Los países musulmanes exigen medidas concretas contra la islamofobia tras la masacre de Christchurch

El ministro de Exteriores de Nueva Zelanda, Winston Peters, en la rueda de prensa tras la reunión de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) en Estambul este viernes. YASIN AKGUL AFP

Erdogan asegura al ministro de Exteriores neozelandés que sus compatriotas serán bienvenidos en Turquía después de haber dicho que los devolvería en “ataúdes” si albergaban sentimientos antimusulmanes

Los estados miembros de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI)exigieron hoy “medidas concretas, exhaustivas y sistemáticas” para luchar contra la islamofobia, a la que ven como causante de la reciente matanza en Christchurch (Nueva Zelanda), en la que 51 personas fueron asesinadas por un ultraderechista en dos mezquitas y sus alrededores. La reunión fue convocada de urgencia por Turquía, que ejerce la presidencia rotatoria de esta organización que engloba a los países de población musulmana.

En su comunicado final, la OCI propuso convertir el 15 de marzo -fecha de la masacre- en Día Internacional de Solidaridad contra la Islamofobia; pidió medidas técnicas para que las redes sociales prohíban todo contenido que pueda incitar a la violencia contra los musulmanes y exhortó a los Gobiernos del mundo a abstenerse “de toda política, declaración o acto asociando el islam y el terrorismo” y a “no imponer restricciones a los derechos y libertades” de los musulmanes, así como a “garantizar su libertad de culto”. Eso pese a que la organización tiene sede en Arabia Saudí, país donde está prohibida cualquier expresión religiosa no islámica en público.

“De la misma manera que se combatió el antisemitismo tras la tragedia del Holocausto, la humanidad debe combatir con la misma determinación el odio al islam que está en auge”, dijo el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, y pidió también que “las organizaciones neonazis” sean consideradas “estructuras terroristas, tal y como el Estado Islámico”.

La cita en Estambul contó con la presencia del ministro de Exteriores de Nueva Zelanda, Winston Peters, despachado por la primera ministra Jacinta Ardern para “confrontar” el uso político que ha hecho el presidente Erdogan del acto terrorista. El presidente turco se ha tomado el suceso como un ataque personal -no en vano, es mencionado en el manifiesto del autor de la matanza, Brenton Tarrant como objetivo a asesinar- y lo ha utilizado como material electoral para espolear los sentimientos islamistas y nacionalistas de sus seguidores de cara a las elecciones municipales turcas del próximo 31 de marzo. Cada día emite ante sus seguidores el vídeo grabado por Tarrant mientras disparaba a sus víctimas (el mismo vídeo que empresas como Facebook o Twitter han eliminado de sus plataformas), la última ocasión apenas un par de horas después de salir de la reunión de la OCI.

El mandatario turco incluso ha llegado a decir que aquellos australianos y neozelandeses “con sentimientos antimusulmanes” serían devueltos a su casa “en ataúdes”, de mismo modo que “sus antepasados”. La referencia es a la batalla de Galípoli, iniciada en 1915 y en la que los soldados del Imperio otomano se defendieron con éxito del ataque del Cuerpo de Ejército Australiano y Neozelandés (ANZAC) a las órdenes del Imperio británico. Estos comentarios han enfurecido a las autoridades de Nueva Zelanda y Australia ya que, cada año, cientos de australianos y neozelandeses descendientes de los caídos en aquella batalla, viajan a Turquía para rendir homenaje a sus antepasados.

El jefe de la diplomacia neozelandesa aseguró que se han limado asperezas con las autoridades turcas y se han solucionado los malentendidos. “Nos ha prometido que [los neozelandeses y australianos] serán bienvenidos como siempre lo han sido”, explicó Peters, quien se reunió brevemente con Erdogan durante la reunión de la OCI. El ministro reiteró, como anteriormente había hecho la policía de su país, que el ataque de Christchurch es obra de un lobo solitario y no de una organización. “En este momento, estamos muy seguros de que [Tarrant] actuó en solitario”, subrayó y prometió que se enfrentará “a todo el peso de la ley” y “pasará el resto de su vida en aislamiento en una prisión de Nueva Zelanda”.

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