Los cristianos de Nigeria temen que la ola de ataques derive en guerra civil

Los responsables cristianos de Nigeria temen que el auge de ataques islamistas contra iglesias y fieles, considerados como una «limpieza religiosa» que ha dejado decenas de muertos en las últimas semanas, desencadene una guerra civil como la de l

Desde Navidad, seis ataques contra cristianos provocaron la muerte de más de 80 personas, la mayoría reivindicados por la secta islamista Boko Haram, que quiere imponer la «sharia» (ley islámica) en el país, el más poblado de Africa con cerca de 160 millones de habitantes.

«Este tipo de actos nos recuerda al inicio de la guerra civil que tuvo lugar en Nigeria», dijo el sábado Ayo Oritsejafor, jefe de la Asociación Cristiana de Nigeria (CAN), que agrupa a católicos y protestantes, haciendo alusión a la guerra de cesesión de Biafra que dejó un millón de muertos entre 1967 y 1970.

El presidente Goodluck Jonathan aseguró ayer que la secta Boko Haram se halla infiltrada en los aparatos del Estado, incluso «en el Parlamento, en las Fuerzas Armadas, la Policía y los servicios de seguridad».

No es la primera vez que lo dice, pero en esta ocasión el contexto resulta explosivo. El presidente se comprometió ayer a combatir la corrupción y reducir los altos costos del Gobierno, en un esfuerzo por evitar una huelga general para hoy por el alza del precio del combustible.

Los sindicatos anunciaron que iniciarán hoy mismo una protesta indefinida por la desregulación del petróleo. «Naciones Unidas y EEUU están apoyando a Nigeria en un proceso de privatización sin precedentes en el país -explica la página web Guinguinbali-. Se prevé desregular el sector del petróleo, pilar de la economía nigeriana, y esto ha conllevado la subida del precio de todos los productos básicos. Los desplazamientos en transporte se han multiplicado por tres y el agua ha doblado su coste. El presidente se dirigió a los nigerianos para decirles: `el dolor de hoy es el beneficio de mañana', `si yo fuera uno de ustedes, estaría protestando contra mi' o `perdón por el dolor que les estoy inflingiendo, no lo merecen'».

Detector de metales

Siguiendo las medidas de seguridad adoptadas por las autoridades hace unas semanas, los fieles cristianos eran registrados y debían pasar por un detector de metales antes de entrar en iglesias el domingo en la capital federal, Abuja.

En Lagos, la capital económica del país, que de momento no ha sufrido ningún ataque contra cristianos, las autoridades daban consejos a los fieles para mantener la prudencia.

En una reunión de urgencia convocada el sábado, los responsables cristianos llegaron a la conclusión de que «el esquema de estas matanzas nos hace pensar en una limpieza étnica y religiosa», añadió Oritsejafor. «Tenemos el derecho legítimo de defendernos (…) cueste lo que cueste», advirtió.

Desde el pasado miércoles, los enfrentamientos se multiplicaron en varios Estados del noreste del país dejando una treintena de muertos, después de que expirara un ultimátum de los islamistas que exigía la salida de los cristianos del norte de Nigeria, de mayoría musulmana. Esta escalada mortífera hace temer una guerra de religiones en un país cuya población es musulmana y cristiana a partes iguales.

En plena misa

En el Estado de Adamawa (noreste), las autoridades impusieron el sábado un toque de queda de 24 horas para hacer frente a la violencia. En este Estado tuvo lugar el ataque más sangriento de los últimos días, que dejó 17 muertos -según manifestaron varios testigos- en Mubi durante una reunión de cristianos que estaban en duelo.

Otro ataque llevado a cabo el viernes por la noche por hombres armados en una iglesia de Yola, capital de Adamawa, provocó la muerte de 10 fieles. En una iglesia de la ciudad de Gomba, en el Estado con el mismo nombre, un ataque dejó seis muertos durante una misa.

El sábado por la noche, tres fieles murieron cuando dos hombres motorizados dispararon contra cristianos que jugaban al póquer en un hotel cerca de una iglesia en Biu, en el Estado de Borno (noreste), donde se activó el estado de emergencia el 31 de diciembre.

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