Los últimos días del reino de Marcial Maciel

Documental transmitido el 26 de septiembre de 2011 por Milenio Televisión. Duración: 30 minutos.
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Comentarios al documental de Milenio Televisión

Tuve la oportunidad de ver el documental “Los últimos días del reino de Marcial Maciel”, transmitido por Milenio Televisión el pasado 26 de septiembre.
 
Las fotografías inéditas mostradas en el programa especial sobre la doble vida del fundador de Los Legionarios de Cristo, son más que elocuentes. El círculo de legionarios que acompañó a Maciel hasta sus últimos momentos conocía, desde años atrás, la doble moral de su mentor espiritual.
 
En 2006, el Vaticano ”sancionó” a Marcial Maciel con el retiro del sacerdocio para “consagrarse a una vida de oración y penitencia”. Los “ejercicios espirituales”  en los que el religioso se ocupó se llevaron a cabo en los destinos turísticos internacionales más costosos, en los que se hizo acompañar de Norma Baños, una de  sus amantes, y  por la hija que ambos procearon, según revelan las gráficas transmitidas durante el programa especial. 
 
Sin al ánimo de demeritar el documental de Milenio Televisión –cuyos testimonios videográficos, hasta hoy inéditos, son demoledores-, considero que faltó incluir el testimonio de uno de los actores insoslayables en este caso: la periodista mexicana Carmen Aristegui, quien fue una de las víctimas de los defensores de Maciel, quienes exigieron el cese del programa Círculo Rojo, transmitido con inusitado éxito por Televisa en el año 2002.
 
Ciro Gómez Leyva, en mi opinión, declinó el compartir créditos periodísticos con otros protagonistas del caso Maciel. Considero que el también director editorial de Milenio pudo ampliar a una hora  el citado documental, y haber incluido una entrevista con Carmen Aristegui , así como el testimonio de los hijos del sacerdote michoacano, transmitido en MVS Noticias en 2010, entre otras inclusiones.
 
Me queda la sensación de que el documental trató  de presentar al líder católico como el único y gran responsable de los abusos cometidos en contra de los ex seminaristas legionarios y de la violación al imaginario voto de castidad, escenario en donde los miembros de la Legión  fueron “sorprendidos” por la doble vida y los abusos de su director  y ahora emprenden un proceso expiatorio en donde la sociedad debe entender y exculpar a los encubridores. ¡Nada más lejos de la realidad!: La complicidad ante la pederastia y abusos de Maciel fueron la regla y no la excepción durante el pontificado de Juan Pablo II y el actual papado de Benedicto XVI, secundados éstos por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y los directores de la propia Legión. No caben aquí los matices ni las indulgencias históricas.
 
En este tenor, Carmen Aristegui, en su libro Marcial Maciel. Historia de un criminal (Grijalbo, 2010), hace un análisis muy puntual:
 
Joseph Ratzinger, como pocos en el Vaticano, ha tenido información directa, durante años, sobre las conductas criminales del fundador de los Legionarios de Cristo. Conoció lo que él mismo describió a principios de mayo como el sistema de relaciones que a Maciel ‘le permitió ser inatacable durante mucho tiempo’. Él sabe de primera mano de lo que está hablando. El caso Maciel, tan siniestro como prolongado, y otros ahora conocidos, coloca al pontífice en el delicado papel de juez y parte. Hoy como nunca, en los tiempos modernos, queda la puerta abierta para llamar a cuentas al más alto jerarca de la Iglesia. El desarrollo democrático de los países, los principios universales de los derechos humanos y la fuerza adquirida por las instancias de justicia internacional, hacen creíble la idea de que hoy por hoy se podría, y debería, enjuiciar a un sumo pontífice (página 22).
 
El caso Maciel, en resumen, sigue abierto. La impunidad de que gozó el religioso michoacano por parte de la jerarquía católica, quien lo encubrió y defendió a ultranza con todos los medios y personeros a su alcance, es un hecho que la historia contemporánea ya ha juzgado. Los saldos son perceptibles y demoledores: tan sólo en Alemania, 180 mil fieles desertaron de las filas de la Iglesia católica en 2010. ¿Son estas cifras el recuento de los daños?
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