Los obispos y las elecciones

Los obispos españoles apoyarán una vez más en estas elecciones las candidaturas de la derecha. Lo grave, sin embargo, no es este hecho en sí, sino las crecientes evidencias que apuntan a que la jerarquía católica busca la restauración del nacional-catolicismo y está dispuesta a utilizar su influencia sobre los partidos de la derecha para lograr este objetivo, que incluye la imposición de su particular visión ética y moral al conjunto de la sociedad. Recientemente, el cardenal de Toledo, Antonio Cañizares, afirmó que “una España unida sería una España más católica”. Lo mismo sostiene el arzobispo de Madrid, Rouco Varela: “España será católica o dejará de existir como tal.” Estas declaraciones reflejan una involución que retrotrae a Iglesia Católica a épocas del pasado y la aleja de los valores de nuestro marco constitucional.

Otro hecho que debería escandalizar a los católicos es la hipocresía y escarnio que la jerarquía de la Iglesia o entidades vinculadas a la misma ejercen, día tras día, con respecto a los valores y principios recogidos en el Evangelio. ¿Cómo habría que enjuiciar la incesante campaña de calumnias que la COPE lleva a cabo contra personas que se oponen a sus planteamientos radicales?

Muchos católicos no entienden por qué los obispos piden el voto para un partido que apoyó una guerra ilegal y justificada en base a mentiras, como es la de Iraq, que se ha cobrado 700.000 víctimas inocentes. El ataque contra Iraq fue objeto incluso de una condena del Papa Juan Pablo II, que fue olímpicamente ignorada por el ministro de Defensa de Aznar, el opusdeísta Federico Trillo. Cabría preguntarse además por qué los obispos nunca se han manifestado en estos años contra esta guerra brutal.

Por otro lado, ¿cómo pueden explicar los obispos su apoyo a las tesis de la derecha radical, favorables a la defensa de los intereses privados por encima de los públicos? ¿Acaso la privatización, total o parcial, de servicios públicos que la derecha ha venido defendiendo y aplicando no supone una agresión contra los derechos de los más desfavorecidos, a los que Jesús dijo que venía a servir?

En realidad, con tales pronunciamientos y con su actitud, responsable en gran medida del actual clima de crispación, la Iglesia está logrando por sí sola aquello de lo que ha estado acusando siempre a otros: su continua pérdida de influencia dentro de la sociedad.

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