Los coptos, el 8% de los egipcios, dicen ser descendientes de los faraones

En Minya las relaciones con los musulmanes son tensas y los visitantes extranjeros llevan escolta

Los cristianos egipcios dicen con orgullo que son los descendientes directos de los faraones y que, además, fueron de los primeros seguidores de la Biblia. Recuerdan que fue en Egipto donde la Sagrada Familia buscó refugio en su huida del infanticida rey Herodes, y que los invasores árabes, y con ellos el islam, no se apoderaron del país del Nilo hasta bien entrado el siglo VII. Hoy, los coptos –así se conoce aquí a los cristianos egipcios, la mayoría ortodoxos– son solo el 8% de los 80 millones de egipcios.
Muchos cristianos viven en el sur del país, en lugares que fueron también centros de poder durante el imperio faraónico. Es el caso de la provincia de Minya –cuya capital lleva el mismo nombre–, a 250 kilómetros de El Cairo. Allí se encuentran las ruinas de Tell el-Amarna, la capital que fundó el faraón hereje Akenatón en el 1360 antes de Cristo junto a la bella Nefertiti. El rostro de la reina se ha convertido en el símbolo de la ciudad. Figura en un monumento a orillas del Nilo y en las banderas que ondean en los edificio públicos.

Cruces grabadas
La fuerte presencia cristiana en Minya, de unos 250.000 habitantes, se hace patente en los muros y puertas de muchas casas, grabadas con una cruz. A pesar de que musulmanes y cristianos conviven desde hace más de 13 siglos en Egipto, sus relaciones son tensas. En las últimas semanas, dos coptos han muerto en Minya a manos de musulmanes, que hirieron a otros siete, cinco de ellos monjes. El Gobierno sostiene que son solo actos criminales. Pero desde hace años, y por seguridad, ningún extranjero puede visitar la zona sin escolta. El visitante es registrado en el control de entrada y le adjudican un vehículo con varios agentes uniformados.
Esta tarde, el destino de los forasteros, es el pueblecito de Gebel el- Teir, uno de los lugares donde se cree que pasó unos días la Sagrada Familia. La cueva donde descansaron Jesús, José y María es hoy una pequeña iglesia de nave cuadrada con varias columnas. No hay ni bancos ni reclinatorios, pero las paredes están llenas de cuadros religiosos. En el interior del templo está el joven Saufilus, un sacerdote copto que no duda en hacer de guía improvisado a los recién llegados. "Esta iglesia se construyó en el siglo III por orden de santa Elena, la que fuera madre del emperador romano Constantino el Grande", dice el religioso, mientras acaricia su densa barba negra. Después, señala un agujero que hay en el centro de la nave y apunta: "Este es el pozo donde María lavaba al Mesías". Más lejos, un grupo de fieles enciende velas a la Virgen.
En el interior de la ermita hay una temperatura excelente, pero en el exterior hace una calor insoportable. Además, las calles del pueblo está infestadas de papeles, plásticos y otros desperdicios. Huellas de los miles de cristianos que asistieron a la última romería. La porquería llega incluso hasta la casa de Saufilus. En la puerta espera su padre, Mateo, también sacerdote y párroco de Gebel el-Teir. Su barba blanca contrasta con la sotana negra que le llega hasta los tobillos. "Aquí no hay problemas entre musulmanes y cristianos", afirma el párroco. A la charla se han sumado dos individuos de paisano que se presentan a Mateo como policías. "En las peregrinaciones cristianas participan musulmanes, porque también aman a la Virgen María".

El Nilo discurre sereno
Desde Gebel el-Teir, anclado en una montaña junto a un barranco, se divisa el valle de Minya. Una llanura verde con campos y palmerales. Al fondo, el Nilo discurre sereno. Se distinguen un par de falucas –barcas tradicionales de vela– que avanzan lentamente. Unos kilómetros más al sur se extiende el impresionante cementerio musulmán, conocido como Zawyet el-Mayitin (esquina de la muerte), uno de los más grandes de Egipto. Está formado por miles de pequeños mausoleos con cúpulas de adobe. Ocupan un terreno desértico al pie de una montaña rocosa. Ahí está enterrada Hoda Shaaraui, hija de Minya, precursora del feminismo en el país del Nilo. Fue la primera mujer que, en el siglo pasado, osó quitarse el velo.
Probablemente Shaaraui y Nefertiti hubieran hecho buenas migas. Porque la reina del antiguo Egipto fue también una revolucionaria de su tiempo. Junto a su marido, Akenatón, fue la precursora del monoteísmo, incluso antes que Moisés, profeta de cristianos, musulmanes y judíos. En Minya se venera a Alá y a Jesucristo, pero también se recuerda con devoción a la pareja que acabó con el politeísmo de los faraones, aunque fuera por poco tiempo. A Akenatón le están construyendo un museo de estructura piramidal, pero la bandera de la ciudad pertenece a Nefertiti. Porque para los coptos, es parte de sus ancestros.

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