Los vecinos de la Sagrada Familia expresan su malestar por la visita

Una de las zonas en las que se ven pocas banderas amarillas y blancas saludando la visita del Papa es, curiosamente, la de la Sagrada Familia. Incluso hay alguna con una leyenda que recuerda a la polémica del AVE: "Queremos al Papa por el litoral". Más allá de creencias religiosas, los residentes del entorno del templo han manifestado reiteradamente su malestar por la invasión de turistas y por las consecuencias que comporta en el barrio: uso intensivo del espacio público, más concentración de descuideros y cambio del comercio de proximidad por tiendas de souvenirs. Ese malestar se ha convertido en enojo indisimulado ante la visita del Papa, por los problemas que les supone y por lo que significa. Así las cosas, la asociación de vecinos de la Sagrada Familia ha expresado en un manifiesto su "enojo" por el trato que dan las Administraciones e instituciones a la visita del Papa. Consideran "excesivo" el apoyo financiero que se le dispensa y creen que comporta un "agravio comparativo" respecto a otras creencias presentes en el barrio "o de las personas que no profesan ninguna convicción religiosa". Rechazan, además, las constantes "injerencias" de la Iglesia que representa el Papa en derechos y libertades de la ciudadanía, especialmente los derechos de las mujeres y de los homosexuales.

Ya en la parte más práctica de la visita del Papa, los vecinos se muestran críticos con las "colosales" medidas de seguridad en el barrio, especialmente en las doce manzanas que rodean el templo. Las restricciones de tráfico, los cambios en el transporte público y la limitación de movimientos a las personas -especialmente el domingo cuando vecinos y comerciantes se deberán acreditar para entrar y salir de sus casas- se empezaron a notar ayer con el corte de circulación en la calle de Provença, entre Sicilia y Marina, de la que se empezaron a retirar motocicletas estacionadas en las aceras. Unos cortes que se incrementarán a partir de hoy.

La visita del Papa también ha airado a unas sesenta entidades ciudadanas, de diversas tendencias, que se han aglutinado en la plataforma Jo no t'espero (Yo no te espero). El acto central de protesta se celebra esta tarde en la plaza de Sant Jaume. El lugar escogido no es gratuito: el centro del poder político en Cataluña, la sede del Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat. "Nos oponemos no tanto a la visita del Papa como a la reacción de las autoridades ante esta visita", detalló uno de los portavoces de la plataforma, Joffre Villanueva.

El colectivo distribuye estos días material contra el Papa. "Tenemos 2.000 banderolas, 4.000 chapas y 20.000 pegatinas. Y algunas ya se están agotando", explicó Fidel González, que se encarga del reparto del material desde una oficina del barrio barcelonés del Raval. "Nos llaman muchos vecinos de Sagrada Familia, que quieren colgar una bandera para protestar por la visita antes de irse. No quieren pasar el fin de semana en casa", sonríe.

Isabel Vila, de 32 años, ha comprado una bandera anti-Papa por tres euros. "Es el representante de una religión y no lo reconozco como jefe de Estado. Por eso me parece mal que se gasten dineros públicos en la visita", detalló Vila, que hizo apostasía y se declara atea.

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