayó Manuel Pizarro, quien recordó que la epidemia de ébola ya ha acabado con la vida de más de 3.000 personas. Todo ello en un mundo en el que "mucha gente no conoce a Jesucristo, no conoce el modelo de persona que Dios nos propone, viven sometidos en pobreza y barbarie sin educación y sin acceso a los mínimos de la dignidad humana".

A partir de ahí, una furibunda crítica al "laicismo imperante", que "despista", y frente al que hay que reivindicar "vivir los fundamentos y los valores de nuestra fe con confianza y orgullo, y tener una presencia activa como católicos en la sociedad. Frente a los recelos del laicismo, no debemos ocultar nuestra forma de estar en el mundo".

"Es más sencillo aceptar que la religión es un asunto privado, como se ha tratado de imponer en las últimas décadas en la sociedad española, y reservar la fe cristiana, para la sacristía del corazón", añadió el economista, ya refiriéndose a la vida en nuestro país. "Pero una sociedad de hombres libres necesita un conjunto sólido de valores morales que, como dice Ortega, no son la contraposición de lo inmoral".

"Ante el desconcierto laicista -prosiguió Pizarro-, que se ha visto agigantado por la laxitud que ha traído el empacho previo a la crisis, los cristianos tenemos las raíces de nuestra fe y la obligación de difundirla para ir más allá del mínimo decente de la convivencia ciudadana y acercarnos a éticas de máximos".

Como suele suceder en este tipo de intervenciones, Manuel Pizarro habló de la crisis, que "existen y se repiten cíclicamente". Pero lo hizo, en palabras recurrentes entre buena parte del episcopado español, subrayando cómo la crisis económica "es hija de una profunda crisis moral en la que hemos dejado que los valores cristianos hayan sido opacados por un laicismo generalizado" que "no ha sido capaz de sustituir los valores del mensaje de Jesús, gracias a los cuales se ha construido el ser europeo".

Parafraseando un artículo de Olegario González de Cardedal, el pregonero del Domund 2014 abundó en una serie de cambios en Europa "que cambiarán la faz del continente". En primera lugar, "la caída demográfica, que hace que, como consecuencia  del propio descenso de la población, se abdique de la defensa de nuestra forma de vida frente a la de nuevos pobladores". Los extranjeros, "que no se consideran occidentales ni herederos del humanismo griego, la revelación bíblica, el derecho y la justicia romanos y las conquistas de la modernidad: ciencia, libertad, democracia, derechos humanos…" ¿Puede decirse esto en un pregón sobre los misioneros repartidos por ese mundo que no es el occidental?

 

"Otro cambio silencioso es la crisis de Dios", reiteró Pizarro. "Nos hemos alejado de la llama que ha iluminado Europa, cuando los seres humanos no pueden vivir sin esperanza, sin preguntarse por el bien y el mal, por la relación con el prójimo, la vida y la muerte". Finalmente, "la nueva cultura del pluralismo, en la que todo se acepta como una superposición de opiniones sin cuestionarse dónde hay verdad. Nos preocupamos por el derecho a la expresión y no por el fundamento de verdad universal. No todas las opiniones tiene la misma razón ni valen lo mismo". En pleno pregón del Domund.

Por todo ello, el adjunto a la Presidencia de El Corte Inglés animó a "defender el proyecto moral de Europa y ser capaces de llevarlo a tantos pobres de la tierra que quieren compartir nuestro vivir", pues "solo un inmenso esfuerzo de promoción, colaboración y modernización de África, llevado a cabo por Europa en respeto, responsabilidad y solidaridad, hará que millones de africanos sobrevivan y los europeos mantengamos nuestra dignidad moral".

"Recuperemos el orgullo moral de Europa hacia dentro y hacia fuera", cerró Pizarro, quien sólo entonces volvió a ver en los misioneros "un espejo" de "trabajo honesto y honradez cívica: sólo así construimos sociedades más justas y más ricas, y no me refiero precisamente sólo a lo económico. Aunque, por desgracia, cíclicamente nos olvidamos".

"En esa tarea, los misioneros son la vanguardia. Dedicar la vida al otro, sin esperar nada a cambio. Solo motivados por la fuerza de servir a los demás, a los que más lo necesitan, allí donde más se les precise, y reivindicando la importancia de la oración. Porque vivir la caridad no es dar soluciones de Estado: es dedicarse al hombre que sufre".

Ante de concluir su discurso, Pizarro dedicó "unas palabras de reconocimiento y agradecimiento a nuestro admirado cardenal Rouco por su intensa dedicación a la Iglesia y a la causa de los católicos. Sin duda, ha sido y es un gran evangelizador".

"Don Antonio María lo ha sido todo en la Iglesia. Sacerdote entregado; magíster de referencia en Teología y Derecho canónico; administrador incansable al frente de la archidiócesis de Madrid durante veinte años, doce de los cuales ha sido a la vez presidente de la Conferencia Episcopal Española. Por todo ello, cuando está concluyendo sus responsabilidades, yo quiero darle las gracias en mi nombre y en el de tantos fieles que admiramos su defensa de los pilares de nuestra fe. En momentos de tanto relativismo, como decía antes, Su Eminencia no se ha dejado llevar por conveniencias coyunturales y no ha cesado de advertir cómo en la crisis que sufrimos hay mucho olvido de Dios. Aunque esa actitud le haya generado injustas incomprensiones, nuestro admirado cardenal nunca ha dejado de hacer lo que debe", dijo el pregonero, quien agradeció a purpurado "esa siembra, que yo he tenido el privilegio de vivir en privado, en tantos encuentros que han sido una suma de lecciones intelectuales y vitales con las que enriquecer mi actitud de cristiano".

Manuel Pizarro

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