Los obispos del lujo

El cardenal Tarcisio Bertone, el ya exobispo de Limburgo o el arzobispo de Atlanta son algunos ejemplos de prelados que sucumbieron a la tentación del dinero y el derroche

"San Pedro no tenía cuenta en el banco", dijo hace menos de un año el Papa Francisco durante una de sus tradicionales homilías. El Pontífice, pocos días después de su elección, ya dejó patente el cambio de ciclo que se avecina en el Vaticano al expresar su deseo de lograr una "Iglesia pobre, para los pobres".

No es difícil imaginar, por tanto, la indignación que debe tener Jorge Bergoglio ante un nuevo escándalo de derroche en la Iglesia. En esta ocasión del que fuera secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, que ha saltado ahora a la palestra por el ático que se está construyendo en el centro de Roma: una lujosa vivienda de 700 metros cuadrados, diez veces mayor que la pequeña estancia que ha elegido el Pontífice en la residencia de Santa Marta, y que ocupará junto a varias monjitas que se dedicarán a las labores domésticas. Algo, sin embargo, habitual -al menos hasta hace poco- en las personas de su rango, acostumbradas a vidas de ostentación que incluyen casas amplias, coche con chófer, servicio doméstico y secretario personal.

Pero Bertone es un caso más de los últimos que han escandalizado a la opinión pública. El obispo de la diócesis alemana de Limburgo, Franz-Peter Tebartz-van Elst, se vio obligado a presentar su renuncia (aceptada por el Papa el pasado mes de marzo) al trascender el coste real de la remodelación de la residencia episcopal: 31 millones de euros, 26 más de los que tenía presupuestados. Un palacio que incluía un comedor privado de 63 metros cuadrados valorado en casi tres millones de euros y una exclusiva bañera de 15.000. Unos caprichos demasiado caros para alguien que juró cumplir con su voto de pobreza.

Al otro lado del océano se repitió pocos meses después la misma historia. El arzobispo de Atlanta, Wilton Gregory, tuvo que publicar una carta dirigida a sus fieles en la que se disculpaba por los gastos de remodelación de su nueva residencia, que ascendieron a 2,2 millones de dólares (más de 1,5 millones de euros) y anunciaba su intención de venderla. La paradoja es que se trataba de una villa que recibió la diócesis como regalo de Joseph Mitchell (el sobrino de la escritora Margareth, la autora de 'Lo que el viento se llevó'), se supone que para ayudar a los más necesitados.

En la misma línea, la ambición desmesurada de monseñor Nunzio Scara le ha llevado hasta la cárcel. El prelado italiano fue detenido el pasado mes de junio acusado de blanquear dinero haciéndolo pasar por donaciones a los pobres. Conocido también como 'monseñor 500' por su afición a los billetes de esta cifra, disponía y se jactaba de tener pisos de 400 metros y varias cuentas repletas de dinero en el IOR, el banco vaticano.

Estos cuatro casos chocan con el deseo del Papa de que los discípulos de Pedro sean "humildes y austeros, en medio del rebaño, con olor a oveja y no en los aeropuertos" y sus críticas a la riqueza y la vida mundana dentro de la Iglesia. Confiemos en que el 'efecto Francisco' cale hondo entre los prelados y se dispongan a predicar con el ejemplo y a llevar hasta las últimas consecuencias uno de sus votos: la pobreza.

cardenal Beertone

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