Los obispos piden un pacto sobre Educación

Respiro de alivio en las filas episcopales: la clase de Religión continúa, más o menos, como estaba. Pero, ante los continuos cambios en la asignatura y en el sistema educativo, la Iglesia’ pide un «pacto sobre Educación», al tiempo que denuncia la «fobia» del Gobierno a la enseñanza. Temen que el Estado utilice la plataforma escolar para intentar «adoctrinar».

Con el realismo que siempre le caracteriza, el cardenal Amigo, arzobispo de Sevilla, aboga «por un pacto de consenso sobre Educación, porque no se puede estar permanentemente en esta situación de inseguridad y que los profesores, padres y alumnos se pregunten qué van a hacer a cada inicio de curso escolar». A su juicio, «muchos profesores y padres de familia se han levantado con un nuevo dolor de cabeza» porque esta situación «no es positiva para la Educación, la familia, la escuela y la sociedad».

Mientras llega el pacto, los obispos acusan al Gobierno de «fobia a la educación religiosa» que, como dice el obispo de Jerez, monseñor Del Río, «sirve de excusa para tratar de desterrar los valores de la cultura católica de los corazones y de las mentes de las nuevas generaciones» y «arrinconar la presencia social de la Iglesia en nuestro país». O, como dice el obispado de Almería, se arrincona la Religión «como proceso previo a su eliminación».

En la misma línea, el arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, líder de la línea dura del episcopado, considera que el Gobierno está devaluando la clase de religión, porque «no se equipara con una materia fundamental» y, además, «cercena la libertad de los padres de elegir la formación religiosa para sus hijos conforme a sus convicciones morales y religiosas».

Según el Primado de España, con las continuas «trabas» que pone a la Iglesia, el Gobierno está atacando los derechos de todos los ciudadanos e intentando «adoctrinar desde el Estado desde una ideología concreta». El ex secretario del episcopado y obispo de Sigüenza-Guadalajara, José Sánchez, también teme que, a través de la nueva asignatura de ‘Educación para la ciudadanía’ «se pueda colar la ideología del Estado».

Mientras la Iglesia católica no quiere perder la hegemonía cultural, los evangélicos apoyan la reforma del Gobierno socialista y piden que los libros de religión «abandonen los conceptos atávicos y los prejuicios que, hasta ahora, incluían respecto al protestantismo». Por ejemplo, llamar a Lutero «monje rebelde» o tachar el protestantismo de «herejía cristiana», explica el portavoz de la Alianza evangélica española, Pedro Tarquis.

Otro de los sectores implicados, los profesores de religión católica, están divididos ante la reforma. La Federación de Profesores de Enseñanza Religiosa (Feper) califica de «satisfactoria» la propuesta, «porque todas las partes implicadas podemos hacer un esfuerzo y buscar una solución definitiva a este conflicto». En cambio, la Unión Sindical Independiente de Trabajadores tacha la reforma de «un mar de confusión» y denuncia el que no se haya tenido en cuenta la situación en que quedan «más de 14.000 docentes de Religión y Moral Católica» y «la estabilidad de estos docentes».

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