Macron cae en la trampa del velo islámico en Francia

Emmanuel Macron, su gobierno y su partido, «La República En Marcha» (LREM), han caído en la trampa del velo islámico, que ha vuelto a convertirse en un problema político, social y cultural inflamable.

Un número imprevisible de diputados de LREM se dicen dispuestos a votar, con la oposición parlamentaria, una enmienda parlamentaria destinada a prohibir el velo islámico a las mujeres que acompañan a los niños a la entrada o salida de colegios y guarderías.

Aurore Bergé, portavoz de LREM, es partidaria de esa prohibición, y se dice dispuesta a votar a favor de una propuesta de «Los Republicanos» (LR, derecha tradicional), aspirando a prohibir el velo islámico a la entrada o salida de los colegios. La posición de Bergé divide al grupo parlamentario del partido de Macron.

Portavoz oficial del gobierno, Sibeth Ndiaye -francesa negra, nacida en Dakar, Senegal- ha defendido una posición diametralmente opuesta: «No veo ningún inconveniente en que una mujer musulmana, con velo, participe en las salidas escolares».

Dos ministros influyentes, Jean-Michel Blanquer (Educación) y Bruno Le Marie (economía) han tomado posición contra el velo: «No es deseable que tenga ningún puesto en nuestra sociedad». Por el contrario, otros ministros igualmente más influyentes, como Christophe Castaner (Interior), son mucho más «permisivos», cuando el problema del velo islámico ha vuelto a convertirse en un problema social, en vísperas de la campaña de las elecciones municipales del mes de marzo que viene.

En Francia, el velo islámico integral está prohibido en los lugares públicos desde el mes de octubre de 2010. La legislación ha sido matizada en varias ocasiones. Pero el problema del uso de alguna de las modalidades del velo islámico nunca ha dejado de estar presente en los debates públicos. El crecimiento del islam francés y la multiplicación de incidentes -del uso del burkini a la sucesión de atentados yihadistas- vuelve a convertirlo en tema de inflamable debate.

Xavier Bertrand, personalidad conservadora, ex ministro, con aspiraciones presidenciales, declaró recientemente que el islamismo se había convertido en una «gangrena» para la sociedad francesa. Emmanuel Macron salió al paso de tal declaración denunciado una «falta moral», pidiendo que no se «confunda» el yihadismo con el islam.

La división de su gobierno y su partido, en la Asamblea Nacional (AN), han colocado a Macron en una posición incómoda, al borde del «precipicio» de una trampa peligrosa, cuando los medios franceses le prestan esta declaración, entre un grupo de fieles: «Las amalgamas y estigmatización, en cuestiones de religión, inmigración, radicalización y comunitario es muy peligrosa y nos conduce a la guerra civil».

«Guerra civil» son las palabras que varios medios atribuyen a Emmanuel Macron, en una acalorada discusión «privada». En vísperas de la campaña electoral de las próximas elecciones municipales, el presidente no desea «enemistarse» con la comunidad musulmana (de 5 a seis millones de musulmanes franceses). Y prefiere adoptar un perfil «bajo», evitando la polémica, esperando que sus ministros y diputados eviten los enfrentamientos que han comenzado a estallar.

Personalidades de centro y derecha han pedido a Macron que «clarifique» su posición personal, con un discurso claro sobre su interpretación personal de la laicidad y el puesto del islam en la nueva sociedad francesa. Sus portavoces oficiosos afirman que el presidente está «estudiando» esa cuestión. Pero, de momento, se limita a intentar evitar la «estigmatización» de los franceses de confesión musulmana, sugiriendo un «ecumenismo» que deja sin clarificar problemas inflamables.

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