Mahoma

A vez más, Occidente se da las narices con la realidad del mundo islámico. Otra vez, Occidente no se explica el porque de las reacciones de este incomprensible universo que le presenta el Islam. ¿Qué tiene de malo caricaturizar a Muhammad? ¿Acaso nosotros no nos mofamos del Papa y de la Iglesia cuantas veces queremos? ¿Cómo es que la palabra "blasfemia" todavía sigue en vigencia?

Este último capítulo de los desencuentros –por no decir "choque"– entre la civilización occidental y atea frente a la islámica y religiosa, presenta una gran riqueza para al análisis. Por dar una fecha no muy lejana, desde que se produjo la Revolución Francesa, el nuevo modelo ideológico, político, social y hasta económico de Occidente, adoptó una creciente virulencia anti cristiana que rápidamente se transformó en una de sus banderas más destacadas. El Occidente democrático y liberal fue desplazando desde entonces a Cristo por la diosa Razón, al tiempo que caía en la contradicción de, por querer eliminar toda religión, crear otra nueva, con valores humanos y no divinos.

En este largo período de más de 200 años, la civilización occidental ha reducido a su religión –el Cristianismo– a una especie de objeto histórico-cultural que ni siquiera es digno de mención en la Constitución Europea por considerar al "hecho religioso" –que así le llaman– como irrelevante frente a la verdadera esencia de Occidente de Libertad, Igualdad y Fraternidad. En este marco, que también sirvió de base para la retórica marxista de que "la religión es el opio de los pueblos", debe verse la decisión de la publicación de las caricaturas del profeta del Islam. La justificación de la libertad de prensa es, en realidad, un apéndice y no la médula de la cuestión. No se trata de publicar lo que uno quiera sino de ser coherente con lo que algunos llaman el ateísmo militante de nuestra civilización, y en tal sentido, luego de que nuestra religión cristiana quedara reducida y maniatada, ahora Occidente va a por el Islam.

No es casual entonces que el propio Vaticano haya entrado en tema y así criticara las viñetas. Eso lo resume todo. La confrontación planteada no es entre Occidente e Islam sino entre Occidente y religión, sea cual fuere.

Y aún así, el Islam no es el Cristianismo. Occidente pudo neutralizar a este último porque los que lo hicieron venían de la propia tradición cristiana. La modernidad y el ateísmo tal y como los concebimos nacen dentro de la civilización occidental y desde dentro es que afectaron su organismo. Cuando esa misma modernidad y ateísmo intenta hacer lo propio con la umma islámica, se encuentra con que ni siquiera puede hallar serios adeptos, que no es bien recibida, que no puede incubarse en ese medio y que, como sucede con lo de las caricaturas, genera tales anticuerpos que ahora hay que soportar sus coletazos.

El ateísmo militante de Occidente ha ido a por lana y salió esquilado. Debe tomar buena cuenta de ello porque en este tour de force el tiro ha salido por la culata. Queda claro y patente que si Occidente le toca las narices al Islam en cuanto a religión, pierde, y lo malo para este mundo nuestro de corrección política es que los ofendidos salen fortalecidos. Es verdad que las publicaciones al fin se hicieron y repitieron, pero dudo mucho que ya nadie quiera volver a incurrir en provocaciones flagrantes al Islam. El costo es y será alto.

Acerca de esto, en un periódico norteamericano se dijo que los líderes religiosos musulmanes, principalmente los residentes en Europa, "deberán aprender a convivir con estas expresiones de libertad de prensa, si quieren vivir en democracia". Bueno, ¿Y quién les ha dicho que eso es lo que quieren? Para prácticamente la totalidad de los musulmanes, la democracia no es un absoluto –sí lo es la religión–, sino un medio de acceso al poder y un mero aparato puesto al servicio de la sociedad. La sociedad no está al servicio de la democracia, sino al revés, lo que significa que existe una subordinación clara y completa entre lo que no es más que una herramienta de gobierno y la religión. Así, si al aducir el uso de tal instrumento, alguien se atreve a subvertir su naturaleza y ponerla en contra o por sobre la religión, insultándola, se transforma en merecedor del más alto repudio.

Ahora bien, visto lo visto, ¿hay alguien que todavía sostenga concienzudamente que los principios de la democracia liberal tal y como se conciben en Occidente son compatibles con los valores religiosos y éticos del Islam? ¿Existe quien crea que sin pasar por el proceso de laicización atea y revolucionaria de la revolución francesa o la bolchevique, las culturas islámicas accederán a un modelo parecido, en el que la prensa pueda meterse con la religión a gusto y que a su vez el estado nada pueda hacer para impedirlo?

Tal vez haya muchos que así piensan. Son los mismos que luego se preguntan: ¿Qué demonios es lo que sucede en Medio Oriente, que no quieren vivir como nosotros?

 

Fernando Landro investigador sobre Oriente Próximo

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