«Los alcaldes tienen más miedo a abandonar las procesiones que la propia ciudadanía»

Entrevista a José Luis Iglesias, presidente de Asturias Laica «Es una contradicción aprobar la ley del aborto y a la vez pagar a docentes nombrados por los obispos que difunden que eso es asesinato»

29 de marzo de 2010

José Luis Iglesias es presidente de la asociación Asturias Laica, una entidad que apenas hace unos días se presentaba oficialmente en Gijón con el objetivo de proclamar la libertad de conciencia y la necesidad de lograr una separación efectiva entre Iglesia y Estado. Con más de treinta años de experiencia como docente, Iglesias aborda en esta entrevista los retos más inmediatos del laicismo. «No somos anticlericales, que nadie se llame a engaño», advierte. A su juicio, la única manera de lograr el equilibrio en sociedades multiculturales es a través de estados laicos, donde cada uno tenga sus creencias, «pero sin necesidad de que éstas sean sufragadas con el erario público», subraya.

-¿Cómo surge el colectivo Asturias Laica?

-El trabajo lo inició la plataforma laica. Después de la transición es un movimiento inexistente. Yo sitúo la fecha de origen del laicismo contemporáneo con la visita de Gonzalo Puente Ojea para presentar un libro sobre su paso por la Embajada del Vaticano. Asistí a esa conferencia, me interesé por el tema que exponía sobre el laicismo y encontré una luz. Después empecé a moverme y a tomar contacto con Europa Laica, desde allí recibo unas orientaciones y me hago socio, y a partir de ahí se montó la plataforma laica de Asturias, una coordinadora de organizaciones más o menos entregadas.

-Y respaldados por los grupos de izquierda…

-Desde la izquierda no hay discrepancias ideológicas. Todos defienden el laicismo. Las diferencias son tácticas, a la hora de llevarlo a la práctica. Los más asiduos y defensores fueron los partidos y asociaciones republicanas, minoría en la ciudad de Gijón, pero muy consecuentes.

-¿Cuáles son ahora sus objetivos más inmediatos?

-Realizar una campaña de lanzamiento y agrupar a los socios. Antes de final de año se celebrará la asamblea constituyente, para elegir una junta directiva con carácter regular. En este momento la prioridad es crecer. Oficialmente no estamos vinculados a Europa Laica, pero queremos ser una sección de ellos en Asturias, colaborando en sus campañas.

-En la presentación pública de la asociación insistió en la necesidad de lograr una separación efectiva entre Iglesia y Estado. ¿Es posible?

-La Iglesia cuando se une a la política se desnaturaliza. Para que el cristianismo sea auténtico debe separarse de la política. Hay ejemplos claros en la vida de Jesús en los que se muestra partidario precisamente de esto mismo, y creemos que ahora es posible lograrlo. En la España de Franco resultaba impensable, y en la de la transición era difícil. Hay muchos cristianos de base que también lo creen posible. Ese cambio pasa por desterrar la presencia de autoridades públicas de los actos religiosos. Con su participación demuestran que siguen anclados en el pasado. No captan la realidad de la sociedad española.

-¿Cuál es esa realidad?

-La evolución de las cifras de financiación a la Iglesia católica, las ceremonias matrimoniales y las matriculaciones en la asignatura de Religión en los centros educativos demuestran que la sociedad se seculariza. No es que las personas dejen de tener creencias, sino que las llevan al ámbito de lo privado. La sociedad en general tiene más talante y los políticos siguen anclados en las procesiones y las bendiciones de aguas. Yo lo veo como algo anticuado, y no se corresponde con la realidad constitucional.

-¿Van a pedir a los políticos del municipio que dejen de acudir a esos actos?

-Lo vamos a pedir, pero hay muchas formas de hacerlo. Razonar, argumentar, dialogar y convencer, ésa es nuestra forma de actuar. Sean del signo que sean, los poderes públicos no deben hacer eso, pero de la misma forma también criticaríamos a un político que prohíba una manifestación religiosa. Simplemente digo que se limiten a hacer lo que tienen que hacer.

-Las celebraciones de la Semana Santa ya han comenzado, ¿alguna propuesta concreta?

