Los jesuitas. Pasado, presente y… ¿futuro?

Los jesuitas acumularon tanto poder en el cuerpo de la Iglesia que cuando, en 1563, terminó el Concilio de Trento y el papa aprobó oficialmente el trabajo del Concilio, las teorías de Loyola habían triunfado convirtiéndose en leyes de la Iglesia durante los siglos venideros.

Pero, irónicamente, fue en el país de su fundación donde, con el paso del tiempo, los acontecimientos históricos se volvieron en contra de los jesuitas, al menos temporariamente. Bajo el mando del liberal rey Carlos III de España, los jesuitas  fueron expulsados del reino y sus territorios de ultramar por su comprobada participación en el llamado Motín de Esquilache.

Tal acto motivó la inmediata reacción de la Santa Sede y el papa envió una carta al monarca español, protestando por esa acción. En su respuesta Carlos III le dijo al pontífice:

“Beatísimo Padre: Mi corazón se ha llenado de amargura y de dolor al leer la carta de Vuestra Santidad en respuesta á mi aviso de la expulsión de mis dominios, mandada ejecutar en los regulares de la Compañía. ¿Qué hijo no se enternece al ver sumergido en las lágrimas de la aflicción al padre que ama y que respeta? Yo amo la persona de Vuestra Santidad por sus virtudes ejemplares; yo venero en ella al vicario de Jesucristo; considere, pues, Vuestra Santidad hasta dónde me habrá penetrado en aflicción. Tanto más, descubriendo que ésta nace de la poca confianza de que yo no haya tenido, para lo que he determinado, pruebas suficientes é indestructibles. Las he tenido sobreabundantes, Beatísimo Padre, para expeler para siempre de los dominios de las Españas el cuerpo de dichos regulares y no contener un procedimiento á algunos solos individuos…Ha permitido la divina voluntad que nunca haya perdido de vista en este asunto la rigurosa cuenta que debo darle algún día del gobierno de mis pueblos, de los cuales estoy obligado a defender, no sólo los bienes temporales, sino también los espirituales: así… he atendido con exacto esmero á que ningún socorro espiritual les falte aun en los países más remotos”.

“Quede, pues, tranquilo Vuestra Santidad sobre este objeto, ya que parece ser el que más le afecta, y dígnese animarme de continuo con su paternal afecto y apostólica bendición. El Señor conserve la persona de Vuestra Santidad, para el bueno y próspero gobierno de la Iglesia universal. — Aranjuez 2 de Mayo de 1767.” (6)

Esta carta es parte del libro La expulsión de los jesuitas, y su autor, Conde Fabraquer, añadió la siguiente nota histórica, refiriéndose no sólo a la carta sino a otros documentos insertos en su libro: “Todos estos datos son oficiales y están tomados de la colección impresa en la imprenta real de documentos y manuscritos de la Real Academia de la Historia y de los legajos de documentos pertenecientes a los jesuitas, que se encuentran en el archivo del ministerio de Estado y los existentes en el archivo general del castillo de Simancas”

En su libro, The Popes and their Church, el historiador y ex sacerdote Joseph McCabe  escribió:

