Los cristianos del PP, en la reserva en la Comunidad Valenciana

Cotino y sus afines han perdido influencia en el Palau, aunque tienen el apoyo de Margallo y la sintonía de la consellera emergente María José Català

El relevo en el Palau de la Generalitat hace casi dos años ha dado lugar a una auténtica recomposición de fuerzas en el seno del Partido Popular en la Comunitat Valenciana. Con Alberto Fabra al frente del Consell y del partido, los diferentes sectores y familias en la organización han ido reubicándose y tejiendo una peculiar red de alianzas (en su mayoría puntuales) en la que la familia cristiana, antaño tan poderosa, ha encontrado su lugar, si bien en un discreto segundo plano. La profunda crisis por la que atraviesa los populares valencianos (los impagos de la Generalitat y la acumulación de casos de corrupción han acabado con el PPCV como marca de éxito) ha atomizado la organización, si bien la corriente cristiana sigue estructurada en torno al presidente de las Corts, Juan Cotino.

Con Camps aparentemente fuera de juego, la influencia de la Iglesia en el Palau se ha reducido de manera considerable. Alberto Fabra se limita a cumplir con aquellos actos religiosos a los que viene obligado por su cargo institucional, pero su relación con la alta jerarquía eclesiástica es distante. Hace tan sólo unos años la opinión del Arzobispado era clave en Presidencia. Incluso la vida privada de los consellers era motivo de reproche y conversación entre el presidente y el entonces Arzobispo de Valencia, el fallecido Agustín García-Gasco. Con todo, la clave de la ascendencia del cristianismo en la plaza de Manises radicaba en la estrecha relación entre Cotino y Camps. El primero, que ocupó varias carteras, se convirtió en los tiempos de Gürtel en el apoyo principal del jefe del Consell. El influjo del sector cristiano se dejó notar en la gestión. La etapa Camps estuvo marcada por iniciativas de marcado carácter conservador sobre todo en el campo de la política social. El apoyo financiero y moral a la Iglesia también fue destacado.

Situados en puestos claves del segundo escalón, los cristianos ejercieron su dominio. Con Fabra en el Palau, las cosas cambiaron. El presidente ha ido apartando a todos aquellos que formaban parte del entorno más directo de Camps, empezando por el propio Cotino que ha dejado de pisar el Palau de la Generalitat. Ahora bien, el presidente de las Corts sigue activo en la política y, sobre todo, bien relacionado con cargos importantes del Gobierno como es el caso del ministro de Exteriores, José Manuel Garcia Margallo, o con dirigentes con proyección como la titular de Educación, Maria José Català.


Cotino, además, ha recompuesto sus relaciones con el PP provincial que dirige Alfonso Rus. Sigue sin haber sintonía, pero las relaciones, reconocen desde la dirección provincial, han mejorado. Cotino ha renunciado a dar la batalla en los congresos comarcales y locales celebrados en la provincia, aunque mantiene su apadrinamiento sobre varios cargos en municipios de L´Horta. Cotino no renuncia a sus reuniones con los jóvenes del PP y a las diferentes actividades que se convocan desde la Fundación Vives, entre ellos los cursos de liderazgo político.
Con todo, el asidero más fuerte de los cristianos del PP valenciano es en este momento el ministro Margallo, quien a su vez mantiene una relación de amistad con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Fabra, que vive horas bajas en Génova, tampoco ha logrado estrechar lazos con el único ministro valenciano. Un error protocolario ha enrarecido las relaciones de Margallo con Presidencia de la Generalitat. El PPCV «olvidó» invitarlo al acto de homenaje de Fabra, a pesar de que Margallo tenía la agenda libre. Rajoy mandó a dos ministros (el titular de Industria, José Manuel Soria y el ministro de Economía, Luis de Guindos) a apoyar a Fabra y Presidencia no se acordó del único ministro valenciano. El incidente no sentó nada bien al veterano político, quien durante la celebración del Corpus Christi en Valencia el pasado mes de junio se encargó de evidenciar su enfado. Según algunos testigos, Margallo se negó a saludar al número dos del PPCV, Serafín Castellano, y tuvo palabras de elogio hacia la consellera de Educación. En la cena de Sueca, Margallo le hizo el reproche a Fabra delante de 1.600 cargos.
Català, según su entorno, no pertenece a la familia cristiana del PP aunque sí está en la órbita. La consellera, a quien algunos en el PP ven como una futurible candidata a la presidencia de la Generalitat, mantiene una excelente relación con Cotino, el único peso pesado en el PP que la apoyó en 2007 cuando encabezó la lista del PP al Ayuntamiento de Torrent. Su inesperada victoria en una de las joyas de la Corona del PSPV la colocó en el disparadero. Cuentan en la calle Quart que la noche electoral pocos sabían poner cara a la joven que había logrado poner una pica en Flandes en el cinturón rojo

El triunfo de Català en Torrent fue el principio de una meteórica carrera que, de momento, la ha llevado a hacerse cargo de la cartera de Educación. Camps la promocionó en el partido dándole un cargo de coordinadora y un año después colocándola en la lista por Valencia al Congreso de los Diputados. En el partido coincidió con el entonces alcalde de Castelló, quien, una vez en el Palau, acudió a ella cuando abrió su primera crisis de Gobierno. Català es de las conselleras más activas y, según afirman, se desenvuelve con soltura en Madrid. En los últimos tiempos, ha marcado una posición propia en el conflicto de la lengua y la polémica de los sobresueldos. Sus movimientos son vistos con recelos en algunos sectores del PP.

La consellera mantiene buena relación con el secretario general del PP, Serafín Castellano. Su relación con Rus es más distante, pero ambos se respetan.

La pieza en la ejecutiva y las bajas en el segundo escalón

El sector cristiano también ha logrado conservar un puesto importante en la ejecutiva regional, la del vicesecretario regional, el alcalde de Calp, Cesar Sánchez, vinculado al sector cristiano, y mano derecha en Alicante del vicepresidente, José Císcar. El vicepresidente, que en los últimos tiempos ha perdido influencia con Fabra, logró colocar a Sánchez para que fuera sus ojos y sus oídos en el partido. Principalmente, aseguran en el PP para tener vigilado a Castellano. El alcalde de Calp, en su momento muy cercano a Camps, es visto con buenos ojos en Presidencia, pero no ha logrado estar en la pomada de las decisiones de la calle Quart. Su papel se ha centrado en Alicante, donde Císcar pelea por afianzar su liderazgo. Por el camino, los cristianos han perdido a algunos de sus referentes en el segundo escalón. Mariano Vivancos que ocupó diferentes puestos de responsabilidad con Camps en la Generalitat fue uno de las destituciones más sonadas. Afín a Cotino, Vivancos fue apartado por criticar a los profesores en una acto de partido. La caída de Vivancos no pasó desapercibida en el PPCV. Era la certificación de la pérdida de influencia de Cotino, quien sólo ha podido salvar a los que forman parte de su equipo en las Corts. Otro destacado cristiano dijo hace poco adiós a la política. José Marí, que ejerció como Abogado de la Generalitat con Camps, dejó el escaño para dedicarse de lleno a su trabajo como abogado y tras desencantarse de la nueva etapa.

dirigentes PP Valencia

Cotino, Barberá, Fabra y Margallo en primera fila. Detrás, Català, entre otros cargos

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