Los Curas Franquistas

“El Ilustrísimo Monseñor D. Tomás Soto Pidal fue nombrado Administrador de Cementerio de Ciriego, en Santander. Este señor era el responsable del Registro General, en el cual tienen que constar todos y cada uno de los nombres y apellidos, de las personas allí enterradas; sin embargo no están todas. Faltan centenares; faltan los nombres de los republicanos fusilados y arrojadas a las fosas comunes del cementerio civil de Ciriego.

Fueron premeditadamente excluidos del Registro por razones de tipo político, y ‘desaparecidos’ jurídicamente en virtud del acuerdo y la implicación de la Iglesia católica española mediante la Cruzada con Franco y demás generales rebeldes a la República.

De ‘los rojos’ no debía quedar ni rastro, lo mejor era desaparecerlos, y eso era lo que hacían la mayoría de Capellanes- Administradores de cementerios en toda España. Que, además, antes de las ejecuciones, de las que eran testigos presenciales, intentaban influir y convencer a los condenados, a punto de ser ejecutados, para que se arrepintieran y volvieran al redil.

La premeditación para que no constara el nombre en el registro, se deduce de que el Jefe del piquete entregaba la relación nominal de todos los fusilados, pero el Capellán- Administrador, ignoraba las listas nominales: los inscribía como desconocido” (Extraído del libro de Antonio Ontañón. Rescatados del Olvido).

Durante décadas se ha mentido al pueblo y se ha falseado la Historia. Las familias sí saben como fueron torturados, fusilados y encarcelados los que perdieron la guerra. Saben que no sólo se las encarcelaba, torturaba brutalmente y ejecutaba, sino que se tenía como consigna el darlas por desaparecidas, como si fueran animales, con el beneplácito del poder civil y la bendición de una Iglesia más preocupada por ascender en la jerarquía por sus méritos en la “Santa Cruzada”, y en pasear al dictador bajo palio, que en inscribir los enterrados en las fosas comunes de los cementerios con sus nombres. Estos, a su parecer, eran ovejas descarriadas de la ortodoxia religiosa, no eran hijos de su Dios.

Pero ya es hora de que se grite al bando de los vencedores, a los que ejercieron con  crueldad extrema la  brutal represión contra el bando “perdedor”, que no sirve eso de que eran unos mandados, que no bastan las bendiciones de los sacerdotes para exculparlos de su responsabilidad moral y política. Caídos fueron todos, pero héroes, hasta hace poco tiempo, eran solo los del bando nacional, y lo siguen siendo. Así, que estas gentes que dicen y cuentan y se empeñan en volver a contar la historia a su manera, a esta gente hay que decirles basta, que no tienen autoridad moral sobre el tema, que se terminaron las mentiras propagadas sistemáticamente por los historiadores oficiales del franquismo; que se acabó la impunidad y el dejar estar de los que pudiendo impedir tanta barbarie agacharon la testuz y se refugiaron en la impostura institucional del nacionalsindicalismo. Ya no hay disculpas contra la culpa.

Que se enteren de una vez y dejen de inventar enredos políticos, maniobras oportunistas y cuantas cosas se les ocurra. Sólo hay una verdad: los familiares quieren a sus muertos y nadie puede y, mucho menos los dirigentes, que en sus pueblos o ciudades aun conservan monumentos de auténticos criminales, decir ni una sola palabra sobre este tema
Ellos, los ganadores, han tenido todas las facilidades para escribir su historia y contar sus muertos, hacerlos presentes en plazas públicas, en el nombre de las calles, y glorificarlos en los púlpitos de iglesias y catedrales y hasta beatificarlos y canonizarlos. Ahora les toca a ellos, los olvidados, los enterrados en las fosas por las cunetas y cementerios, los desaparecidos, ahora les toca contar su historia y luchar por que se sepa toda la ignominia, falsedad, crueldad y terror, con que se forjaron los pilares de esa “España Grande y Libre, por la gracia de Dios”.

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