Los ultrarreligiosos «kikos» toman la plaza de Cibeles

Aunque la JMJ ya ha acabado, Madrid cierra su centro para un acto del Camino Neocatecumenal

Quienes creían que con la marcha de Benedicto XVI desaparecería el fervor católico de las calles de Madrid, y con él las incomodidades de las Jornadas Mundiales de la Juventud, se equivocaban. Hoy, el centro de la capital seguía cortado en beneficio de los ‘kikos’ el nombre con el que se conoce a los seguidores del Camino Neocatecumenal, que hoy han dispuesto de la plaza de Cibeles para celebrar un acto con miles de seguidores que han podido ver a su líder, Kiko Argüello.

Este encuentro es ya habitual en el marco de los eventos cristianos internacionales ya que, como ha dicho uno de los participantes, David Cirbián, de 19 años, “nuestro movimiento siempre va a la vez que la Iglesia, porque a ella servimos”.

Apoyo de Rouco
Este movimiento ultraconservador ha conseguido pasar de ser poco más que una secta  a una influyente corriente dentro de la Iglesia, en gran parte gracias al apoyo que les ha brindado el arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Rouco Varela. De hecho, Kiko Argüello es el autor de las pinturas murales que decoran la catedral madrileña de La Almudena.

Cántico de gloria
Este joven y el resto de miles de personas asistentes han cantado, junto a Kiko Argüello, un cántico de gloria en el que decían: “Tomaré sacerdotes que anuncien mi gloria”. Por tanto, este encuentro busca promover las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa, así como a la vida misionera de familias y jóvenes.

El cardenal y arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela (c), durante el encuentro vocacional organizado por el movimiento católico Camino Neocatecumenal (conocido como "Kikos"), que ha presidido esta tarde en la plaza de Cibeles, en Madrid. EFE

Misionero en Sao Paulo
Este es el caso de Juan, un madrileño de 27 años, que lleva un año y medio viviendo como misionero en Sao Paulo, plenamente dedicado al cuidado de su comunidad neocatecumenal y a la evangelización en esta ciudad. Juan no tiene un trabajo remunerado y vive de la “providencia”, pues está “plenamente agradecido a su comunidad y a Dios” por haberle ayudado a encontrar el sentido de la vida, según él mismo ha explicado.

“Es Kiko quien me invita”
También Belén Romero, de 23 años, quiere dejarlo todo para seguir a Cristo a través de la vida consagrada. “No me llama Kiko, sino el señor, pero Kiko invita a responder a esta llamada”, ha indicado Belén, que dentro de pocos meses será religiosa. La vocación también afecta a las familias, que pueden sentirse llamadas a dejar su tierra, su trabajo y sus amigos, para evangelizar en países extranjeros.

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