Los Hermanos Musulmanes, una organización forjada en la clandestinidad

La mayor parte de sus 85 años de historia los han pasado en la ilegalidad. En los dos años al frente del Gobierno egipcio no han cumplido sus promesas y han seguido una deriva de «hermanización» sin contar con el resto de la sociedad.

Los 85 años de historia de los Hermanos Musulmanes están marcados por la clandestinidad, una clandestinidad de la que lograron zafarse en febrero de 2011, después de que las revueltas populares que sufrió Egipto consiguieran desbancar del poder a Hosni Mubarak. Su posicionamiento a favor de las protestas les convirtió en los grandes beneficiarios de la revolución. Su partido, Libertad y Justicia, fue legalizado y el vencedor de todas las elecciones que se celebraron desde entonces: parlamentarias, legislativas y presidenciales. Ahora, tras el golpe de Estado del 3 de julio, su situación vuelve a ser delicada pero siguen intentando demostrar su fortaleza.

La organización tiene sus antecedentes a finales del siglo XIX, cuando el integrismo islámico se coordinó en El Cairo como fuerza nacionalista contraria a la administración británica. En 1928, el maestro Hassan al Banna fundó la Hermandad Musulmana bajo el lema "el Corán es nuestra constitución" y se convirtió en su primer guía supremo, con la instauración de la ley islámica (sharía) como reclamación.

Desde entonces, su trayectoria no ha sido fácil. En 1954, fueron ilegalizados, y pese a que durante los 30 años que duró el régimen de Mubarak estuvieron algo más tolerados, la prohibición se mantuvo. "Desde 1928 han sobrevivido a otro golpe de Estado, en 1952; a la ilegalización, la persecución, la cárcel. A pesar de estar perseguidos, cada vez se han hecho más fuertes", apunta Javier Martín. Este periodista, redactor jefe de Internacional de la agencia EFE, fue durante más de diez años corresponsal en el país árabe y es autor del libro Los Hermanos Musulmanes.

Las próximas elecciones

La estrategia de la organización en estos momentos es movilizar a sus simpatizantes para demostrar al mundo esa fortaleza y poner de manifiesto que no todos los egipcios están de acuerdo con lo ocurrido.

Después, de cara a unas elecciones, habrá que ver si a su formación política se le permite participar en ellas. El Gobierno interino ha anunciado que estudia la posibilidad de prohibirla, pero Martín cree que no se retrocederá a ese extremo: "Si los militares optan por un proceso democrático, los Hermanos Musulmanes tienen que estar presentes". "Ganaron una elecciones, irregulares respecto a su organización, al procedimiento, pero limpias en la votación. Tienen el apoyo de 20-25 millones de egipcios. No puedes gobernar un país sin el apoyo de 25 millones de ciudadanos.  Ya sea en la oposición o en el gobierno, continuarán", añade.

En ese punto, este periodista matiza que como organización siguen ilegalizados: "Lo que se legalizó fue el partido. Estaban en vías de legalizar también la organización pero no era sencillo. Es un proceso en el que interviene el poder judicial, bastante independiente y muy firme ante cualquier influencia. Ahora se van a mantener ilegales".  

Si al menos el partido preserva su vigencia, se presentarán a los comicios que se celebren, intentando recibir el apoyo de los egipcios y siguiendo en el juego político. "No se van a retirar. Su planteamiento desde el origen es el de participar en la vida nacional", coincide Jesús A. Núñez Villaverde. Él es codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria y vaticina que en ese caso se desmarcarán de los militares.

Un Gobierno inexperto

Ese distanciamiento de las Fuerzas Armadas es, precisamente, según Javier Martín, el principal factor que ha provocado su derrocamiento. El depuesto presidente, Mohamed Morsi, aprobó en agosto un decreto presidencial para jubilar o pasar a la reserva a generales veteranos. Intentó que los militares salieran de la política y sustituyó por civiles a los que estaban al frente de empresas nacionales.

"Egipto quiere y necesita acabar con la república castrense. Él quería quitarles el poder a los militares y dárselo al pueblo. Pero el Ejército no va a permitir que eso ocurra y ha utilizado las protestas para quitarse de en medio a un presidente que le estaba poniendo las cosas muy difíciles. Al Ejército le interesa que haya estabilidad  en el país y mantener el poder. Si eso se cumple, le da igual quién sea el presidente. Mientras se mantenga la república castrense cualquier república democrática es inviable", analiza el redactor jefe de Efe.

Junto a esta circunstancia, el Gobierno tuvo que lidiar contra su inexperiencia en la gestión y la imposibilidad de cumplir promesas como una mejora de la economía. También ha pecado de codicia. "El Ejecutivo estaba presionado por los Hermanos Musulmanes y por otros sectores islamistas para que se islamizara muy deprisa a la sociedad. Eso hizo que la parte laica los viese con temor", recuerda Martín.

"Han acaparado todas las instancias de poder. Ese ha sido un error, porque Morsi ganó las elecciones con un 51% de los votos y ha intentado un gobierno en solitario. Ha llevado a cabo una deriva de hermanización que no tenía en cuenta al resto de la sociedad egipcia. En noviembre aprobó un decreto con el que el presidente intentó estar por encima de las leyes. En ese punto trasmitió la idea de ceguera ante la realidad que no va conforme a sus planes. Se encastilló en vez de buscar coaliciones", explica el director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria.

Divisiones internas

Además de aprender de los errores, este movimiento deberá luchar contra sus divisiones internas que por otra parte vienen de lejos. "Los Hermanos Musulmanes han tenido mucha influencia en el islamismo moderado y también en el radical", afirma Martín. 

Existen dos facciones con visiones diferentes de cómo hacer las cosas. Unos opinan que primero hay que islamizar a la sociedad y después alcanzar el poder, mientras otros, más radicales, creen que debe ser al contrario. "Esta última vía es la que ha llevado Morsi", señala. "Ahora puede que esas divisiones se hagan más patentes porque una de las tesis ha fracasado frente a la otra", continúa.

Pese a esas discrepancias, los expertos hablan del grupo más organizado y disciplinado del país. "El guía espiritual, Mohamed Badía, sigue en libertad y ha tenido presencia pública. El movimiento está muy jerarquizado y de donde mana la estrategia es de este guía espiritual. Por lo tanto, la organización no se ha colapsado. Tiene fortaleza suficiente para no desaparecer", apostilla Núñez Villaverde, conclusión que comparte Martín: "Quien quiera enterrar a los Hermanos Musulmanes se confunde, comete un error grandísimo. No hay presente ni futuro en Egipto sin ellos".

Mani islamista Egipto 2013

Seguidores de Hermanos Musulmanes se manifiestan en apoyo de Morsi en frente de la mezquita de Rabaa al-Adawiya en El Cairo. (Mohammed Saber / EFE)

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