Los tabiques de la Fe

Esther Gómez Piqueras no espera al Papa. Mantiene en su balcón una de las seis mil pancartas de la plataforma «Jo no t´espere» que penden en distintos lugares de la ciudad, pese a hacerlo en solitaria minoría en el edificio en el que reside. Socióloga y trabajadora social de profesión, Esther asegura mantener una «muy buena relación» con sus vecinos, Cristina Dupuy y Luis Perdiguer, que han evidenciado su catolicismo practicante colgando una bandera vaticana en el balcón contiguo.

A pesar de ayudarse mutuamente como buenos vecinos durante siete años, las creencias religiosas no afloraron nunca en sus conversaciones. Cristina y Luis cuentan, divertidos, que en un primer vistazo confundieron el conocido lema en rojo con un cartel de «Se vende», «así que pasamos corriendo a comprarles el piso». La realidad evaporó sus ilusiones de hacerse un dúplex con la casa de sus vecinos, al tiempo que destapó la importante brecha existencial que les separaba.

Descubierta la divergencia, ninguno ha ahondado en el asunto, «porque hay mucho que perder y nada que ganar», dice Luis.

Cristianos en «Jo no t´espere»
Esther, que es una de las fundadoras de la plataforma «Jo no t´espere», desmonta el estereotipo generalizado que se tiene de este colectivo, al que se han adherido cerca de 500 instituciones y asociaciones, entre ellas la Federacion Internacional de Ateos, Europa Laica, Lambda y -sorprendentemente- grupos cristianos de base como «Por el derecho a decidir», Dones cristianes y Cristianos por la Paz. «Reunimos sensibilidades muy dispares con un manifiesto común de mínimos» para mostrar «la perspectiva involucionista y ortodoxa de la Iglesia, que atenta contra derechos individuales y colectivos de muchas personas».

Su disconformidad con el Encuentro Mundial de las Familias no se centra tanto en la visita del Papa como cabeza visible de la Iglesia como en «la implicación del Gobierno valenciano con un despliegue organizativo que considera desmedido, y cuyos rendimientos económicos pone en duda. «Sus beneficios son los de cualquier otro evento, que no tiene por qué ser de índole religoso. Creo que nunca vamos a saber el coste de algunas cosas como el 012 o las infraestructuras». Esther no ve además adecuada la imagen internacional que Valencia proyecta por el encuentro católico, «porque no tiene mucho que ver con la forma de ser del valencianos, mucho más abiertos».

Frente a esta opinión, sus vecinos consideran el EMF una oportunidad excepcional para vender Valencia en el exterior. «Cuando no hemos dejado de ser portada por la Copa América ya lo somos por la visita del Papa», sostine Luis. «Si tuviéramos que pagar en dinero toda la publicidad que significa esto habría costado mil veces más -argumenta-. Cada vez que viene el Madrid se desplazan miles de policías, y a nadie le preocupa el coste que tiene esto. Parece que sólo se gasta dinero cuando se trata del Papa».

«Un escaparate de la ciudad»
Para este matrimonio, a punto de debutar en la paternidad, el EMF «es un escaparate de nuestra ciudad, que es la ampliación de tu hogar». Luis, que parte del respeto hacia la posición de sus vecinos, no termina de comprender la ofensiva contra el encuentro; «no veo que aporte nada». «Poner un «no» delante de lo que construyen otros es muy fácil», opina.

La controversia está servida… en la puerta de al lado.

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