Los “pecados” de la Iglesia: ¿Pecados o crímenes contra la humanidad?

El derecho a la Memoria Histórica, inherente a la dignidad humana, es una demanda política y jurídica de alcance internacional, que reivindica a las víctimas de todo tipo de violaciones sistemáticas de derechos. Derecho internacional público que, por primera vez el mundo, reglamenta la comunidad de más de 7.550 millones de seres humanos.

En nuestros días la memoria de las víctimas, como sucede con las víctimas del franquismo, choca de frente con los privilegios de personas e instituciones vinculadas al poder; que tratan por todos los medios de impedir la verdad, la justicia, la reparación y no repetición de los crímenes cometidos. Imponiendo, así, a toda la sociedad los intereses exclusivos de los verdugos a través de la incultura de la impunidad.

El caso de los delitos, muy numerosos, de la Iglesia católica, que se denuncian por todo tipo de víctimas, y que en definitiva son víctimas del Estado Vaticano, está siendo uno de los más masivos, claros y evidentes que se conocen en nuestros días. Pero, pese a todo lo que se sabe por los medios, la mayoría de dichos actos se mantienen en sistemática ocultación, y en total impunidad por parte de la Iglesia.

De un tiempo a esta parte, se multiplican las denuncias públicas de grupos de víctimas y de los familiares en distintos países, apoyados en grupos de luchadores sociales y democráticos, que ponen de manifiesto comportamientos ilegales de funcionarios vaticanos, que en muchos casos afectan también a las altas jerarquías católicas, a los que se acusa de pederastia clerical. Esto ha venido a fomentar la división de la institución religiosa, con todo tipo de escándalos, destituciones, y desplazamientos de los implicados…, con peticiones de dimisión que afectan al mismo jefe vaticano por supuesto encubrimiento de pederastas. Se sabe que, cuando el “Papa” fue Arzobispo de Buenos Aires, ya encubrió abusos de curas, que fueron amonestados desde su autoridad por violar el celibato, pero no por violación de niños.

Constatamos que las denuncias de abusos, torturas, pederastia, se han multiplicado en el momento de las visitas papales a diferentes países como es el caso Perú, Chile, EEUU. En Europa son también miles de casos los que se han dado a conocer recientemente en Alemania, Italia, Irlanda …

Las denuncias realizadas desde hace años se han venido ocultando a la opinión pública de forma sistemática en todas partes. Las autoridades civiles han hecho todo lo posible para ocultar los delitos de la Iglesia, como si no fuese una cuestión que debe resolverse con las leyes de los hombres. Ha sido el “Papa”, personalmente, quien ha tratado de reducir el alcance de las denuncias presentadas, reuniéndose con algunas víctimas a las que ha pedido perdón en nombre de los verdugos. Perdón para delitos penales a los que la Iglesia llama “abusos”, y califica moralmente de “pecados”.

En varios países han surgido organizaciones sociales de víctimas de los crímenes de la Iglesia, que han comenzado la movilización pública. En un acto en el que han participado varios miles de personas, celebrado recientemente con ocasión de la visita del “Papa” a Irlanda, se venía a exigir a la Iglesia acciones concretas más allá de las palabras. Manifestando que “hace falta un tribunal que investigue todas las acusaciones, y que los responsables sean castigados de verdad y metidos en la cárcel si es necesario, que sus nombres queden manchados para siempre”.

Estas manifestaciones son el resultado de una primera oleada de actos demandando justicia, y ello significa que ha comenzado a romperse el silencio establecido y que es la hora de ir a por la impunidad impuesta desde el poder. Impunidad histórica, moral y penal, que para que sea derrotada necesita de una amplia movilización internacional, dado que la Iglesia no es sino una organización muy poderosa y adinerada, presente en la casi totalidad de los países del mundo. El alcance del número de víctimas es incalculable, sólo en EEUU se conocen unos 100.000 casos  de abusos, y violaciones perpetrados contra niños y niñas, es decir de víctimas de la Iglesia.

En una reciente investigación, realizada por Ricard Belis y Montse Armengor, sobre los internados de la Iglesia en Argentina, que lleva por título “Los internados del miedo”, recogen el relato de testimonios de “víctimas de violaciones, abusos, torturas, operaciones experimentales, venta, e incluso trabajo esclavo”. El principal argumento de los Estados para no juzgar dichos delitos es el de la prescripción de los mismos, pero como veremos a continuación, por la naturaleza de los mismos, esos delitos no prescriben.

No se habla, por tanto, de cualquier tipo de “abuso”, o de” exceso”; se habla de graves delitos que están calificados como “crímenes contra la humanidad”, es decir como actos inhumanos que conoce graves sufrimientos o atenta contra la salud mental o física de quienes los sufre, siempre que dichas conductas se cometan como parte de un ataque generalizado o sistemático contra la población civil y con conocimiento de dicho ataque. Tal y como se establece en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional.

La Iglesia católica y en consecuencia el Estado Vaticano puede ser responsable de muchos miles y miles de hechos internacionales ilícitos en numerosos países del mundo, como comportamientos atribuibles a un Estado, o como violaciones del derecho internacional humanitario que pueden dar lugar a que se exija responsabilidad penal internacional de los autores de dichos crímenes. Resulta que a la luz del derecho internacional, los llamados “pecados” de la Iglesia católica, no son sino crímenes: probables crímenes contra la humanidad.

La Iglesia Española, financiada y protegida por la impunidad del régimen de la monarquía, ha logrado ocultar durante mucho tiempo todo tipo de crímenes cometidos por sus funcionarios, aunque la población que los ha sufrido no dejado de darlos a conocer. Aún y así comienza a aparecer casos de robos de niños, de abusos sexuales, de esclavitud de trabajadores, de complicidad con los pelotones de fusilamiento en la guerra y en la posguerra … cuyo conocimiento puede multiplicarse con rapidez en cualquier momento favorable para la lucha por la verdad de los hechos y la democracia. En los medios (Change.org) se lleva adelante en estos días una campaña que lleva unas 46.000 firmas recogidas a favor de que los delitos cometidos por la Iglesia no prescriban.

La necesaria coordinación internacional de las víctimas del Estado Vaticano en tantos países debería poder efectuarse, llevando a cabo las acciones y demandas necesarias para arrojar luz y justicia internacional sobre los crímenes de la Iglesia Católica.

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