“Desde mediados del siglo dieciocho los records del papado no requieren un largo debate. Los papas, en general hombres decentes si se los compara con sus antecesores, ‘gobernaron’ a los acólitos que quedaron en los países latinos y Austria, sin interferir con sus supersticiones, densa ignorancia y vicios. Por un tiempo ellos soñaron que los enérgicos hijos de San Ignacio ganaran de vuelta el norte de Europa. Permitieron a los jesuitas tratar todo artilugio conocido, tales como la guerra y el soborno y añadir otros para el gran crédito de su inventiva y su indomable determinación. ¡Un jesuita se introdujo en Suecia y, durante años, enseñó teología en un colegio luterano! Otros jesuitas penetraron las castas más exclusivas de la mitología hindú. Otros se introdujeron en las cortes y bendijeron a principescos pecadores, controlando a sus amantes y consejeros. Hasta que finalmente los laicos católicos, hartos de las mentiras, la evasión, la intriga y la inescrupulosidad de los jesuitas, compelieron al papa Clemente XIV, en 1773, a reconocer (como lo hace en su bula, Dominus at Redemptor Noster) su corrupción y a suprimirlos; cuando ellos fueron cínicamente protegidos por aquellos dos expertos en sus propias artimañas, Federico el Grande y Catalina la Grande.” Y en otro párrafo McCabe nos da el texto de la mencionada bula: “Nosotros la privamos [a la Sociedad] de toda actividad, cualquiera sea ella, de sus casas, escuelas, colegios, hospitales, tierras y en resumen cualquier otro lugar, de cualquier reino o provincia en que puedan estar situados. Nosotros abrogamos y anulamos sus estatutos, reglas, hábitos, decretos y constituciones, aunque estén confirmados por juramento y aprobados por la Santa Sede o de otra manera. De la misma forma anulamos todos y cada uno de sus privilegios, indultos [indulgencias especiales], general o  particular, donde el sentido del cual es, y debe ser tomado, tan completamente y tan ampliamente en el presente breve como si el mismo fuera insertado palabra por palabra, en cualquier cláusula, forma o decreto o bajo cualquier aprobación en que sus privilegios hayan sido concebidos. Nosotros declaramos todo, y toda clase de autoridad, el general, los provinciales, los visitantes y otros superiores de dicha sociedad, anulados y extinguidos para siempre, de cualquier naturaleza o en cualquier forma dicha sociedad pueda ser, tanto en asuntos espirituales como temporales”

Desde luego, todos los jerarcas de la Sociedad fueron “anulados y extinguidos para siempre”…hasta 1814, cuando fue restaurada. “La verdad, dice Joseph McCabe, es que la restauración de los jesuitas fue un acto del papado para el cual, de acuerdo a la opinión católica, no había justificación. En la bula Sollicitudo, que contrasta tan pobremente con el breve razonado y viril de Clemente XIV, Pío VII se aventuró a decir que él cumplía con la ‘demanda unánime del mundo católico’. Esto era, como lo sabía el papa, totalmente falso. Sólo España, de entre los grandes poderes – si es que todavía puede llamársela grande – estaba interesada en la restauración”. (7)

Los escándalos y la conmoción creada por los jesuitas alrededor del mundo no eran ignorados por algunos de los fundadores de Estados Unidos. Por ejemplo John Adams, en una carta a Thomas Jefferson, datada el 9 de agosto de 1816, le dice, “Mi Historia de los Jesuitas no está elegantemente escrita, pero está apoyada por autoridades incuestionables, es muy específica y muy horrible. Su restauración es en verdad ‘un paso hacia la oscuridad’, la crueldad, la perfidia, el despotismo, la muerte – ¡Yo deseo que estemos fuera del peligro del fanatismo y el jesuitismo!”

En otra carta a Jefferson, enviada el 4 de noviembre de 1816, continúa haciendo referencia al mismo tema: “Mi Historia de los Jesuitas ocupa  cuatro volúmenes…Esta Sociedad ha sido una calamidad más grande para la humanidad que la Revolución Francesa o el despotismo y la ideología de Napoleón. Ha obstruido el progreso que trajo la Reforma y el mejoramiento de la mente humana en la sociedad por mucho más tiempo y más fatalmente”.

La respuesta de Jefferson fue la siguiente: “No conozco la Historia de los Jesuitas en cuatro volúmenes, que usted menciona ¿Es una buena obra? Yo, como usted, no quiero su restauración, porque marca un paso atrás de la luz hacia la oscuridad”.

Hasta aquí,  he tratado de  exponer ante mis lectores algunas de las tortuosas actividades de la orden jesuita en el pasado. Pero ¿cuál es su importancia en los campos social, político, económico y político del siglo XX y los que seguirán?

Algunos intelectuales en Estados Unidos creen que los jesuitas son una importante fuerza para el cambio (Chomski es uno de ellos), especialmente en las regiones más pobres del planeta como lo son África e Iberoamérica. Yo pienso que tal posición se debe a una crasa ignorancia de la naturaleza real del jesuitismo, o a una conveniente postura para combatir al capitalismo; porque si los jesuitas realmente hubieran cambiado y rechazado sus pasadas y aborrecibles actividades, un mínimo de decencia de su parte habría sido eliminar el nombre de su orden.

