Machismo, homofobia, xenofobia

Como el gran escritor afirma: «El asunto no es político, sino religioso y familiar», aunque se use políticamente, añado.

VARGAS Llosa escribió el domingo un magnífico artículo, La caza del gay, a propósito del asesinato de un homosexual chileno perpetrado por cuatro bestias autodenominadas neonazis; en él decía que "liberar a América Latina de esa tara inveterada que son el machismo y la homofobia -las dos caras de una misma moneda- será largo, difícil y probablemente el camino hacia esa liberación quedará regado de muchas otras víctimas semejantes". Discrepo de que sea sólo un problema de América Latina; se extiende por todo el mundo, porque, como el gran escritor afirma: "El asunto no es político, sino religioso y familiar", aunque se use políticamente, añado.

Tenemos en España declaraciones recientes que son caldo de cultivo para fraguar esas agresiones; las han formulado altos responsables políticos y eclesiales, con el mismo denominador común: el machismo y la homofobia. Uno de ellos ha sido nada menos que el ministro de Justicia, Gallardón, asegurando que las mujeres "en muchas ocasiones" se ven sometidas a una "violencia de género estructural por el mero hecho del embarazo", sosteniendo que con una red asistencial adecuada no renunciarían a la maternidad, algo que, además de ir contra el derecho de las mujeres a decidir, es falso, porque está estadísticamente comprobado que es lo personal y no las circunstancias sociales lo que las lleva a tomar esa decisión.

A estas manifestaciones se han sumado las del obispo de Alcalá de Henares, que en un sermón, publicitado por una televisión pública, asoció homosexualidad con prostitución y con determinadas ideologías que "corrompen a las personas"; "piensan ya desde niños que tienen atracción hacia las parejas del mismo sexo y a veces para comprobarlo se corrompen y prostituyen". De paso, también increpa a las mujeres que abortan afirmando que "cuando van a abortar a una clínica salen destrozadas… porque el pecado lleva siempre la destrucción de la persona".

Además, hemos oído estupefactos cómo insultan a los andaluces/zas después de las elecciones; en este caso, los autores han sido un sector de periodistas desaforados ante la no obtención de la mayoría absoluta por la derecha; nos han calificado desde vagos a corruptos pasando por otras lindezas semejantes; este pueblo "inculto y subsidiado" ha vuelto a demostrar lo sabio que es, porque, padeciendo como el que más la crisis económica, con un paro descomunal, no quiere tener un Gobierno que, como el de España, le haga retroceder en 100 días lo que había costado alcanzar 100 años. Una mujer, andaluza, lesbiana, de izquierdas, por ejemplo, es algo maligno para estos predicadores machistas, homófobos y xenófobos.

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