Los militares turcos, contra el islamismo de Erdogan

El primer ministro turco Erdogan tiene dificultades. La sociedad turca se encuentra cada vez más dividida entre los que ansían entrar en la UE, como un paso adelante en la democratización y desarrollo económico del país, y los que ya no están tan a favor, por sentirse humillados ante los reiterados rechazos del selecto club. También hay un enfrentamiento abierto entre los islamistas y los laicistas que se traduce en la política represiva de Erdogan contra la disensión y contra los militares que denuncian la imposición religiosa.

Y, por si fuera poco, persiste la resistencia del nacionalismo de la mayoría turca que no acepta las diferencias étnicas, que persigue a los intelectuales que defienden a las minorías y que no reconocen el derecho de los millones de kurdos y armenios a un idioma, una cultura y una tradición muy distinta de la turca.

El Ejército turco nunca ha dudado en intervenir cuando consideraba que el Ejecutivo no se ajustaba a los principios de laicidad y unidad nacional establecidos por Atatürk. Por eso el arresto, la semana pasada, de 49 militares, acusados de preparar un levantamiento ha hecho saltar las alarmas en Turquía y en el exterior. Este hecho es la manifestación más evidente de la fractura que vive el país, entre los que quieren un Estado islamista y los que desean que siga siendo laico.

A la vista de los hechos, Turquía está muy lejos de poder entrar en la Unión Europea mientras no proteja los derechos humanos, se comporte como un Estado laico, aplique la justicia en términos democráticos y garantice la posición del Ejército al servicio del Gobierno civil.

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