A partir de aquí, expondré algunos de los actos más notorios de la Compañía de Jesús en el siglo XX.

En 1931, las recién electas autoridades de la República española (algunas de ellas ranciamente católicas) decidieron –con bien fundadas razones – que las órdenes religiosas debían ser controladas por sus actividades conspiratorias  en contra del nuevo Estado democrático. De manera que las Cortes (el Congreso de España) incluyeron un artículo en la nueva Constitución para aclarar  la relación entre la Iglesia y el Estado. Tal artículo es el número 26 y establece que:

“Todas  las denominaciones religiosas serán consideradas como asociaciones bajo una ley especial. El Estado, las regiones, las provincias y los municipios no apoyarán, favorecerán o ayudarán financieramente a ninguna de las Iglesias, asociaciones religiosas o instituciones religiosas”.

“Una ley especial regulará la total supresión, en un plazo máximo de dos años, del presupuesto para el culto y el clero”.

“Todas las órdenes religiosas cuyos estatutos imponen, además de los tres votos canónicos, otro voto especial manifestando obediencia a cualquier otra autoridad que no es la autoridad legal del Estado será desbandada. Sus propiedades serán nacionalizadas y usadas en instituciones benéficas y en la educación” (8)

El artículo 26 también especifica el comportamiento de todas las órdenes religiosas con el Estado y dictamina que deberán someterse  a una ley especial, una de cuyas principales condiciones es la siguiente:

          “1° – Se  desbandarán las órdenes cuyas actividades son peligrosas para la seguridad del Estado…”

Sin duda, tal artículo puso en  riesgo la sobrevivencia de la Sociedad de Jesús tan temida y rechazada por los españoles progresistas. No entraré aquí en detalles minuciosos – muy bien explicados en cantidad de libros sobre el tema – para exponer como la  Segunda República de España era objeto de ataques clericales en la prensa nacional, en la internacional, en cada iglesia del país y hasta en las Cortes.

Lo irónico de la tragedia que ocurrió en España es que pocas de esas leyes, destinadas a controlar las actividades conspiratorias del clero, fueron realmente puestas en práctica entre 1931 y 1936. Los únicos proyectos  legislativos de la nueva república que sobrevivieron hasta 1936 fueron la separación de la Iglesia y el Estado, la ley de divorcio y la prohibición de la Compañía de Jesús.

Cuando el ejército rebelde, del católico generalísimo Franco, ocupó la mayor parte de España,  el  nuevo  orden dictatorial fue inaugurado  el 1 de febrero de 1938. Una de las primeras medidas oficiales de la dictadura, muestra clara de la  alianza entre el Vaticano y la España de Franco, fue la inmediata restauración de  la orden jesuita mediante un decreto del 3 de mayo de 1938. “Este gesto, dicen los historiadores franceses Pierre Broué y Emile Témime, no se presentó como un  favor para con la Iglesia católica, sino como una reparación. Según el gobierno, dos motivos lo justificaban: en primer lugar era una orden ‘eminentemente española’ y era normal que en el momento en que se recuperaba la ‘hispanidad’, la Compañía de Jesús recuperase sus derechos y sus bienes. Esto formaba parte del retorno a la tradición. La otra razón era ‘la enorme aportación cultural’ de los jesuitas al país. En el momento en que era necesario destruir la influencia de los intelectuales marxistas, los jesuitas contribuirían naturalmente a rehacer de España un país unido en la catolicidad. En todo caso, su papel fue muy discutido: Bahamonde [Antonio, un escritor español que luchó por un tiempo en el lado franquista] hizo de ellos ‘los más violentos instigadores de la represión’”.

