Los raelianos quieren abrir una embajada extraterrestre en Perú

En una sala de reunión en un hotel de Miraflores, un grupo de personas hace un pedido imposible: construir una embajada para los extraterrestres.

Uno de ellos es David Uzal, guía de los raelianos en Latinoamérica. Los raelianos son parte de un movimiento espiritual internacional que cree que los elohim son una raza de seres de otro planeta que creó a los humanos a través de experimentos genéticos. Este movimiento fue fundado por el francés Claude Vorilhon, que se autodenominó Rael.

Uno de los objetivos máximos de los raelianos es construir una embajada para que los extraterrestres lleguen a la Tierra. Ellos consideran que Lima es el lugar idóneo para ello. “Imaginen los beneficios económicos”, explica Uzal.  Para él, el tema de fondo es el privilegio: Lima podría recibir a los elohim en su primer contacto oficial con la Tierra luego de siglos.

La elección de Lima responde a dos motivos. El primero, mencionan los raelianos, es que el Perú es un lugar lleno de energía donde los elohim habrían tenido influencia en la época precolombina. La segunda razón no es explícita pero sí algo obvia: están en busca de un país, cualquiera, que acepte la construcción de dicha embajada. De hecho, su primera opción fue Israel, según explican, por pedido expreso de los extraterrestres.

Los seguidores de Rael no han logrado todavía que ningún país les dé el terreno y el permiso para tener una embajada con calidad de extraterritorialidad, esto es, que legalmente ese terreno no se considere parte del territorio de la nación que lo alberga. La embajada implicaría, además, la inmunidad diplomática para quienes albergue, como Rael y otros líderes del movimiento.

Los raelianos no representan a país alguno. No pueden, hablan en nombre de una raza extraterrestre. “¿Pero qué relación más exterior que esta?”, dice Erich Rever, representante en el Perú de los raelianos, respecto a la solicitud para construir esta embajada que enviarán al Ministerio de Relaciones Exteriores.

Entre el 15 y el 22 de este mes, los raelianos del Perú (cuyo número no es certero) y de otros países se reunirán en Santa Eulalia (al este de Lima, en Huarochirí), en un retiro llamado Academia de la Felicidad, en que compartirán las enseñanzas de su fundador.

Aunque consideran que la humanidad no es producto de la creación divina ni la evolución, sino de un experimento científico, y que no hay dios alguno, los seguidores de Rael tienen ciertos puntos en común con otros credos más conocidos y extendidos. Sostienen, por ejemplo, que Rael es el último profeta o enviado de un ser creador. Que con él, acaba el ciclo de elegidos que transmiten un mensaje nuevo y redentor. Rael asegura que lo suyo no fueron visiones, sino una conversación con un alienígena de poco más de un metro de altura en un volcán no muy lejos de la ciudad francesa Clermont-Ferrand.

“Nosotros no queremos convencer a nadie, solo difundir el mensaje”, dice Erich con una sonrisa imborrable. La sonrisa es uno de sus rasgos característicos. “Soy un tipo feliz y deseo serlo por siempre”, añade.

Aquel “por siempre” tiene un sentido amplio al tratarse de un raeliano. Una de sus premisas es que a través de la clonación se puede llegar a la inmortalidad, ese estado atroz que Borges supo criticar. ¿Y qué tal si no les permiten construir la embajada? ¿Si los elohim nunca llegan? En materia de la fe, la respuesta a ambas preguntas resulta irrelevante.

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