Los laicos desmontan el belén

En Francia no hay tregua navideña en la cruzada contra la presencia de símbolos religiosos en los espacios públicos

En Francia, paraíso del laicismo, la cruzada contra la presencia de los símbolos religiosos en los espacios públicos ya no conoce ni tregua de Navidad. El tribunal administrativo de Amiens acaba de prohibir la instalación de un belén en la plaza de Montiers, un pueblo de 450 habitantes y no se sabe cuántas almas de la región de Picardía (norte del país).
Los jueces se han fundamentado en la ley de 1905 sobre la separación de las iglesias y del Estado que en su artículo 28 prohíbe erigir o fijar ningún signo o emblema religioso en los monumentos públicos o cualquier emplazamiento público. Esta disposición ya facultó en enero al tribunal administrativo de Rennes a anular la subvención de 4.500 euros concedida por el Consejo General de Morbihan (Bretaña) para la realización del pedestal de una estatua de Juan Pablo II.
Ahora, en virtud del mismo principio de neutralidad del servicio público respecto a todos los cultos, los laicos han desmontado el belén de Montiers. Mejor dicho, han conseguido que el nacimiento sea desplazado a las tapias del cementerio, una parábola involuntaria de la brevedad de la vida. El alcalde, Xavier Deneufbourg, se escuda en que la sentencia únicamente anula la decisión municipal, adoptada en 2008, de instalar un belén en la plaza.
El veredicto, que puede sentar jurisprudencia, es el fruto de un recurso del anterior alcalde, Claude Debaye, un maestro jubilado simpatizante del movimiento El Libre Pensamiento. «La grandeza de la laicidad es el respeto de todas las religiones sin dar prioridad a ninguna. La religión debe permanecer en el ámbito de lo privado», pregona este partidario de dejar al niño Jesús en casa al calor del hogar. «¡Pero si él organizaba en el pueblo la búsqueda de los huevos de Pascua!», se queja su sucesor en el Ayuntamiento.
Más allá de estas picardías de campanario, la tradición del belén navideño está arraigada en Francia. Ya en el reinado de Luis XIV, desde 1643 hasta su muerte en 1715 a los 77 años, eran numerosos los nacimientos que fabricaban los carmelitas de Arlés y los cartujos de Aviñón. Hoy en la Provenza son muy comunes las figuritas de arcilla que se colocan en torno al pesebre y que se conocen con el nombre de 'santons' ('santos', en provenzal).
En el norte de Francia se conserva la costumbre de representar a cada miembro de la familia con una figurita. Cada noche se elige en una ronda de consultas a quién le toca estar en el belén.
Las celebraciones navideñas se inician en Alsacia y Lorena el 6 de diciembre con la llegada de San Nicolás, que trae regalos a los niños. Pero estas dos regiones del nordeste de Francia también andan a la gresca en los tribunales para tener el santo de cara. El obispo de Mira (Asia Menor), inspirador de Santa Claus y tocayo del presidente Nicolas Sarkozy, es el patrono de Lorena. Pero los alsacianos esgrimen que sólo en el departamento del Alto-Rin se celebran cada año una treintena de mercados, ferias y fiestas de San Nicolás.
¿Uno y no más? Los lorenos han dado respuesta afirmativa al interrogante. Desde el 28 de mayo tienen registradas las marcas 'San Nicolás', 'La fiesta de San Nicolás', 'Las fiestas de San Nicolás' y 'El mercado de San Nicolás' en el Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual (INPI). «Nuestra basílica alberga la reliquia de las falanges del santo», esgrime orgulloso el alcalde de Saint-Nicolas-de-Port, Luc Binsinger, promotor de la iniciativa junto a su colega de Nancy, André Rossinot.
400 euros en regalos
El diputado alsaciano Eric Straumann ha enviado una carta a los dos alcaldes lorenos en la que les conmina oficialmente a retirar las cuatro marcas registradas antes del próximo 1 de febrero so pena de querellarse ante los tribunales. «¿Quién nos dice que no nos van a acusar de falsificación?», se pregunta inquieto por el monopolio de la explotación comercial de unas apelaciones percibidas como una «apropiación de San Nicolás».
Si además de prohibir montar belenes en público los jueces franceses tienen que dirimir el origen alsaciano o loreno de San Nicolás, de lo que no cabe ninguna duda es de que Papá Noel, su avatar rojiblanco, es francés hasta la médula. Y si no, ¿por qué nadie le llama Papá Navidad, que es la traducción al español de 'Noël'?
En La Poste, el servicio público galo de Correos, lo tienen claro. Desde hace 48 años organizan en Libourne (Gironda) una estafeta especial que recibió un millón y medio de cartas, más que las remitidas al buzón finlandés en el círculo polar ártico, verdadera dirección de Papá Noel. Aunque el desembolso ha bajado un 4,5% a causa de la crisis, los franceses se han gastado en los regalos de la noche del 24 de diciembre una media de 400 euros, más que los alemanes (290), los holandeses (250), los belgas (330) o los españoles (380).
Y ello a pesar de que el banco Crédit Mutuel tuvo la ocurrencia de pregonar en un anuncio, emitido antes de la película 'Ratatouille', que Papá Noel no existe. Se vieron obligados a disculparse. Como si los niños, que en Francia nacen en berzas y no vienen de París, se chuparan el dedo.
Los regalos fueron colocados el viernes bajo el árbol de Navidad, como Papá Noel manda. A fin de cuentas también es un invento francés, como el tango, el blues o la rumba catalana. Faltaría más. Si se hace caso a la historiografía chovinista, la existencia de árboles decorados se remonta en Alsacia a la Edad Media.
El 24 de diciembre se colocaba en el coro de las iglesias un abeto representativo del árbol del paraíso original lleno de tentadoras manzanas. Con el paso del tiempo se añadirían hostias, símbolos eucarísticos y frutos de la redención. Poco a poco, los feligreses fueron remplazando en sus casas las ramas de abeto por todo el árbol decorado de esa manera.
También las bolas son 'made in France', como cabía esperar. Ocurrió que en 1858 una gran sequía dejó sin vegetación los bosques de Los Vosgos. A falta de adornos naturales, un soplador de vidrio de Goetzenbruck (Alsacia) decidió elaborar esferas de cristal para colgarlas de las ramas. «Este hecho desencadenó una tradición que hoy en día ha llegado a todas las culturas, a todo el mundo», proclama la web oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores galo.
Sorprendentemente, en ningún sitio se afirma que la Misa del Gallo sea de origen francés. Aunque no tiene nada que ver con el emblema zoomorfo del país, es costumbre entre las familias católicas asistir a esa celebración del 24 de diciembre, pero antes de cenar y no a medianoche como era tradicional.
Menos familiares son los festejos de 'Revéillon' la noche de San Silvestre. La costumbre es abrazarse y besarse entre amigos a las doce de la noche bajo una ramita de muérdago para tener suerte en el Año Nuevo. Luego a bailar y brindar con champán hasta que den las uvas, que aquí no se comen. Y se acabó. Mañana no habrá inocentadas, que por estos lares se dan el 1 de abril. Tampoco se celebran los Reyes Magos. Zapatero a tus zapatos, que esto es una república. Y el lunes, día 3 de enero, empiezan las clases.
Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...