En 1959, la Revolución Cubana conmovió al mundo –  especialmente a los que éramos jóvenes idealistas en aquella época –  y un nuevo “héroe” apareció: Fidel Castro. Ahora bien, ¿quién fue y quién es Fidel Castro? Según nos dice él mismo en su libro, publicado en inglés con el título My Early Years:

“Los valores éticos fueron parte de mi educación, esto es por la escuela, por los maestros y yo diría, por mi familia, mi hogar. Se me dijo muy temprano en la vida que yo nunca debía mentir. Eran valores éticos claros. No eran marxistas y no provienen de una filosofía ética. Estaban basados en la ética religiosa. Se me enseñó lo que era correcto y lo que era incorrecto, cosas que podrían hacerse y las que no podrían hacerse (…)” Páginas más adelante Fidel dice:”Indudablemente, mis maestros, mis maestros jesuitas, especialmente los españoles jesuitas, quienes inculcaban un fuerte sentido de dignidad personal – sin importar sus ideas políticas – me influenciaron. La mayoría de los españoles están dotados con un sentido del honor personal, que es muy fuerte en los jesuitas. Ellos valoran carácter, rectitud, honestidad, coraje y la capacidad de hacer sacrificios. Los maestros definitivamente tienen influencia. Los jesuitas claramente  me influenciaron con su estricta organización, su disciplina y sus valores. Ellos contribuyeron a mi desarrollo e influenciaron mi sentido de la justicia – el cual puede haber sido muy rudimentario pero al menos fue un punto de partida (…) Yo adquirí mi conciencia política a causa de razonar, pensar, desarrollando sentimientos y profundas convicciones… Pienso que lo que le estaba diciendo a usted acerca de la fe – la capacidad de razonar, pensar, analizar, meditar y desarrollar sentimientos – es lo que hace posible adquirir ideas revolucionarias. En mi caso, hubo una circunstancia especial: nadie me enseñó ideas políticas. Estoy seguro que los mismos pilares que mantienen los sacrificios que hace un revolucionario hoy sostuvieron los sacrificios hechos en el pasado por un mártir que murió por su fe religiosa. Pienso que los mártires religiosos fueron generosos, gente desinteresada; ellos estaban hechos de la misma materia con que están hechos los revolucionarios de hoy”. (10)

No hay duda que el “camarada” Fidel era una nueva y especial clase de comunista, si es que se le puede calificar de tal. De hecho él suena más como el Caballero de Malta William J. Casey (director de la CIA durante la presidencia de Ronald Reagan) – también educado por jesuitas –, que creía que “algunas cosas son correctas y algunas cosas son incorrectas, eternamente correctas y eternamente incorrectas”, tal cual le dijo a una  audiencia, durante la celebración del día de San Patricio.

Para ratificar su educación cristiana y jesuita, Fidel dijo lo siguiente en uno de sus más importantes discursos en Chile, durante la visita que hizo a aquél país:

“(…) No obstante, nuestra revolución nunca se caracterizó por ser anticatólica, anticristiana o contraria a cualquier otra forma religiosa. Lo que es más, nos pareció a nosotros que toda esa campaña fue parte del sistema para confundir a las gentes de Latinoamérica también – esto es, tergiversar la revolución ante los ojos de Latinoamérica, donde hay países en los que la religión católica posee un amplio carácter popular – y usan todas esas leyendas y toda esa propaganda contra el movimiento revolucionario de Latinoamérica.”

“Nosotros siempre hemos puntualizado evitar cualquier clase de pelea o persecución antirreligiosa. Más aún, la línea seguida por la revolución con los curas envueltos en actividades contrarrevolucionarias ha sido en general generosa. Hemos elegido no hacer de ellos un ejemplo para no darles munición a los imperialistas, lo cual podrían usar en su campaña de presentar a la Revolución Cubana como antirreligiosa.”

“(…) Las iglesias en nuestro país permanecen y están funcionando ahora en absoluta libertad. Hay un seminario, también. Y hay paz y armonía a pesar de intentos ocasionales de entorpecer la situación desde afuera, a pesar de las campañas contrarrevolucionarias basadas en pretextos religiosos. Debe ser remarcado que esta paz fue lograda, por una parte por la actitud de la Revolución – como dije antes – y por la otra por una cantidad de miembros de órdenes religiosas que hicieron un esfuerzo especial para encontrar fórmulas de acercamiento y solución de los problemas. Por lo tanto, ahora la situación es de paz y armonía”.

