Los católicos aperturistas y los integristas de la Iglesia

Nunca el silencio de un Papa fue interpretado con tanto optimismo por los católicos progresistas o hasta centristas. El mutismo de Benedicto XVI –quien no cargó en Valencia contra el Gobierno, como ansiaba la carcunda– ha entreabierto la ventana a la esperanza.

Opción reforzada estos días por las sonoras declaraciones del abad de Montserrat, Josep María Soler. Respiran, suben, los críticos –la gente del centro-izquierda católico–, que es una tropa muy castigada desde la desaparición del cardenal Tarancón ("¡Tarancón, al paredón!", gritaba el facherío).
Montserrat tiene experiencia en estos menesteres. El 14 de noviembre de 1963, Aureli M. Escarré, abad de Montserrat, exasperó al dictador a través de una entrevista en Le Monde: "El régimen español se llama cristiano pero no obedece a los principios de base del cristianismo". Tremendo aldabonazo. Escarré, al exilio. Soler ahora ha irritado a la jerarquía conservadora –los Rouco, Cañizares, Gil Hellín, Munilla y el tutti quanti–, tan cerca del PP, tan lejos del Evangelio.
"¡Sin duda, la actitud conciliadora y dialogante del Papa decepcionó al sector más intransigente!", clama el abad.
Pero la prueba del nueve sobre si los ultramontanos bajan y los renovadores suben pasa por la COPE. Soler no ha podido ser más claro: "Es lamentable que los obispos no tengan el coraje de poner freno a la estrategia de envenenamiento de la sociedad que llevan a cabo los más destacados colaboradores de la emisora". Falta, en efecto, coraje. Paradójicamente, con un presidente de la Conferencia Episcopal como Ricardo Blázquez –despreciado por los reaccionarios–, el poder real parece seguir en las mismas manos.
¿Bajan los integristas? Sí, aunque se resistan, claro. El 26 de junio, Blázquez creyó quebrar la pretensión de Cañizares y de Rouco de elevar la unidad de España a la categoría de bien moral. Sacó pecho: "Esa cuestión no nos importa a nosotros". Semanas después, el cardenal patriota insistía. La autodeterminación –puntualizó– "daña la identidad cristiana".
Estos monseñores son más papistas que el Papa.

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