-Los más implicados siguen siendo los alcaldes, el poder judicial guarda mejor las formas, pero en los ayuntamientos parece que tienen más miedo a abandonar las procesiones que la propia ciudadanía, que estoy seguro que lo comprendería. Hay un sector que trata de seguir vinculando poder político e Iglesia, pero la juventud ya no cree en ello.

-También promueven una escuela laica, que el Estado no financie una enseñanza confesional y que la Religión salga de los centros escolares.

-Ahí resulta más complicado de conseguir, porque se mezclan aspectos de índole no estrictamente religiosa. Tenemos el caso de la concertada, que muchas familias eligen no por su deseo de que los hijos reciban una educación de orientación religiosa, sino porque en la pública no encuentran satisfechos sus objetivos. No van buscando una educación religiosa, por eso pongo en duda que tengan derecho a que se financien con fondos públicos los 15.000 docentes que hay en la concertada.

-¿Debe apartarse la asignatura de Religión de los planes educativos?

-Choca frontalmente con la concepción de un Estado laico que exige la separación de Iglesia y Estado. Un Estado no puede financiar la educación en unas determinadas creencias, ni políticas ni religiosas. La educación debe ser para todos, plural, tolerante y científica, y no cabe otra cosa, si no, entras en contradicciones gravísimas.

-¿Por ejemplo?

-Un Estado como España con un Parlamento donde se aprueba la llamada ley del aborto, y que por la puerta de atrás se esté pagando a 15.000 profesores nombrados por los obispos que les exigen que difundan en las aulas que ese Parlamento aprueba leyes que promueven el asesinato genera una contradicción gravísima.

-¿Cómo se puede regular entonces la situación de esos 15.000 docentes de Religión?

-No pido que los echen a la calle. Esa situación debe resolverse según la legislación laboral. La sociedad española fue tolerante y comprensiva en otros momentos, habrá que negociarlo. Lo que propongo es que se suprima.

-Los defensores de la asignatura sostienen que la enseñanza de la cultura religiosa en la escuela no es una cuestión ideológica, sino que es un derecho fundamental de la persona.

-La enseñanza de Religión en la escuela no es tal: los chavales no conocen ni historia de la Iglesia ni historia sagrada. En el mejor de los casos, cuando el enseñante tiene una cierta sensibilidad, el alumnado recibe unas enseñanzas de solidaridad social, pero cada vez menos. Muchas veces a la hora de explicar Arte o Historia he tenido que explicar más religión que cualquier profesor de Religión porque los alumnos nos saben quién es Lutero.

-Educación para la Ciudadanía: ¿objeción de conciencia?

-Al rebelde, aplíquese la ley. Cuando vienen los padres diciendo que se consideran con derecho a la objeción siempre les recuerdo que la Constitución únicamente recoge ese derecho ante la prestación del servicio militar con armas. Desde la Iglesia se ha transmitido a los padres que tienen el derecho absoluto sobre la educación de sus hijos, pero una persona que viene a este mundo está protegida por sus padres, pero también por la sociedad, y una parte de la educación corresponde a la sociedad.

-¿Cómo se puede regular entonces la situación de esos 15.000 docentes de religión?

-No pido que los echen a la calle. Esa situación debe resolverse según la legislación laboral. La sociedad española fue tolerante y comprensiva en otros momentos, habrá que negociarlo. Lo que propongo es que se suprima esa asignatura.

-De su experiencia como docente durante más de 30 años en colegios e institutos de la región, ¿qué sensibilidad ha encontrado en el alumnado hacia estas cuestiones?

-Hoy tenemos miles de alumnos que no eligen la asignatura de religión y eso supone que en un país señalado por sus altas tasas de fracaso escolar se pierden una o dos horas a la semana en la asignatura de la nada, que es la alternativa. Están castigados en el aula sin hacer nada para que los demás vayan a clase de religión.

-Los defensores de la asignatura sostienen que la enseñanza de la cultura religiosa en la escuela no es una cuestión ideológica, sino que es un derecho fundamental de la persona.

