Los obispos, la familia tradicional y la derecha gobernando

Este domingo vuelven los cardenales y los obispos a montar una concentración ultramontana en la calle, concretamente en la plaza de Colón, tan cerca, por cierto, de Génova 13. El acto será multitudinario. Pero, en todo caso, todas las terminales mediáticas de la caverna multiplicarán la cifra de asistentes para dar así la impresión del gran éxito obtenido por la jerarquía de la Iglesia católica. Todo este tinglado –que poco o nada tiene que ver con la doctrina de Jesús de Nazaret- lo encabeza monseñor Antonio María Rouco Varela, uno de los muchos jerarcas integristas, en lo religioso y en lo político, que bendicen a los conservadores y maldicen a los progresistas.

Salen los feligreses a la calle para enaltecer a la familia tradicional y para advertir hasta la saciedad de los peligros que -según la carcunda clerical- se ciernen sobre los seres humanos a través del laicismo. Ni laicismo ni relativismo. Ni tampoco el librepensamiento. Y menos aún, el feminismo. La mayoría de los brujos de la tribu católica actúan tratando de imponer por doquier el dogmatismo. Como les gusta el pasado –que era cuando ellos mandaban mucho más que ahora- añoran los tiempos en los que el poder político y el poder católico eran complementarios el uno con el otro y viceversa. ¡Qué épocas tan hermosas cuando el Caudillo de España por la Gracia de Dios caminaba en los templos bajo palio, como si él fuera el Santísimo. Mientras, las gentes iban a misa muchas de ellas a golpe de bayoneta.

Tufillo insoportable
El acto del domingo –que albergará broncas diversas e insistentes contra el Gobierno Zapatero- parece que ha convertido al obispo de Alcalá, Juan Antonio Reig Plá, en autoridad eclesiástica emergente. Sus teorías en torno a la violencia de género –más practicada tal violencia en parejas no casadas por la Iglesia- tienen un tufillo retrógrado, insoportable. Han servido para calentar el ambiente y de este modo reclutar asistentes al mitin de los monseñores. Su aseveración de que aquellos que no acudan a la misa de la plaza de Colón “pecarán por omisión” nos conduce por el túnel del tiempo a los años del Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona o los sermones del norteamericano Padre Peyton, abogando por el rezo del rosario en familia. O sea, que “la familia que reza unida, permanece unida”.

El púlpito de El Gato al Agua
Reig Plá es un enfervorizado obispo, protegido por Rouco Varela y, al parecer, por el mismísimo Benedicto XVI. Fluctúa entre el Partido Popular y, directamente, la extrema derecha. Ha sido obispo de Segorbe-Castellón, de Murcia-Cartagena y ahora lo es de Alcalá. Buen amigo de Julio Ariza –aspirante a magnate mediático de la derecha radical-, el púlpito que escogió Reig Plá para lanzar su soflama contra las parejas que no han pasado, o no quieren pasar, por la Vicaría, fue el otro día el programa de Intereconomía El Gato al Agua. Hace dos años, más o menos, este obispo montaraz ofició una misa en el cementerio de Paracuellos, con Blas Piñar y sus camaradas franquistas presentes. En el altar lucía la bandera del aguilucho. Es decir, la bandera de la dictadura. En Cartagena, Reig Plá puso en marcha “brigadas” callejeras, neofascistas, a favor de la virginidad, contra el aborto y contra el matrimonio entre homosexuales.

No sólo la familia tradicional
La movilización episcopal del domingo no sólo pretende resucitar a la familia tradicional –como si fueran malvados otros modelos familiares-, sino que, en el fondo, lo que pretende es también el retorno al régimen político tradicional en España, con la derecha y la Iglesia gobernando, como ha sucedido durante muchos siglos. ¿Pero cómo los jerarcas católicos –salvo alguna que otra excepción- pueden aprobar un régimen democrático, si la Iglesia funciona sin democracia y el Vaticano es el único Estado teocrático que queda en Europa?

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