Los ateos reivindican al estilo mormón -de puerta en puerta- su derecho a no creer

«No me importa si te crees el Mesías. ¡No toques a mi puerta el sábado antes de mediodía!»

Un ateo confeso pretende hacer llegar este mensaje a los divulgadores de la fe puerta-a-puerta, aunque para ello tenga que enfundarse él mismo en un traje y dirigirse a Salt Lake City (UTA), la capital mundial del mormonismo. Con “El origen de las especies” -la obra célebre de Darwin y del evolucionismo- a modo de libro sagrado, armado con credencial de ateo y acompañado de otro no creyente, John Safran se enfrenta al reto de hacer sentir a los religiosos sus métodos en sus propias carnes. Y de paso, pone en tela de juicio la tolerancia a la que estos grupos apelan.
“Soy tolerante, soy el Gandhi de la tolerancia”, indica a modo introductorio quien después se identifica como John Safran. Desde un salón cuidadosamente ambientado para recrear un hogar acogedor y ataviado muy formalmente, el ateo reivindica su postura ante la religión y exige que sea respetada. Porque, según opina, “los mormones están muy a favor de forzar las creencias de puerta en puerta”, algo que el protagonista del vídeo ha sufrido en sus carnes muchos sábados por la mañana.  Un hecho, por demás, extrapolable a los Testigos de Jehová y demás divulgadores de la fé puerta-a-puerta.

“¡No toques a mi puerta antes del mediodía!”
Safran, sin embargo, se centra en los mormones, y tras hacerles una advertencia -“No me importa si te crees el Mesías. ¡No toques a mi puerta el sábado antes de mediodía!”-, este sufridor no creyente se da a la acción. Para ello, seguramente a su pesar e inconcientemente, obra desde una máxima bíblica. La de tratar al prójimo como te gusta que te traten.

La Biblia darvinista
Con traje, credencial de ateo e improvisada Biblia -el texto sagrado darvinista, “El Origen de las especies”-, Safran va de casa en casa prodigando su no-creencia e intentado captar adeptos. O por lo menos, esforzándose por recrear su sensación cuando son ellos los que interrumpen sus mañanas. A los hechos nos remitimos. La tolerancia de los creyentes se desdibuja en las distancias cortas.

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