Los obispos gallegos siguen sin comprender que la aconfesionalidad debe mantener las instituciones al margen de las ceremonias religiosas

Una vez más los obispos pretenden mantener el confesionalismo institucional mediante la participción de los representantes públicos, en este caso los alcaldes, en un acto donde deben realizar una invocación religiosa en nombre de sus ciudades en la catedral de Lugo.

Los nuevos alcaldes de algunas ciudades, como Santiago, entienden que el respeto al conjunto de la ciudadanía les impide asistir a ceremonias religiosas, que forman parte de las creencias particulares.

Así ante la negativa de algunos alcaldes a asistir a dicha ceremonia los obispos han respondido según recoge esta información publicada en El Faro de Vigo:

La Iglesia gallega alega que la «laicidad» del Estado respeta la variedad de convicciones

Los obispos afirman que los representantes políticos no acuden a la Ofrenda de Lugo «como personas privadas, sino en su función pública»

Los obispos de la provincia eclesiástica de Santiago respondieron ayer a la negativa de los futuros alcaldes de Santiago y A Coruña. Martiño Noriega y Xulio Ferreiro, de no asistir a la tradicional Ofrenda de las siete ciudades del Antiguo Reino de Galicia al Santísimo Sacramento que se celebra mañana en Lugo en defensa de la «laicidad institucional» recalcando a través de un comunicado que los representantes políticos «no acude a este acto como persona privada, para expresar sus convicciones ideológicas personales, sino en su específica función pública».

El Obispado de Lugo no se plantea cambios en la ceremonia de la Ofrenda aunque falte la representación institucional y estudian la forma de celebrar el ritual en el caso en que el alcalde compostelano finalmente cumpla con su negativa de pronunciar la invocación. En este caso, se baraja la designación de «una persona de cierta relevancia en el mundo de la cultura» para que actúe en representación de la ciudad de Santiago y y realice la ofrenda en representación de los compostelanos.

Los obispos, en su escrito, consideran que la «laicidad» del Estado «significa que éste, en sus responsables e instituciones, no hace propia ninguna ideología -ateísmo, por ejemplo- o religión, por tanto, las impone a las sociedad; sino que, al contrario, afirma el respeto y la promoción de la libertad y de los derechos de los ciudadanos, tanto en su vida individual como comunitaria. Por tanto la laicidad del Estado respeta y promueve la variedad de convicciones existentes en la sociedad».

Noriega justificó su postura y destacó que Compostela Aberta defendió durante la campaña una institución laica para Santiago, «posición justificar en la separación Iglesia-Estado y en la necesidad de que todos los actos institucionales donde participe el Ayuntamiento tengan una naturaleza civil». Una posición que parte «de la creencia de la libertad religiosa de cualquiera cargo público y también de la creencia de que el espacio del religioso no debe encontrarse en los actos institucionales participados por las administraciones públicas que representan a todos y a todas», apuntó.

Los obispos, por su parte, apelan al artículo 16 de la Constitución Española, que defiende la libertad de todos «afirmando la no confesionalidad del Estado e, igualmente, comprende el valor de la relación con una parte tan significativa en nuestra sociedad como es la Iglesia católica».

Por último destacan que, en el caso de la Ofrenda de las siete ciudades, se trata de una tradición con raíces muy profundas en la historia de Galicia. «Más aún, es el único gesto público que todavía se refiere al Antiguo Reino de Galicia y responde a nuestra cultura y religión de siglos».

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