Los funerales laicos ganan espacios en Gipuzcoa

Municipios y partidos impulsan la reglamentación de las ceremonias civiles y de los requisitos que deben tener los locales públicos que los acojan. El 5% de las ceremonias, como máximo, no son religiosas, según las estimaciones de funerarias v

LA progresiva secularización de la sociedad guipuzcoana presenta curiosos matices. Nos casamos por lo civil, pero la muerte sigue rodeada de liturgia. ¿Funeral laico? Son dos términos que hasta ahora arrastraban a sus espaldas ese interrogante, un antagonismo que se va diluyendo ahora, en la medida que ganan terreno estas otras despedidas.

Son ceremonias laicas que están generando sus propios rituales, en las que se da el último adiós al difunto declamando poemas, escuchando música de Mozart, cubriendo el féretro con una ikurriña, con la bandera republicana… Estos actos civiles se abren paso en Gipuzkoa, aunque parecen hacerlo de un modo algo timorato, al menos, en relación al auge que experimenta eso de casarse por el ayuntamiento. "En mis años de profesión, tan sólo he conocido dos casos", sentencia Koldo Artola, empleado de dilata trayectoria en la Funeraria Oarso. Una apreciación en sintonía con la que expresan otros compañeros del sector, que estiman que sólo el 5% de los funerales no tiene despedidas religiosas. ¿A qué se debe?

El adiós junto a Oteiza

A la hora de explicar por qué el distanciamiento entre sociedad e Iglesia Católica no acaba de tener su reflejo en el momento del último adiós, son varios los profesionales consultados que llegan a la misma conclusión. "No es tanto porque la gente no quiera, sino por falta de un espacio físico para celebrar estos funerales, y personal específico para atenderlos con el debido respeto".

Joxi Ganuza tiene muy claro que cuando fallezca no quiere yacer en un tanatorio, junto a las familias de otros difuntos llorando a moco tendido. "Hay mucha gente apartada de la Iglesia, que ni siquiera bautiza a sus hijos, pero al final todos acabamos pasando por el funeral. Desde luego que no me identifico con ese tipo de despedidas religiosas", asegura este donostiarra de 59 años, que ya ha predicado con el ejemplo.

Un cáncer de pulmón fue apagando la vida de su mujer, que falleció hace seis años y medio. Ambos tenían claro que cuando llegara el momento, no se celebraría ningún acto religioso. "Hice una despedida civil en el Paseo Nuevo, un lugar que aprecio porque admiro la obra del escultor Jorge Oteiza", rememora Ganuza.

Fue un acto entrañable rodeado de amigos. Acudieron a la despedida, entre otros muchos, los bertsolaris Andoni Egaña y Lizaso, los integrantes del coro de su hijo, dantzaris y txistularis conocidos de Ganuza que le dieron la sorpresa con su presencia sin previo aviso… "fue algo muy bonito. El acto acabó con los amigos de mi hijo de la ikastola lanzando rosas blancas al mar. Luego nos fuimos todos a la Unión Artesa a tomar un pintxo y un vino", relata Ganuza. Este donostiarra confiesa humildemente que se limitó a organizar una despedida acorde a sus deseos, un adiós "como el que me gustaría que me brindaran".

Lo cierto es que hoy en día los funerales que no acogen despedidas religiosas se siguen situando en el capítulo de lo anecdótico.

Hasta ahora, tan sólo siete localidades del territorio -Eibar, Arrasate, Eskoriatza, Legazpi, Donostia, Azpeitia, Urretxu y Zarautz- ofrecen la posibilidad de celebrar un acto civil. Ciertamente, no parece un bagaje excesivo habida cuenta del 20% de población que demanda este tipo de ceremonias. "Y es un porcentaje que va en aumento", recalca el juntero de Alternatiba, Ander Rodríguez.

De esta formación es precisamente una propuesta aprobada recientemente en las Juntas Generales, que demuestra los cambios que se van operando en la sociedad guipuzcoana. Todos los grupos de la cámara se han puesto de acuerdo para requerir a los ayuntamientos que dispongan de espacios públicos para celebrar funerales civiles.

"confesionalidad encubierta"

"Discriminación" agnóstica

El juntero Ander Rodríguez reconoce que "se ha dado un importante paso adelante" convencido de que en el Estado "existe hoy en día una clara confesionalidad encubierta que se escuda en supuestas interpretaciones constitucionales y en la tradición histórica para situar a la Iglesia Católica en una posición de privilegio y monopolio en amplias esferas de la vida social y política, en clara discriminación hacia otras confesiones o convicciones no religiosas".

Rodríguez se muestra convencido de que, salvo en las siete localidades que han dado el paso, en el resto del territorio "las personas ateas o agnósticas se ven discriminadas", por lo que "cobra especial relevancia" la propuesta de habilitar estos espacios. "Espero que a partir de ahora haya receptividad por parte de los ayuntamientos, ahora que se les ha emplazado a crear este tipo de infraestructuras. Pero la decisión no debe venir sólo desde las instituciones, es deseable que a partir ahora sea la ciudadanía la que demande este tipo de servicios".

Dentro de este tímido proceso de apertura, el caso de Eibar nada a contracorriente en todo el Estado. La tradición socialista y republicana de este municipio explica que ya desde hace décadas se realicen despedidas civiles, actos que se mantuvieron incluso durante la etapa más dura del franquismo. El auditorio de Txantxa Zelai, en pleno corazón de la villa armera, acoge este tipo de actos civiles. "Muchos son de familias de emigrantes que recalaron aquí hace décadas, otros republicanos, en todos los casos se suele glosar la figura del fallecido con una lectura emotiva", explica Juan Carlos Patiño, de la funeraria Mugica.

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