Manifiesto del Libre Pensamiento: ¡No toquen La Ley de 1905!

La ley del 9 de diciembre de 1905 (Francia) instituyó la separación de las Iglesias del Estado, prohibiendo el reconocimiento jurídico de las religiones y su financiamiento público. Esta ley definía muy claramente el concepto de esfera pública, que se ocupa del interés general (Instituciones, Gobierno, Administración, Servicios públicos, funcionarios), en que la neutralidad es la regla, y la esfera privada que abarca todo el resto, yendo de la calle a la vida íntima, en que cada una y cada uno es libre de expresar las opiniones de su elección, de llevar las insignias, los emblemas y las vestimentas que ella o él desee.

Esta ley, elaborada en 1904 en el Congreso Internacional del Libre Pensamiento en Roma, frente al Vaticano, ha sido asumida por el conjunto del movimiento laico, sindical, político, por republicanos, demócratas y francmasones, artesanos de la absoluta libertad de conciencia. Por su parte, las principales minorías religiosas (católicos, protestantes, israelitas) han visto la posibilidad de vivir su fe con total tranquilidad, sin que se hayan esforzado para hacer realidad y proteger esta ley de libertad de conciencia.

Cuando la ley fue votada, los nacionalistas e independientes de África del Norte no dejaron de exigir su aplicación a fin de garantizar el libre ejercicio del culto sin la tutela gubernamental y colonial. Lo que les fue negado hasta el momento de la independencia de Argelia, en 1962. El artículo 43 de la ley de 1905 nunca fue implementado en Argelia.

La ley de 1905 ha permitido globalmente asegurar una paz civil durante más de cien años, en los cuales las personas no atentaron contra otras por razones religiosas. Salvo en el período del Régimen de Vichy, en que los golpes más graves fueron ocasionados por el principio de separación. El gobierno provisorio y los gobiernos sucesivos no abogaron por las disposiciones petanistas.

La ley de 1905, es el no financiamiento de los cultos. Es necesario derogar la ley Debré!

El artículo 2 de la ley de 1905 declara como un principio institucional: “la República no reconoce, no paga, ni subvenciona ningún culto”. La Iglesia Católica lo dice claramente: la enseñanza privada, en un 95% católica, es obra de la Iglesia, está bajo la tutela y el control de los obispos.

Sin embargo, con la ley del 31 de diciembre de 1959, denominada ley Debré, el Estado financia la enseñanza privada católica desconociendo el principio “Fondos públicos a la escuela pública, fondos privados a la escuela privada”. Cada año, según nuestro conocimiento, más de 12 mil millones de euros de fondos fiscales son derivados para financiar la educación católica en detrimento de la educación pública, con la aplicación sólo de la ley Debré (agravada por las leyes Guichard- Pompidou, Guermeur, Rocard, Chevènement, acuerdos Lang-Cloupet, la ley Carle…etc.); a ello se agregan los más de cuatro mil millones de euros de impuestos de la enseñanza de las empresas y de la formación continua que va a la enseñanza privada, así como las deducciones fiscales de un 66% sobre las donaciones a las fundaciones (fundación para la escuela y fundación Saint Matthieu, principalmente).

La enseñanza privada católica no complementa la enseñanza pública, compite descaradamente con fondos públicos desviados de su misión original: permitir el derecho a la instrucción para todos en el seno de la Escuela pública, laica y republicana.

El Libre Pensamiento está dispuesto a defender las leyes laicas por todos los medios, incluidos los jurídicos. Es por ello que tramita numerosos recursos reclamatorios contra las violaciones de la ley de 1905: cruces en la entrada a los cementerios, guarderías infantiles católicas en edificios de la República, estatuas de la Virgen en las plazas públicas, estatua de Juan Pablo II en Ploermel, financiamientos públicos para la construcción de edificios religiosos, etc. El Libre Pensamiento se honra de haber ganado la mayor parte de estos recursos procesales, llegando hasta el más alto nivel: el Consejo de Estado. De esa manera se ha contribuido a construir una jurisprudencia de defensa de la laicidad.

No es necesario ser adivino para darse cuenta de que se prepara un golpe avieso contra la ley de separación de Las Iglesias y el Estado del 9 de diciembre de 1905. Aún cuando el gobierno Macron/ Philippe se esconde tras una cortina de humo, los hechos hablan por si solos:

El 20 de junio del 2017, el Presidente de la República Emmnuel Macron participó en forma oficial en la comida de clausura del ayuno del Ramadan con el Consejo Francés del Culto Musulmán, no cesando de empujar a sus colaboradores para organizar el culto musulmán, lo que en virtud de la ley 1905 no corresponde a sus atribuciones de Estado.

El 20 de junio de 2018, el mismo Macron envía ahora a Gerard Collomb y a Eduard Philippe a la misma comida de clausura del ayuno del Ramadan. “Nos queda mucho camino por recorrer” ha expresado Gérard Collomb, apelando ‘al concurso de la sociedad civil que debe llevar un discurso alternativo al de la réplica’ y saludando ´a los que se movilizan por un Islam que no sea de ruptura o de separación’. A continuación el Primer Ministro ha enterrado el clavo: “Nosotros tenemos grandes desafíos para llevar a cabo juntos, que no es necesario detallar, ellos son evidentes”.

¿Cuál es el verdadero objetivo de estas manipulaciones?

La ley de 1905 de Separación de las Iglesias y del Estado organiza jurídicamente una distinción neta entre lo que corresponde, por una parte, a la esfera pública (Estado, Instituciones, administraciones, servicios públicos responsables del interés general), sujeta por lo tanto al principio de neutralidad; y, por otra parte, la esfera privada que es todo el resto. En la esfera privada, no puede haber neutralidad, puesto que es el lugar por excelencia, en que los individuos pueden y deben expresar sus opiniones.

Nosotros estamos en una situación en que se laiciza cada vez más la esfera privada multiplicando los atentados a la libertad de expresión y de comportamiento, y donde al mismo tiempo, se privatizan cada vez más los servicios públicos, la esfera pública. Se llega entonces a una situación en que la separación entre la esfera pública y la esfera privada es profundamente cuestionada y tiende a desaparecer. Por un lado se suprimen las libertades democráticas, y por el otro, se aplican de manera creciente las leyes del mercado.

Deseando suprimir esta frontera, se quiere hacer de toda la sociedad un cuerpo único, regido por los mismos principios. La distinción entre lo temporal y lo espiritual no tiene razón de ser. La sociedad se vuelve total, es decir totalitaria. No hay más separación, vale decir, de protección a los individuos entre los que surge el interés general, y de los intereses particulares.

Ya no hay más que que un solo cuerpo social, es la institucionalización del Corporativismo, del cual el fascismo y el nazismo fueron sus variantes. Si todo está mezclado y viene a ser la misma cosa, entonces lo religioso está en todas partes, y ya no existe más la separación de las Iglesias del Estado. El “eslabón ha sido reparado”, según los deseos de Macron. Un golpe bajo se cierne sobre la laicidad.

Se trata de movilizar a los laicos y a sus asociaciones para impedir este abuso.

La Federación nacional del Libre Pensamiento ha tomado la iniciativa de hacer este Llamado a los laicos, para unir y alentar, en toda su diversidad, al movimiento laico.

Extracto de la revista La Raison de París
Traducción Iniciativa Laicista

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