Los chicos con las chicas

Wert pretende mantener con dinero público la educación de los futuros cuadros de mando

Un Tribunal Supremo caduca en pocos segundos si un ministro de Educación lo decide (de ahí lo de “¡Viva Supremo! Es el danone de la casita…”). El TS dictamina y obliga a retirar las subvenciones a colegios concertados que separan por sexos, pero el ministro Wert salta como gato panza arriba y apela a la Convención de la Unesco, que España firmó en su día para garantizar la igualdad de oportunidades, para seguir soltando guita a los colegios solo de chicas y/o solo de chicos. Es difícil encontrar un colegio laico que no sea mixto, ergo esto es un mensaje para que los colegios religiosos (mayoritariamente vinculados al Opus Dei) duerman tranquilos. Traduciendo al cristiano las palabras de Wert dirían algo así como: “A este Tribunal Supremo lo caduco yo de un papirotazo, que para eso soy ministro y tengo razón porque una mayoría absoluta en el Congreso guarda mis espaldas”.

José Bergamín, citado por Jean Claude Carrière en Radio 3, decía que lo contrario de la verdad no es la mentira ni tampoco el error: es la razón. Discusiones filosóficas aparte, el ministro Wert defiende su razón porque detrás tiene, aparte de un Parlamento, un entramado económico y político de altos vuelos. Y detrás también está el único Estado europeo teocrático que discrimina por sexos: el Vaticano. Y sus sombras alargadas.

Que los chicos y las chicas somos distintos es un hecho; que haya razones para no educarnos juntos es más que dudoso. Según ese planteamiento, los matrimonios dispuestos a acatar la voluntad divina aceptando todos y cada uno de los hijos que les caigan del cielo, tendrán que recurrir a la elección de embriones para no mezclar niños y niñas a la hora de la merienda. Porque, ¿qué sentido tendría mandar a Mari Pili a un colegio femenino y a Luis Ignacio a otro masculino si luego en casa tienen que crecer y educarse juntos? La eliminación de embriones no deseados es uno de los caballos de batalla del integrismo católico: proceder a ello es un crimen contra los designios del Señor. Esta contradicción no parece importarle al ministro Wert a la hora de aflojar la mosca para los colegios privados que discriminan por sexos y, entre otras cosas, se pasan por el forro una Constitución que prohíbe tal cosa.

Hay una cuestión más: ¿necesita dinero público una organización tan poderosa como el Opus Dei? Hombre, a nadie le amarga un dulce y bienvenido sea el maná, pero la libertad de poner colegios con unas directrices determinadas debería conllevar el gasto que eso supone si no cumple con las resoluciones del Tribunal Supremo, que lo único que dice es que no se les subvencione. ¿Por qué no se subvenciona un sex-shop, por ejemplo? Al fin y al cabo sería una forma de educación…

Todo esto en Galicia carece de importancia porque el TSXG, el Supremo de aquí, ya le dijo a Feijóo que podía tirar por la calle del medio y seguir soltando cuartos a los colegios segregados por sexos. O sea que hay Supremos para todos los gustos (“…es el danone de la casita: de chocolate, de caramelo, nos alimenta y está muy bueno…”) y nosotros sin saberlo. En Madrid que hagan lo que quieran: nosotros a lo nuestro.

¿Y qué vamos a hacer con los consejos de ministros? ¿Los segregamos por sexos? La comparecencia al alimón de Soraya Sáenz de Santamaría (viene al pelo el apellido), Fátima Báñez (viene al pelo el nombre) y Ana Pastor (pues eso) a lo mejor tiene que ver con las razones del ministro Wert. O con el famoso argumento de Ana Botella contra el matrimonio homosexual: no se pueden mezclar peras con manzanas. El razonamiento era desastroso para aquellas intenciones pero perfecto para las del ministro Wert. Alguien confundió las instrucciones…

Los Bravos cantaban en 1967: “Los chicos con las chicas juntos deben vivir”. ¿Homófobos Los Bravos? ¿Homófila Ana Botella? El problema de Wert es mantener a toda costa la educación de los futuros cuadros de mando con dinero público. Tienen dinero de sobra para hacerlo (y una legislación que se lo permite, ¡vive Dios!) pero ¡para qué pagar el IBI y renunciar a subvenciones o la especulación con bienes inmuebles! ¿Inmuebles? Pues eso: que esto no hay quien lo mueva.

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