“(…) Ahora, entonces, una cantidad de corrientes revolucionarias – o si prefieren corrientes progresistas – han ido apareciendo recientemente en Latinoamérica y en el movimiento cristiano que se están volcando a posiciones revolucionarias. Y hay una gran cantidad de sacerdotes y miembros de órdenes religiosas que han tomado una posición favorable a favor del proceso de liberación en Latinoamérica. Algunos de ellos están siendo perseguidos, y otros como Camilo Torres están muertos.”

“(…) Después de todo, si ustedes están defendiendo una tesis, una idea, un principio, entonces llega el día cuando hasta los voceros más rabiosos de la tesis opuesta se suman a sus filas, ellos serán la prueba de que su tesis, su  idea ha ganado ¡Y la Revolución se hará más fuerte!”

“(…) Si todos los cristianos, si todas las religiones, si todos nosotros  estuviéramos de acuerdo que debemos liberarnos del imperialismo, como una cuestión fundamental, entonces exactamente ahí tendríamos algo que nos unirá a todos. (…) Es desde este punto inicial que saludamos y vemos con un sentimiento de afinidad, que apreciamos altamente, el movimiento que está tomando forma entre los cristianos en los recientes últimos años. Y creemos que su movimiento es de gran importancia para la liberación de los pueblos y la acción revolucionaria. Este movimiento tendría nuestro respeto y admiración y es nuestro deber de revolucionarios alentarlo”.

Toda esta aproximación amistosa hacia los “católicos revolucionarios” de Latinoamérica  no fue una creación de Fidel, fue reciprocada. Por ejemplo, el 22 de agosto de 1978 el diario Daily World, de la ciudad de Nueva York, publicó el artículo, “Arzobispo respalda a Cuba, elogia la libertad religiosa”. En él leemos:

“El arzobispo cubano Francisco Oves Fernández dijo que en Cuba la libertad  de conciencia y culto están garantizadas en la nueva Constitución de la República.”

“En una entrevista publicada en Siempre [una publicación mejicana], el clérigo contó algunas experiencias de la Iglesia cubana durante el proceso revolucionario de esa isla caribeña”.

“Oves afirmó que una economía como la de Cuba, que no desea basarse en deseo del dinero, está en armonía con el dicho bíblico en cuanto a que no se puede servir a Dios y al dinero”.

“El Obispo de la Habana, nombrado en el puesto por el papa Paulo VI hace ocho años, atenderá la conferencia Episcopal Americana en Puebla, México, ‘para contribuir al pensamiento de la Iglesia cubana en una sociedad socialista’”.

“‘Esta sociedad’, dice él, ‘que aspira a superar los antagonismos de clase está más de acuerdo con la condición cristiana radical, porque el verdadero cristiano debería comprometerse con el pueblo para ponerse al servicio de una vida social cada vez más justa, humana y fraternal por la que Cuba está luchando hoy’”

“‘Atención médica gratuita para todos los cubanos, educación para niños, adultos y ancianos sin discriminación, una economía motivada por las planeadas necesidades del pueblo, todo corresponde a la aspiración de la fe cristiana consistente con su demanda por caridad’, dijo él”.

“‘Estos postulados de justicia social de la revolución cubana’, siguió diciendo, ‘están de acuerdo con las aspiraciones de la Iglesia que trabaja por la construcción de un mundo más humano, más justo y más fraterno, y especialmente para los pobres y sufrientes del mundo’”.

“‘Esa Iglesia, afirmó, contribuirá a esta rica experiencia de vivir su fe en una sociedad socialista en la tercera conferencia general del episcopado latinoamericano, la cual mostrará que somos parte de la realidad latinoamericana’. Dijo que las relaciones entre el gobierno revolucionario y la Santa Sede fueron normalizadas en 1975 y hay canales oficiales para resolver ‘más de unas pocas cuestiones prácticas’”.

