Los crucifijos son sacrilegios

     La Conferencia Episcopal ha clamado al cielo contra la sentencia de un juez de Valladolid, que ordena retirar los crucifijos de una escuela pública. El cardenal arzobispo de Madrid dice que España padece una cristofobia. El arzobispo de Valladolid, que tan bien sabe colocar los dineros de la Iglesia en instituciones financieras delincuentes, se siente perseguido.
   Pero el mismo Dios prohíbe que se hagan crucifijos. Se lo explicó a Moisés, según se lee en los libros del Éxodo, 20:4-5, y Deuteronomio, 5:8-9. es el segundo mandamiento del decálogo, que en la traducción de Nácar y Colunga, aprobada y bendecida por papas y cardenales, dice así: "No te harás escultura ni imagen alguna de lo que hay en lo alto de los cielos […] No te postrará ante ellas y no las servirás". Pero la iglesia catolicorromana ha llenado los templos de imágenes, cada una con un cepillo delante para que las infelices "beatas" echen limosnas arrodilladas ante ellas.
   Como esa práctica conculca el segundo mandamiento, la Iglesia catolicorromana cometió la desfachatez de corregir al mismo Dios. En sus catecismos elimina el segundo mandamiento, y al quedarse corto el decálogo, arregla su osadía con la división en dos del décimo: ha creado un noveno prohibiendo que se desee la esposa del prójimo, y un décimo que prohíbe desear el resto de sus bienes, aunque en la declaración de Dios constituyen un solo mandamiento, el décimo.
   Por este motivo y muchos otros semejantes, la Iglesia de Roma prohibió la traducción de la Biblia a los idiomas vulgares, para que los fieles no advirtieran sus tergiversaciones de la revelación de Dios a los seres humanos, que es lo que contiene ese libro, según sus teólogos afirman. Y a los que osaron incumplir su prohibición los condenó a morir quemados vivos en la hoguera, así como a los impresores, vendedores o poseedores de ejemplares.

Arturo del Villar
Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio

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