Los ministros de Cultura y de Política Territorial y Función Pública, junto a otras autoridades, en la misa funeral por Montserrat Caballé

El funeral por el eterno descanso de Montserrat Caballé, fallecida el pasado 6 d octubre, se hizo como ella quería: abierto a la gente de su ciudad. El lugar escogido no fue su Liceu, sino la catedral de Barcelona; las entradas se tenían que pedir por internet, agotándose en solo unas horas. Poco más de 450 fueron los afortunados, ya que el limitado aforo del templo debía albergar además a más de 200 intérpretes. Admiradores y amigos acompañaron al mediodía del sábado a la familia de la legendaria cantante que organizó la ceremonia contando con el generoso apoyo del Liceu –que movilizó desde sus músicos hasta la archivera–, del arzobispado y de Televisión Española, que retransmitió en directo un acto en el cual la música se tornó en protagonista, ya que se interpretó el ‘Réquiem’ de Verdi, una espectacular misa cantada que Montserrat Caballé había elevado a cotas insuperables en sus interpretaciones de leyenda.

Ni Torra ni Colau

Una ola de afecto se hizo presente en este emotivo homenaje que intentaba consolar a su viudo, Bernabé Martía sus hijos, Montserrat y Bernabé, a su hermano Carlos, a sus sobrinas, nietos y demás familia que asistieron al acto desde la banda opuesta en la catedral a la de la delegación de políticos y autoridades. Entre estos últimos se encontraban la ministra de Política Territorial y Función Pública, Meritxell Batet, el ministro de Cultura, José Guirao, la consejera de Cultura de la Generalitat, Laura Borràso y la directora del Instituto Nacional de Artes escénicas y de la Música, Amaya de Miguel, entre otras autoridades, no así ni el president Torra ni la alcaldesa Colau.

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