Los obispos cuestionan de nuevo la Educación para la Ciudadanía. Temen que «abra una puerta al adoctrinamiento»

El portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Juan Antonio Martínez Camino afirmó ayer que “el Estado no puede dictar a través del sistema educativo” cuestiones de tipo moral o religioso, y expresó su temor por que la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía “abra una puerta al adoctrinamiento” y hable “de tipos de familia, entre ellos las homosexuales”. “Tenemos serias dudas de que las páginas redactadas (del borrador de esta materia) respeten el principio de neutralidad del Estado”, puntualizó.

Camino realizó estas declaraciones al finalizar la jornada de estudio en torno a esta nueva asignatura, que será obligatoria a partir de 2007 para alumnos de primaria y secundaria. El portavoz de la Conferencia Episcopal afirmó que, dependiendo de cómo se estructure, la materia “puede ser positiva o colisionar con los derechos fundamentales de los ciudadanos, concretamente los de los padres, que tienen derecho a elegir libremente la educación de sus hijos de acuerdo con sus convicciones religiosas o morales”.

Objeción de conciencia
La Conferencia Episcopal aboga por la “objeción de conciencia” de esta asignatura si se comprueba “que invade cuestiones de moral, o sobre el bien y el mal, o sobre la educación de conciencia de los alumnos”. Sin embargo, matizó que no van a pedir a ningún padre que practique esta objeción de conciencia, ya que ellos tienen por sí mismos “todo el derecho del mundo a oponerse a que sus hijos estudien algo que va en contra de sus convicciones”.

Carácter optativo
Martínez Camino declaró que el problema suscitado en torno a Educación para la Ciudadanía se resolvería si tuviese carácter optativo en lugar del obligatorio que se plantea desde el Gobierno. Otra de las posibilidades que plantea la Conferencia Episcopal es convertir esta asignatura en la materia alternativa a la religión.

La jornada de estudio sobre Educación para la Ciudadanía, que se celebró ayer en la sede de la CEE, estuvo presidida por su presidente, Ricardo Blázquez, y se desarrolló en torno a cuatro ponencias sobre la educación y el deber de neutralidad del estado.

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