Los niños robados y la realeza

Sus Majestades no tienen tiempo de recibir en audiencia a estos colectivos que representan a muchos miles de familias españolas afectadas durante casi noventa años

“La Ley se ha pervertido bajo la influencia de dos causas muy diferentes: el egoísmo carente de inteligencia, y la falsa filantropía”, sentenciaba a principios del siglo XIX el economista, pacifista y escritor francés Frédéric Bastiat. Porque se suele confundir la caridad con el derecho, el altruismo con la justicia, y la manipulación velada con la verdad.

Recientemente las asociaciones de familiares de niños robados del franquismo habían solicitado una audiencia con el Rey, Felipe VI, a quien pretendían poder expresar sus problemas, sus angustias, su impotencia ante la pasividad de la Justicia y el resto de instituciones españolas de cara a sus legítimos y muy entendibles requerimientos; relativos, especialmente, al archivo masivo de sus denuncias; archivo consecuente a la paralización de cualquier investigación y cualquier proceso, en este tema, desde que desgobierna el gobierno del Partido Popular.

La respuesta de la Casa Real ha sido inaudita. Según han relatado a la prensa representantes del colectivo, se ha negado a conceder esa audiencia alegando que “en estos momentos el tiempo disponible para atender audiencias es muy limitado”. Teniendo en cuenta que los reyes suelen conceder audiencias hasta a los afectados por las picaduras del mosquito maltés, en serio, quería decir a colectivos y personajes de lo más variopinto, como es su deber, sorprende que ante este colectivo tan castigado, tan numeroso pero tan indefenso durante décadas, tan escondido, incluso a lo largo de la democracia, los reyes de España muestren tal insensibilidad, tan poca disponibilidad y tan poco aprecio.

Mirando la agenda de los reyes en la web de la Casa Real, vemos que, por ejemplo, el próximo 10 de octubre el rey concederá una audiencia a una representación de los equipos españoles femeninos que han participado en los campeonatos europeos de waterpolo y natación. Nada que alegar; por supuesto que apoyar el deporte es encomiable, además de necesario. Pero recibir a una representación de deportistas y nadadoras de élite, y rechazar un encuentro, “por falta de tiempo”, con un colectivo víctima durante décadas de una atrocidad tan espantosa como es comerciar con la vida de bebés recién nacidos pues, la verdad, me parece increíble e indignante.

Recordemos que el robo de niños ha sido un crimen organizado, crimen de lesa humanidad, que empezó en la Guerra Civil y ha perdurado hasta los años 80, afectando a más de 30.000 niños, que, de una parte, buscaba, en un principio, “eliminar el germen marxista” de los vencidos, los defensores de la República, y de otra, de paso, hacer un buen negocio con la venta de criaturas recién nacidas; pasando por la complacencia insana y monstruosa de los que, jugando a ser dioses, ejercían un aberrante e inhumano dominio sobre las vidas ajenas más desprotegidas y vulnerables.

 
 

Una grotesca trama criminal, muy bien urdida y organizada por los adalides ideológicos del franquismo, la Iglesia católica, médicos, monjas, abogados, todos ellos aliados en una maquinaria precisa que conseguía robar niños recién nacidos que acababan, bien en orfanatos católicos, bien en manos de familias adoptantes adeptas al régimen, previo pago, por descontado. Muchos miles de niños alejados de sus familias, humillados, adoctrinados, vejados, privados de su identidad; muchos miles de españoles que en la actualidad superan la mayoría los cuarenta años, que aún no saben quiénes son, y cuyo desvalimiento continúa ante un Estado español, supuestamente democrático, y unas instituciones públicas que se niegan a desenmascarar la terrible trama.

Pues bien, sus Majestades, al parecer, no tienen tiempo de recibir en audiencia a estos colectivos que representan a muchos miles de familias españolas afectadas durante casi noventa años por este horror. Quizás tenga que ver en ello el hecho de que fue el dictador quien reinstauró la monarquía. Eso sí, algunos miembros de la familia real presidirán el próximo 8 de octubre, como es de rigor y como dios manda, la mesa de honor del Día de la Banderita. Y llegados a este punto se me antoja más que oportuno recordar la lúcida cita de Bastiat sobre la falsa filantropía.

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