-La asignatura de religión en muchos centros se ha convertido en agencia de turismo: ven película tras película, hacen excursiones, convivencias de jolgorio… Muchos alumnos dicen que la escogen porque les llevan de viaje. La enseñanza de religión en la escuela no es tal: los chavales no conocen ni historia de la iglesia ni historia sagrada. En el mejor de los casos, cuando el enseñante tiene una cierta sensibilidad, el alumnado recibe unas enseñanzas de solidaridad social, pero cada vez menos. Muchas veces a la hora de explicar Arte o Historia he tenido que explicar más religión que cualquier profesor de religión porque los alumnos nos saben quien es Lutero, no saben nada de la Reforma.

-Más conflictos en la escuela. Educación para la Ciudadanía: ¿objeción de conciencia, sí o no?

-Ante esta situación sólo digo: al rebelde, aplíquese la ley. Cuando vienen los padres diciendo que se consideran con derecho a la objeción siempre les recuerdo que la Constitución Española únicamente recoge ese derecho ante la prestación del servicio militar con armas. Lo demás, para mí, no son más que rebeldías a la ley por mucho que quieran disfrazarlo de otra cosa. Desde la Iglesia se ha transmitido a los padres que tienen el derecho absoluto sobre la educación de sus hijos pero una persona que viene a este mundo está protegida por sus padres, pero también por la sociedad, y una parte de la educación corresponde a la sociedad, que la ejerce el Estado. Familias y Estado deben compaginarse en esa tarea pero la programación educativa corresponde al Estado.

-¿El laicismo ha obtenido más logros con gobiernos de izquierda o de derecha?

-Paradójicamente se avanzó más con gobiernos de derecha por el efecto acción y reacción. Incluso en algún momento he llegado a pensar que uno de los mejores aliados del laicismo es la jerarquía eclesiástica. Cada vez que habla Rouco tenemos a un montón de gente de nuestro lado.

-¿Cómo han sido las relaciones con la curia asturiana?

-Con Gabino (Díaz Merchán) el laicismo no existía pero en muchos temas de sensibilidad social estábamos al mismo lado de la trinchera. Con (Carlos) Osoro no existía ninguna relación. Sus manifestaciones correspondían a un miembro de la Conferencia Episcopal en un intento de volver al neocatolicismo y por las declaraciones del actual arzobispo (Jesús Sanz Montes) veo que seguimos en el mismo camino. En esas circunstancias lo único que pido es respeto mutuo.

-¿No temen que se les tache de anticlericales?

-No estamos dispuestos a proporcionar más víctimas a la Iglesia, que normalmente suele presentarse como víctima. Nosotros tenemos unas posiciones, pero a quien exigimos que dé el cambio es al Estado.

-En las últimas fechas se ha acusado al Vaticano de pasividad ante los curas pederastas. ¿Respalda esas críticas?

-La iglesia católica es una organización grande, tiene aspectos positivos y negativos, pero no se puede juzgar a una organización por lo que han hecho unos individuos. Otra cosa es si tienen estructuras o elementos que propician la comisión de esos delitos. Pero no se puede juzgar a la parte por el todo. A la iglesia católica también pertenece Ernesto Cardenal. Hay que poner a cada uno en el lugar que le corresponde.

-¿Qué opina sobre la presencia de simbología religiosa en espacios públicos?

-El Tribunal de Estrasburgo fue muy claro con el tema del crucifijo en la escuela: dice que no tiene por qué haber ese tipo de símbolos en espacios públicos y es lo que nosotros defendemos, pero tampoco simbología política, que debe ser igualmente desterrada de esos lugares. Todas las asociaciones tienen sus símbolos y no veo por qué deben prevalecer unos sobre otros.

-¿Es Gijón una ciudad laica?

-El laicismo es entendido y aceptado en esta ciudad. En una sociedad que cada día tiene más inmigrantes si no hay un estado laico que garantice unas mismas condiciones jurídicas para todos resultaría difícil la convivencia porque todas las religiones tienen practicantes fanáticos. La única manera de buscar el equilibrio es un estado laico y tolerante, donde cada uno tenga sus creencias, pero sin necesidad de que éstas sean sufragadas con el erario público. Eso en Gijón se entiende bien.

«La asignatura de Religión en muchos centros se ha convertido en agencias de turismo: ver películas y hacer excursiones»

«Cada vez que Rouco habla tenemos un montón de gente de nuestro lado»

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