Mahoma

Con tantos dioses verdaderos y tantos profetas, los ateos, apóstatas, desheredados de toda fe, vivimos en un laberinto de respetos unilaterales, ya que ni los del Opus Dei nos respetan, ni a los salafistas les importa un pimiento si la libertad de expresión es un bien democrático a defender y los judíos tienen la banca mundial, armas atómicas, socios imperialistas, por lo que su ortodoxia es intocable, por pensamiento, palabra u obra. Y así sucesivamente hasta colapsar cualquier sentido de autenticidad del concepto de libertad religiosa, de expresión, de culto o de indiferencia.

Lo que empieza a ser cansino, una especie de ritual, es que alguien, en algún lugar de la tierra, haga una caricatura, un chiste, un cuadro satírico, una novela o un documental de algo relacionado con el islamismo, y de repente se responda por todo el mundo con una protesta de los musulmanes más fanatizados con una violencia multidireccional e indiscriminada. Nos estamos acostumbrando a esta rueda fatídica, una suerte de puesta en escena que acaba en ocasiones con problemas bastante mayores que los que pueden ocasionar un ejercicio de la libertad de manifestación, de libertad de expresión, porque esa sensación tan ultra, de sentirse atacados por cuestionar esas verdades absolutas y absolutistas, parece prevalecer por encima de cualquier otro concepto.

Por principios respetamos a todos cuantos quieran creer en sus dioses, en sus religiones, pero nos coloca siempre ante una duda que puede convertirse en una aprensión que se convierta en una toma de postura contra estos totalitarismos, y es que debe existir un margen para todos. Da lo mismo si la figura puesta en duda sea Mahoma. Jesucristo, la virgen María, o Yahvé, la noción de libertad se debe considerar como algo del mismo valor que las otras libertades. No queremos acostumbrarnos a más censuras previas por miedo o código penal o doctrinal. Y mantenemos otra sospecha metódica, todas estas reacciones violentas, tan bien manipuladas y servidas por los medios de comunicación de masas globalizados, ayudan a estigmatizar más al Islam en su conjunto y a crear y alimentar focos de xenofobia e intransigencia peligrosos.

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