Los dos espíritus

La tribu india de los Suquamish, en el noroeste de Estados Unidos, legaliza el matrimonio homosexual Muchas comunidades respetaban a los gais antes de la colonización blanca

En la tradición de los indios de América del norte pervive el concepto de dos espíritus: individuos que escapaban a los roles y las pautas de comportamiento asociados a su género: mujeres que cazaban u hombres que cultivaban la tierra. Podían ser homosexuales, pero no necesariamente. Lo importante es que esta dualidad sexual les confería un respeto casi sagrado, por lo que muchos desempeñaron una suerte de liderazgo espíritual. Aunque los búfalos ya no corren libres por las praderas, los gais y lesbianas indios de EEUU acaban de ganar una pequeña batalla para resucitar el respeto a los dos espíritus.

El consejo tribal de la tribu de los Suquamish (en el estado de Washington, noroeste de EEUU) aprobó esta semana una ley que legaliza dentro de su jurisdicción el matrimonio homosexual, convirtiéndose así en la segunda tribu del país que lo hace. La dinámica es incipiente, teniendo en cuenta que hay 565 tribus renonocidas oficialmente, pero en los últimos años el debate se ha abordado en varias consejos tribales, como el de los Navajo, que lo rechazó en el 2006. «Generalmente las tribus son más liberales que la sociedad blanca. Son pobres, tienden a votar demócrata y arrastran una historia de opresión a cargo del Estado, pero los derechos de los homosexuales no están entre sus prioridades. Tienen problemas más acuciantes», explica el profesor de Derecho del departamento de Jurisprudencia Indígena en la Universidad de Michigan, Matthew Fletcher.

Los Suquamish no son los más pobres, pero sí una de las tribus más pequeñas del país, con apenas un millar de miembros. Asentados en una reserva cercana a Seattle, estuvieron a punto de desintegrarse como comunidad en los años 70. Para sobrevivir, se rindieron a la aculturación: Abrieron una piscifactoría y el inevitable casino, el negocio al que han recurrido muchas tribus indias para tratar de generar empleos e ingresos. Hay casinos en unas 200 de las 310 reservas esparcidas por el país, aunque pocos son rentables, asegura Fletcher.

Hace cuatro años, Heather Purser, una lesbiana Suquamish, pidió al consejo tribal el reconocimiento del matrimonio homosexual. «Quería sentirme aceptada por mi tribu», declaró a Associated Press esta mujer de 28 años. «Creía que iba a ser una pelea agria, pero me quedé sorprendida, seguramente porque esperaba lo peor de mi gente». El consejo remitió su petición a los ancianos, aunque estos pospusieron eternamente la decisión. Tras mudarse a la ciudad, donde conoció a su pareja, Purser regresó a la reserva en marzo y en plena asamblea anual, tomó el micrófono para exigir una respuesta. Ante su sorpresa, todos aceptaron.

Como en el resto de EE UU, la homosexualidad es un tema controvertido en la sociedad india. «Antes de la colonización y la cristianización, a los gais se les honraba y se les respetaba en muchas comunidades», asegura Harlan Pruten, indio Creek y cofundador de la Northeast Two Spirit Society, una organización que trabaja por los derechos de los homosexuales y los transexuales en la tribus indias. Como casi todas, lleva en su nombre los dos espíritus. «Ese respeto se mantiene entre los indios más tradicionales, pero si hablas con los cristianizados tienen la misma mentalidad cerrada que los blancos conservadores», explica.

Drogas y alcoholismo

La mayor parte de reservas, y también las más grandes, están hoy en el oeste del país. En la costa atlántica, donde desembarcaron los colonos anglosajones, la limpieza étnica fue furibunda. Tribus enteras fueron prácticamente exterminadas u obligadas a desplazarse al oeste. Si se observa hoy el mapa de la pobreza en EE UU, raramente falla: Los condados con los puntos rojos suelen ser aquellos donde están las reservas. Drogas y alcoholismo, diabetes y falta de agua potable son algunos problemas endémicos.

Las reservas gozan de algo parecido a una soberanía jurídica. Pueden gestionar sus impuestos, perseguir crímenes, abrir casinos (si pagan impuestos a los estados) o legalizar las uniones homosexuales. Pero sus decisiones no siempre son reconocidas por los gobiernos estatales donde se encuentran. En el estado de Washington, donde viven los Suquamish, el matrimonio homosexual es ilegal, aunque su gobierno reconoce las uniones celebradas en los ocho estados donde sí es legal. En este caso, falta saber en este caso si validará la decisión del consejo tribal, pero lo que es seguro es que los dos espíritus gozan de un renovado predicamento.

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