No conozco ciertamente el grado de participación de los jesuitas en la revolución cubana, pero el hecho de que después de tantos años tratando de evaluar “más de unas pocas cuestiones prácticas”, todavía en 1996 muchos de los lugares de culto, conventos, escuelas y hospitales que fueron propiedad de la Iglesia permanecían  en manos del gobierno, me hace pensar que los jerarcas católicos tienen un interés especial en la sobrevivencia de tal revolución. Esta sospecha se hizo más profunda al enterarme que, según el periodista Larry Rohter, “(…) ‘la Iglesia ha pasado  de ser un pasivo espectador a ser una voz activa, la única independiente en el país’, dijo un diplomático europeo aquí”.

La Iglesia Católica ha estado interviniendo activamente en las revoluciones iberoamericanas de derecha y de izquierda desde 1960. Por ejemplo, el 27 de junio de 1966 el presidente constitucional de la Argentina, Arturo Illia, fue depuesto por un golpe de Estado y el general Juan Carlos Onganía, un devoto militante católico, asumió el control del país y el liderazgo de lo que se llamó la “Revolución Argentina”. Años después un semanario argentino, Prensa Confidencial (Año VII, 17-24 de septiembre de 1973, Núm. 289), informaba:

“(…) Los periodistas políticos, ávidos de noticias y totalmente desconcertados ante la súbita aparición en el escenario público, en los elencos oficiales y en las esferas de poder, de figuras hasta ese momento totalmente desconocidas, aprendieron muy pronto que una de las mejores fuentes de información se hallaba ubicada al 500 de la avenida Callao de esta Capital Federal, en los despachos del Rectorado de la Universidad del Salvador ocupados en ese momento por el Padre Ismael Quiles S. J.”

“Es cierto, por otra parte que nunca pudieron confirmarse las versiones según las cuales habría sido precisamente Quiles quien  diera gran impulso al avance del Opus Dei en la Argentina (donde jesuitas y Opus Dei, contrariamente a lo que sucede en Europa, hace ya tiempo estrecharon un pacto de colaboración) convirtiéndose en primer o principal inspirador del primitivo número de revolucionarios”.

“Ese núcleo, conforme a las doctrinas del Opus Dei, soñaba con la Nueva Argentina Comunitaria. Los planes fracasaron: pero se sigue secretamente trabajando, en muchos despachos de esta Capital, para la preparación de la Reconquista…”

En la Argentina de hoy, las escuelas y universidades del Opus Dei florecen en la buena compañía de las escuelas y universidades jesuitas; colaborando alegremente en la construcción de la “Nueva Democracia Participativa”, cualquier cosa que eso signifique.

Bajo el reinado de Bergoglio, ya es un secreto a voces que la política argentina está  en manos  de la jerarquía católica que, en forma solapada, interviene constantemente en el Estado. He aquí lo que dijo el periodista  Fernández Díaz del matutino argentino La Nación (12 de junio de 2015): “‘La policía y los jesuitas tienen la virtud de no abandonar jamás ni a sus enemigos ni a sus amigos’. La  estruendosa gira del papa Francisco por la región y su mano invisible para diseñar el próximo formato político que tendrá la Argentina confirman el célebre aforismo de Balzac. Francisco es propenso a abrazar los populismos latinoamericanos, y esta certeza empírica provoca alegrías  en el oficialismo y alergias en la oposición, las dos miradas son paralelamente superficiales (…) Hoy, para Francisco el populismo, no es un objetivo, sino apenas un punto de partida.” Este periodista, que no es para nada anticatólico, escribió esas palabras en el momento previo a las elecciones presidenciales  que ganó Mauricio Macri (ex alumno del colegio católico Cardenal Newman);  termina el artículo diciendo: “La batalla de las democracias, que sostendrá Cristina hasta el último día, parece, sin embargo apagaras. Quienes la libremos vemos surgir ante nosotros algo nuevo, que exige la reconfiguración de la mirada. Francisco, es el ideólogo de esa era.”

Y como la ideología hay que sostenerlas con los institutos educacionales  propios, los transeúntes que pasan por la Avenida Córdoba,  esquina a la calle Montevideo, de Buenos Aires, pueden apreciar un nuevo y flamante edificio de varios pisos, que amplía la influencia de la Universidad jesuita de El Salvador. Su frente ostenta un enorme escudo de la universidad a todo color.

Esarus

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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